Next, de Michael Crichton

By on septiembre 15, 2017

Libros

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Next, de Michael Crichton

Michael Crichton falleció hace nueve años, en 2008, víctima de cáncer. Tenía 66 años y para esa edad ya nos había regalado historias que resultan entrañables para muchos de nosotros, comenzando con La Amenaza de Andrómeda – una historia de ciencia ficción llevada magistralmente a la pantalla cinematográfica en 1971 –, Oestelandia – otra gran película con una impresionante e implacable actuación del gran Yul Brynner, historia que actualmente está viviendo nuevos aires gracias a HBO en una teleserie – y la más famosa de sus obras: Parque Jurásico. También a su imaginación debemos las historias, que luego también se volvieron películas, de Congo, Esfera, Sol Naciente, El 13er guerrero, Acoso, Rescate en el Tiempo, Presa, y otras más en las que fungió como director o como guionista.

Crichton se graduó como Doctor y poseía una especialidad en antropología biológica, pero desde los 14 años ya había decidido que haría carrera como escritor.

Con semejante palmarés, y después de haber leído varios de sus libros, gocé anticipadamente cuando adquirí un ejemplar de la que fue su antepenúltima novela. Publicada en 2006, Next sigue la línea de muchas de las obras de Crichton: la ciencia desbocada, manipulada por humanos, y las consecuencias de ellos. Si en Parque Jurásico vimos que la experimentación genética, y la soberbia de pensar que se pueden controlar animales que desconocemos, con resultados desastrosos, en Next nos platica de los avances en la manipulación genética en animales y humanos.

A pesar de la inmensa actividad documental del autor, que se encuentra como bibliografía sugerida al final del tomo, en Next no se alcanza a observar una historia como tal, sino una serie de viñetas con un tema común: animales cuyos genes han sido alterados y que desarrollan habilidades desconocidas en su especie. Por ejemplo, una cacatúa llamada Gerard no solo imita sonidos y es capaz de sostener conversaciones en varios idiomas, sino también es capaz de hacer operaciones matemáticas; o un orangután que es capaz de soltar palabrotas aprendidas de humanos; o un chimpancé cuyo ADN ha sido modificado para convertirlo prácticamente en un niño.

A esta serie de historias se agregan otros  relatos que relatan lo que se estaría haciendo en estos días con fin de apropiarse de tejidos humanos: tomar huesos y material celular de cadáveres para ser vendidos a universidades y laboratorios; pagar a un “sujeto de prueba” por sus células y reclamar la propiedad en su descendencia puesto que tienen de “sus “ células”; muestras de genes alterados que son suministrados sin su conocimiento a otros seres humanos, sin haber pasado por las pruebas que permitirían su uso, etc.

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Pareciera que Crichton hubiera querido llamar la atención sobre varios elementos que él estaba observando se conjuntaban en esos momentos, pintando un panorama caótico para la raza humana. De hecho, al finalizar el libro se encarga de exponer los motivos por los cuales las leyes norteamericanas deberían controlar la experimentación genética, e incluso llevó sus ideas al Congreso estadounidense.

Como seguidor de Crichton que he sido, le agradezco que dirigiera mi atención hacia este tema que es obvio le resultaba inquietante; sin duda me abrió los ojos a las posibilidades de la experimentación genética y me ofreció argumentos a favor y en contra. Sin embargo, también me resultó poco ameno, sobre todo al compararlo contra sus libros anteriores, en los cuales la vertiginosidad de la trama se unía con la ciencia, otorgándonos historias que siempre nos dejaban asombrados de su talento y que devorábamos con los ojos. Da la impresión de que lo escribió con mucha más prisa de la acostumbrada, sin pensar tanto en el desarrollo de la historia, sino tan solo en el mensaje que quería darnos a través de sus letras.

Al preparar esta nota, me enteré de que hay al menos tres libros más de Crichton, uno de ellos finalizado por uno de los grandes escritores de novelas de acción de la era moderna – siendo el agente Pendergast un moderno Sherlock Holmes, héroe de sus libros –, me refiero a Richard Preston que, con Lincoln Child, indudablemente tiene méritos para haberlo hecho.

Sé que me faltan tres libros para cerrar el capítulo Crichton, y la verdad es que hubiera sido interesante leer una novela suya que desarrollara temas sobre la robótica, algo que sin embargo Daniel H. Wilson está haciendo muy bien.

Mientras tanto, celebremos a Michael Crichton en sus películas, en sus libros, y en sus ideas. Se ha ido físicamente, pero su influencia aún permanece.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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