Mundo convulso: Demonios sueltos

By on febrero 21, 2019

Editorial

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Aún sin querer magnificar sucesos y situaciones, debemos reconocer que nuestro mundo se encuentra ante situaciones inéditas que necesariamente desembocan en crisis, políticas unas, morales las otras.

Y si a las situaciones políticas agregamos los impactos económicos que conllevan, podemos concluir que, a quererlo o no, se están dando hechos y sucesos preocupantes.

En nuestro continente, la ascensión de Mr. Trump a la presidencia de los Estados Unidos significó el comienzo de sobresaltos surgidos en su mayoría de su enorme ego, pero también de planes y decisiones que provocan confrontaciones abiertas en su país, como también justificadas preocupaciones en su ámbito de acción. Su comportamiento de niño malcriado afecta a los medios políticos norteamericanos, pero también la dimensión de su ego alcanza a otros países y continentes que de una forma u otra tienen y mantienen enlaces y convenios con USA. Llegar al extremo de paralizar su país porque el sector político no le permite manga ancha para sus visiones discriminatorias ya tiene efectos secundarios en los estados de emergencia que sus pataleos van creando, sin que se perciba cuándo este pugilato de voluntades tendría un correcto y adecuado final. Es lógico por tanto aceptar que en esta nación vecina, dividida, fragmentada, en crisis constantes, se vayan elevando los índices de peligro para la economía. Estas pugnas se reflejan en todos los países de América.

En otro continente, en Europa, son los delitos sexuales acumulados, cometidos por altos prelados del Vaticano, los que ahora sacuden las estructuras del cristianismo tradicional.

Silenciados por un tiempo, dominados por algunos períodos, en estos momentos en que se denuncian por todo el orbe cristiano las acciones de pederastia incurridas por religiosos, los cimientos de la religión católica tradicional se cimbran ante constantes denuncias de agresiones sexuales contra infantes y jóvenes, lo que ha originado censuras y decisiones terminantes del Papa en funciones, que ya no protege más a los delincuentes escudados en la doctrina cristiana y que estando en funciones religiosas actuaron indebidamente por largos períodos, encubiertos eventualmente hasta por organismos civiles y grandes capitales. Estos hechos son similares a lo ocurrido en México, donde por años tales acciones reprobables sucedieron, fueron denunciadas, pero recibieron tolerancia de ejecutivos y autoridades que se hicieron de la vista gorda.

Pugnas en África también preocupan y alteran a grandes grupos poblacionales.

En Haití existe una revuelta sangrienta.

En Venezuela se vive la presión política y el amago de los portaviones, armada y fuerza aérea estadunidenses que van en camino a entregar “despensas” a la población.

En México, muchos medios de comunicación ansían ser “maiceados”, como en el pasado, con dinero público, y al no recibir recursos oficiales encubiertos hallan como única salida crear situaciones extremas, engrandecer problemas mínimos, desvirtuar las noticias o criticar in extremis cuanto haga el actual Jefe de la Nación, que no era el personaje de sus simpatías económicas ni políticas.

Por esas y muchas otras razones que ocurren en el mundo y en nuestro país, se percibe en el ambiente el negro volar de los demonios sueltos: ajenos y también propios.

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