Muerte por Balas Gringas

By on julio 13, 2017

Editorial

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Muerte por Balas Gringas

Si los presidentes Kennedy, Clinton, Obama, son de grata memoria en su país y el mundo, las actuaciones toscas, groseras y pedantes del actual mandatario norteamericano pasarán a la historia como una referencia de lo que un presidente no debe de hacer. Debido a su pésimo desempeño, el mundo entero le señala que no está a la altura, ni representa la categoría de gran nación que crearon sus antepasados.

Con sus actitudes, el actual mandatario nos retrotrae a los tiempos del hombre de las cavernas, decenas de miles de años atrás, cuando el homo erectus aún no había acomodado en su sitio las células cerebrales del razonamiento, y solo utilizaba la fuerza de su brazo y de su mazo.

Los resultados de la gestión en curso están a la vista: divisiones profundas en la sociedad estadunidense, enfrentamientos entre potencias, declaraciones que fracturan relaciones internacionales de su país, acciones militares provocativas, actitud prepotente, y su ansia de empoderar aún más a poderosos millonarios, así sea a costa de daños a sectores importantes de su país. Su intento de demolición del sistema de seguridad social Medicare dañaría, y él lo sabe, a casi treinta millones de sus conciudadanos más urgidos de atenciones médicas, por enfermedades, situación económica y edad que requieren de esos beneficios en vigor.

Por otra parte, su ansia de hacer de los Estados Unidos de América el imperio más grande de la historia – que ya lo es – no pasa de ser un sueño de opio que ya amenaza su entrada individual al submundo mental del desequilibrio y la megalomanía.

Mucha de su tarea en curso va enfocada a impulsar la industria militar, que ya es la más poderosa entidad mundial y se halla en crecimiento constante desde hace varios años. El gasto militar es el mayor históricamente, y el negocio de los fabricantes de armas ha ido también in crescendo. Si ya los últimos años ha sido preocupante el comercio de armas, llevado hasta niveles extraordinarios, el destino final de estos bienes está orientado a la creación de conflictos armados por todas partes de los cinco continentes: bien por cuestiones limítrofes, religiosas o políticas, por movimientos de fuerzas internas en conflicto, para proveer guerrillas, o abastecer a grupos criminales.

El comercio de armas de los Estados Unidos, interno y externo, continúa siendo un muy buen negocio para los grandes empresarios, fabricantes y distribuidores. Es una producción en crecimiento.

En México sabemos eso.

Cientos de millones de dólares han cruzado la frontera durante muchos años, recibiendo facilidades de traslado del gobierno de los Estados Unidos hacia otros países. Solo así se explica que a través de la misma frontera inter países, como es el caso de México, no puedan entrar los trabajadores de industrias productivas, pero bien pueden salir toneladas de toda clase de armas y cartuchos para la delincuencia organizada, proveedora de drogas para el pueblo norteamericano.

Es con esa actitud de doble moral, como la perfidia del gobierno estadunidense, desde hace varios lustros, ha tolerado y/o permitido el ingreso de armas hacia México, así como suministros, a través de una frontera supuestamente “cerrada y sellada” por las autoridades norteamericanas.

Es con balas gringas que se continúa asesinando a mexicanos. Nuestras calles se bañan con sangre inocente. Nuestros hospitales y cementerios se saturan. Ya los muertos se contabilizan por largas decenas de millares.

En este intercambio a través de nuestra frontera común, el negocio y las utilidades son para ellos. Los muertos y el dolor para las familias mexicanas.

Todo sea para que las drogas puedan llegar a los millones de viciosos consumidores estadunidenses.

 

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