Destacada

Mínima historia de la ferocidad del Hombre

By on mayo 10, 2018

YumPol_1

XXIII

Los indios padeos residentes del Asia –reporta Herodoto– ejecutaban, por enfermos y por viejos, a los enfermos y a los viejos.

El abominable rey Astiages mandó degollar y desmembrar al hijo de Hárpago e hizo cocinar y servir algunos pedazos al incauto progenitor. Luego le preguntó a éste si le había gustado aquella carne. El hombre, ignorante de lo que había comido, le contestó al rey que aquella carne era en verdad exquisita. Entonces Astiages sonrió con infinita perversidad y ordenó descubrir la canasta donde se hallaba la cabeza, las manos y los pies del pequeño hijo de Hárpago.

Cuatro siglos antes de Jesucristo, un hombre docto, agobiado por la incomprensión de sus ciudadanos, se ve precisado a apurar una colmada copa de cicuta (nos cuenta Fedón).

El general Belisario conspiró contra Justiniano. En castigo, le fueron arrancados los ojos y tuvo que mendigar por las calles el resto de su vida, “un óbolo para el general Belisario”.

Los paradigmas de la ferocidad del Hombre sobre la Tierra son abrumadores: la insigne pasión de Jesucristo; Tebas: la cruel; el atroz toro de Sicilia: horno crematorio portátil inventado por Perilo; las 23 puñaladas infligidas a César por infames conjurados una antigua mañana de los idus de marzo; Auschwitz; la mera existencia de Tiberio, y de Calígula.

En América, en el siglo de las luces, el indio maya Canek es descuartizado en la Plaza Mayor de la ciudad de Mérida por haberse atrevido a aspirar a la libertad. Pedro de Alvarado consuma (en 1523) la piramidal carnicería del Patio Sagrado del templo Tóxcatl.

Contrastado con la Eternidad, el Hombre ciertamente ha consumado demasiadas atrocidades en el lacónico minuto de su vida, en ese instante de setenta años que postulan Aristóteles y las Escrituras.

Hacia el remoto año de 452,112 en una mañana colmada de sol, y en un confín de la vieja Tierra, acaso un solitario y verdadero acto de bondad borrará de un plumazo la inagotable muchedumbre de infamias perpetradas por el Hombre, el Hijo de Dios.

Roldán Peniche Barrera

FINALIZA.

Déjenos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.