México: Sistema Educativo en Crisis

By on mayo 17, 2018

Editorial

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José Martí, el prócer cubano creador de conciencias libres, de pueblos y países independientes, privilegió la formación infantil y dejó en sus textos de “La edad de oro”, los conceptos básicos de lo que debe ser una enseñanza adecuada para la formación de seres libres, conscientes, con sentido de solidaridad social, justicia y libertad.

Una juventud y una sociedad, por las que luchó con las armas en las manos, entregando su sangre por Cuba y sus ideas para las generaciones futuras, fueron parte del material formativo, y sustento social e histórico, contenidos en el libro de su autoría, trascendente, citado líneas arriba, donde consta su legado de libertades y pensamientos nobles con dedicatoria para los niños de América.

En este continente, donde la excepción mayor se encuentra en el país del norte, prepotente, impositivo, embaucador y apologista de lo que sus gobiernos califican como el exclusivista “american way of life”, el modo de vida americano, los países de América que hablan en español aún se encuentran en los tiempos de repúblicas independientes regidas por la democracia, una democracia concebida en términos de paz interior y deseos de convivencia pacífica.

A nuestro entender, el renglón educativo, en el que se siembran las semillas del avance social que habrán de germinar en las frescas mentes infantiles y las juveniles en evolución, ha venido recibiendo la insuficiente atención de gobiernos que ven en la educación solo un ramo del gasto público, irrecuperable a su juicio.

Y decimos lo anterior porque conocemos la historia educativa en Yucatán, como en todo México, con el pensamiento y reflexiones, así como tesis, de los grandes pedagogos de los siglos XIX y XX, de los cuales hay suficientes textos para conocerse, entenderse y aplicarse.

No es con derrame económico oficial creciente como se obtendrá el éxito educativo en México, que se encuentra inmerso como país en un mundo enfrentado por intereses económicos y el ansia de prevalencia de un núcleo de países poderosos sobre otros.

Sin raíces, no hay árbol que crezca. Mucho menos que ofrezca frutos óptimos. La raíz más firme como soporte de un país es la formación del ser humano y, en ella, la educación es esencial, básica, necesaria. Atender este ramo en su contenido debe ser prioritario.

Mas cuando únicamente se acuerdan en las cúpulas crecientes sumas presupuestales, sin analizar calidades, se antoja pensar que el árbol del conocimiento y la razón reciben únicamente agua monetaria inerte, sin nutrientes, minando las raíces de la educación.

Los grandes pensadores de los siglos XIX y XX tenían en la mente la calidad de la educación para crear una sociedad con crecimiento armónico, justo y compartido. De ese principio de alto contenido humano a la concepción actual, que es tan solo a un concepto presupuestal de gasto, hay una gran diferencia.

Con esas ideas se sostiene el cuerpo educativo, pero lamentablemente se sacrifica el espíritu y el sano pensamiento progresista de convivir en paz y convivencia armónica entre las grandes mayorías de mexicanos.

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