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México: Partidos y Crisis

By on julio 20, 2018

Editorial

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En lo que ha sido una revolución incruenta, de conciencias más que de fuerzas armadas en oposición, el pueblo mexicano tuvo una decisión colectiva que, por sí misma y con los términos de la ley, ha venido a sepultar al sistema de partidos políticos que en apariencia contenía tesis de ideologías de izquierda, derecha o centro, pero en la realidad eran fachadas de intereses particulares, muchos de ellos inconfesables.

Un PAN con principios originales religiosos y de raíces económicas amplias; un PRI ostensiblemente revolucionario e institucional permanente; un PRD, esencia de la pureza ideológica de pensamiento de izquierda, más otros grupos emergentes de intereses políticos y membretes, por posiciones en juego, unieron fuerzas y credibilidad acumulada, en aparente solidez histórica temporal, conjuntada en un proyecto común, para enfrentar al creciente y amenazante Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) en las elecciones nacionales del primero de julio pasado.

El mundo se conmovió con el triunfo de este último partido, quizá el más reciente, pero el único que aglutinó el hartazgo público ciudadano ante la violencia, la corrupción, los abusos de poder y la injusticia social rampante.

Un PRI y su candidato con ideología burguesa y con compromisos previos, confesadamente, sin currículum partidista; un PAN aliado a su partido enemigo histórico; un PRD depositario del progresismo ideológico aliado por conveniencia, y otras siglas, emparchadas en un consorcio político de intereses, no del pueblo, sino de grupos de poder, rodaron por los suelos ante el hastío manifiesto de una nueva generación de mexicanos que trazaron la línea divisoria entre un pasado político vergonzante y un futuro esperanzador que no será fácil de lograr.

Un futuro en el que los desplazados del poder harán hasta lo imposible para hacer fracasar el nuevo proyecto dictado en las urnas por el pueblo mexicano para recuperar la dignidad ciudadana.

El amanecer de justicia social esperado aún no es pleno.

Hay nubosidades que obstruccionan la visión del nuevo rumbo político. Y ante ellas hay que caminar a paso lento, cuidando hacer a un lado las piedras que ubican los intereses creados al paso de un pueblo soberano.

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