Mayo 1°: Nada Que Celebrar

By on mayo 4, 2017

Editorial

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Mayo 1°: Nada Que Celebrar

El pasado lunes, día primero de Mayo, grandes multitudes salieron a las calles en todos los países del mundo para conmemorar el Día Internacional del Trabajo; instituido para enaltecer el sacrificio de hombres y mujeres explotados, miles de los cuales fueron las primeras víctimas mortales de un sistema viciado que privilegiaba, y aún lo hace, el máximo rendimiento laboral al menor costo posible, con las condiciones de trabajo más duras de la historia que amparaban con leyes a los explotadores, capitalistas todos ellos, a quienes solo los motivaba su poder e intereses, haciendo caso omiso de la repercusión de sus ambiciones extremas en la salud, modo de vida, alimentación y las condiciones extremas de horarios, descanso o rendimientos.

Largos millones de obreros llenaron las plazas y vías públicas en una actitud de rechazo a todos los signos de explotación, abiertos o encubiertos, existentes todavía en los cinco continentes, así como en homenaje a quienes han caído en la lucha.

Las multitudes llevaron consigo idéntica exigencia: un cambio sustentado en el manejo de las relaciones entre el capitalismo y las masas en continua miseria y explotación.

A esos anhelos se han sumado otras demandas en varios países. En México, se ha mostrado en las marchas y asambleas populares un absoluto y total rechazo lo mismo al sindicalismo charro, decadente y corrupto, que a los gobiernos que les dan soporte porque son aliados y socios de los grandes empresarios, capitalistas y exactores de la fuerza laboral abusada, que incluye millones de niños y mujeres.

Particularmente en México, el hastío hacia una situación imperante arrastró a miles de compatriotas a las calles, con protestas airadas, y concurridas manifestaciones de rechazo a la corrupción, la política depredadora, el abandono de principios y traición a los ideales generosos de un movimiento que, en México antes que en todo el mundo, en 1910, exhibió los abusos y con las armas asumió una Revolución. Fue la primera del Siglo XX y ha sido comercializada por grupos de oligarcas y partidos políticos, que han visto en ella una referencia útil de proclamarse en el papel, pero inexistente en la cruda realidad cotidiana.

El signo de la muerte para con los caudillos, y el abandono de los principios, ha hecho llegar a este país a una situación de injusticia social insostenible. Así lo muestran los gritos callejeros, las mantas y gritos en las calles y plazas, los desaparecidos, las numerosas fosas clandestinas y la tozudez de una neocasta política que se muestra insensible a la realidad, encubriendo pillerías y saqueo de arcas públicas, tolerando corrupción de funcionarios, etc.

¿Celebración? ¿Risas en el sepelio de la democracia y la justicia social? ¿Miopía en las clases gobernantes y pudientes?

El pueblo en las calles debe preocupar a quienes han traicionado, y lo continúan haciendo, a la ley y a la justicia.

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