Mayo 1°: ¿Feliz día del Trabajo?

By on abril 26, 2019

Editorial

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El miércoles próximo, los calendarios mundiales enaltecerán el triunfo de los trabajadores sobre el enorme edificio financiero del gran capital.

El trabajo ennoblece y dignifica, pero no debe reconocerse, no aún, como la única fuerza que mueve a las sociedades humanas.

Enaltecer el día primero de mayo como el adecuado para reconocer al nervio motor histórico de la sociedad tiene su beneficio, y asignarle un valor en medio de sociedades cada día más complejas y con tantos matices en un mundo globalizado también.

El trabajo tiene una dignidad humana que ningún sistema político, económico, religioso o social puede desconocer. Trabajar es sobrevivir, dejar atrás la pereza y encaminarnos a un destino más promisorio.

No siempre fue así. Las hordas salvajes en los orígenes humanos vivieron lo que fue un periodo de avasallamiento de otros grupos, obligados a servir a los vencedores.

La organización en las sociedades primigenias avanzó con la división del trabajo, a la cual se incorporaron hombres y mujeres por un inicial principio de supervivencia o selección natural entre los más capacitados o inteligentes, y los que por debilidades físicas o de intelecto eran ocupados en posiciones y lugares no relevantes.

De esos inicios a la época presente, se han dado cambios, muchos de ellos calificados de cosméticos, adecuados para el moderno mundo de apariencias en que estamos inmersos, en los que se priorizan las formas, pero son idénticos los fondos.

Verdaderas multitudes se integran y desfilan el 1° de mayo. En los escenarios oficiales del mundo dirigentes políticos o líderes sociales enaltecen a los obreros, pontifican sobre sus logros, mejores formas de vida actuales, prestaciones e incremento de sus derechos obtenidos, pero omiten reconocer que la plena justicia social aún no es bienvenida en el medio laboral.

La rebelión de las masas” considerada en las tesis de Ortega y Gasset aún está pendiente de lograrse en estos tiempos de la historia.

El individuo tiene capacidad de reflexión. La masa no. Actúa por nervio y/o intuición, cuando no por el rebase de abusos sobre la depreciada economía de los trabajadores.

Los espacios se impregnan de coros y consignas. Las calles reúnen y entregan a millones de asistentes a las plazas abiertas y/o a los escenarios de concentración aptos para plasmar imágenes de uso publicitario o trasmitir sucesos magnos.

La ilusión por nuevos anuncios benéficos y espectaculares continúa en el aire y las mentes de los atribulados obreros.

Con esperanza y alegría, millones de hombres y mujeres, a través de muchos espacios invadidos por el ansia de mejoría en sus vidas, acuden a esta cita anual con sus gobernantes y/o representantes populares.

Gozan entre sí de la compañía y convivencia millones de seres humildes como ellos, también aspirantes a recibir noticias de acuerdos y beneficios para destrabar sus economías familiares.

Y el acto, por la parafernalia, aplausos y menciones acostumbradas tendrá lugar y logrará, según los organizadores, convertirse en un éxito público.

Los barrenderos y recogedores de basura habituales recogerán después de los mítines pequeños trozos de discursos vacíos, basura propagandística, banderitas destruidas, pedazos de basura verbal, trocitos de mentiras, y el obrero pensará para sí: Hoy no pudo ser. Quizá logremos mejorías el próximo año…

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