Matar Un Ruiseñor, de Harper Lee

By on enero 25, 2018

Libros

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En los Estados Unidos, la xenofobia cabalga rampante gracias a la campaña de odio que enarboló su actual presidente, logrando efectivamente crear una división entre “ellos” y “nosotros” que amenaza a varios inmigrantes legales e ilegales por igual. Una constante adicional en ese panorama son las constantes muertes de afroamericanos a manos tanto de policías como de otros ciudadanos. Con estos elementos en mente, hasta parecería que “Matar a un ruiseñor”, que Harper Lee escribió en 1960, fue escrito recientemente. Me quedan claros, entonces, los motivos por los cuales es lectura obligada para los estudiantes de esa nación: el libro es un canto a la inclusión, presentando los mortales peligros de la intolerancia racial a través de los ojos de su joven protagonista, la joven (6 años) Jean Louise Finch.

Matar a un ruiseñor es un cuento costumbrista que nos presenta cómo era la vida en un ficticio pueblo en el estado de Alabama, en el sur de los Estados Unidos, en la década de los 30 del siglo XX. Con una prosa rica en imágenes, alimentada por los abundantes detalles en la historia que la autora indicaba no eran autobiográficos, aunque muchos elementos de ellos coincidieran con su vida, nos traslada a esos días, mostrándonos que las travesuras y los sentimientos no conocen fronteras: son universales. Acompañada de su hermano Jem, y bajo la tutela e inmensa figura moral de su padre, Atticus, asistimos con un lenguaje directo y sin complicaciones a una representación de lo que eran las costumbres, lo que nos da pie para compararlas con las nuestras, en nuestro país.

El contexto en el que se desarrolla la vida de los jóvenes deja en claro que los negros, a pesar de que la esclavitud no existe, siguen siendo menospreciados y rechazados por un amplio porcentaje de “fundamentalistas” blancos. Las prohibiciones, el aislamiento en el que vivían, ocupan un lugar predominante en la historia.

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El libro se divide en dos partes. En la primera, Jean Louise (apodada Scout) ingresa a la primaria, un mundo desconocido que su hermano Jeremy (llamado Jem, 13 años) domina, por lo que sigue sus recomendaciones. Pronto, en ese primer día de clases, Scout se da cuenta de que el perfil con el que arriba a su salón no compagina con las expectativas de su maestra, resultando castigada ¡porque ya sabía leer! Desde ese momento Harper Lee nos presenta las inhibiciones y prejuicios que flotaban en la cultura de esos días y de esos lares. No lo hace nada fácil la vida a la protagonista que, además, Scout no es la típica niña “de sociedad”: viste overoles y en muchas ocasiones ni siquiera calza zapatos. A pesar de su inteligencia, no cumple con las “expectativas” de las señoritas de su edad.

El vecino de los Finch, Boo Radley, es una figura misteriosa que juega un rol importante en la historia. Los muchachos no lo conocen y ese desconocimiento se traduce en animosidad y temor, comenzando a “retarse” para superar esos miedos. ¿La prueba de valentía? Acercarse a tan solo tocar la puerta de Boo. Al leerlo, acudieron a mi mente todas aquellas ocasiones en que, con amigos o con mis hermanitos, tocábamos el timbre de una casa para inmediatamente emprender la carrera, sin esperar a que abrieran. ¿Travesuras de la niñez? Sin duda.

Así como conocemos de Boo, así conocemos al resto de los vecinos de la cuadra y sus peculiaridades, como muestrario de costumbres de la época, lo cual resulta una delicia. En todo lo anterior, el guía moral de los muchachos es su padre Atticus quien, de manera pausada y sin prejuicios, va orientando a sus hijos hacia una perspectiva de justicia e inclusión, mostrándoles las diferencias sociales, enseñándoles con su ejemplo que no deben alentarlas, mucho menos maltratar a aquellos que no tienen la culpa de lo que sucede.

La segunda parte trata de un juicio en el que Atticus deberá defender a un joven negro de la acusación de violación que le ha hecho una muchacha blanca. Inicialmente, debe defenderlo del intento de linchamiento con el que esos “agraviados” blancos pretenden hacerse justicia, situación que salvan involuntariamente Scout y Jem.

Luego, durante el juicio, Atticus da una cátedra de defensa legislativa, derribando con adecuados cuestionamientos muchos de los argumentos enarbolados en contra del acusado. El resto de la historia, y su desenlace, se convierte en una crítica social, con una enseñanza moralizante al final.

Con esta obra, Harper Lee ganó el premio Pulitzer de 1961, y se abrió las puertas de la inmortalidad literaria. Hollywood retomó la historia, filmando una película que llevó el mismo nombre de la novela, con la inolvidable actuación del gran Gregory Peck, trabajo que le valió un Óscar a él como mejor actor en 1963, y otros dos al filme: uno por mejor guion adaptado, y el otro por dirección de arte.

Matar a un ruiseñor es un libro imprescindible en cualquier biblioteca, uno que hasta ahora tuve oportunidad de leer, y que ya no olvidaré. Ahora, a conseguir la película…

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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