Mar, palabra inconclusa

By on enero 11, 2018

Rumbo_1

VI

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I.- Proa

 

AQUÍ estoy, mar. Vine sin Ella

–ante la que mi corazón se arrodilla–

Ella, proa del cantar.

Honda tu voz, áspera de sal,

me lava y me descubre su recuerdo,

que yo había creído sepultar.

En ti pensamos, arrugado mar,

cuando sentimos alas y cantos de pájaros en los corazones,

y soñamos volar.

II.- Nado libre

Voy en ti, sobre tus olas altas,

lírico idioma el tuyo que interpreta

el temblor de su voz y de su alma.

Pequeños nudos de mi brazo a nado

en tu espalda. Te siento laxo, débil.

Tal vez yo tenga triste el corazón.

Yo no soy un romántico, lo sabes.

Soy de tierra de agaves y mi cuerpo

es de roca con un alma de espinas.

El tontiloco amor quiso probarme:

echó en mi roquedal granos de ensueño

y me volví nidal de golondrinas.

Alado amor que se empapó de cielo

y que viví de cortar estrellas,

caído en su cosecha de luceros.

En mi pampa sedienta

donde nada podía florecer,

ella aventó un beso y brotó un árbol.

Crece, sube a tientas dentro de mí

–¿has visto caminar a un niño ciego?–

este amor, buen amor, mi dulce amor.

Voy contra ti, reptando en la marea.

No calmas, pero enjoyas con tu espuma

el drama de la sed que vivo yo.

III.- Inmersión

HINCHO el pulmón, desciendo a tus entrañas

–fauna y flora achatadas y deformes,

universo en que nada es vertical.–

Sonidos para sordo: de temblores;

panorama de ciegos: corto, frío;

aletazo y temor de eternidad.

Peso de mundo en mis arterias, peso

de mil atmósferas: galopa

dentro de mi corazón la inmensidad.

Con ademán de náufragos, emerjo.

Soy en la superficie como una

burbuja de la nueva humanidad.

Siento que el pensamiento se ha lavado

un poco y que el recuerdo canta

y duele más.

IV.- Saloma

ESTA mi noche, la noche mía,

tuvo luceros de oro sin par

cuando Ella dijo que me quería.

Cuando Ella dijo que me quería

cegó mis ojos la luz del día

y en mi desierto brotó un rosal.

Desierto mío: el mar sin puerto.

Ni alas ni mástil: solo el desierto

con la salumbre de mi cantar.

Alzo el poema lleno de estrellas:

Voy contra el mundo pensando en Ella;

pensando en Ella voy contra el mar.

  1. Ancla

ORIANA sin par, epicentro

del dolor más feliz que yo tuve:

te amo y te acaricio en mis versos.

Quería un amor como el tuyo:

que me podara el corazón,

que hiciera, de todas mis angustias, una.

Una enorme, ilímite, capaz de ensancharme

el alma y de hacerme más hombre

y de anclar mi esperanza.

Aquí en la luz, aquí en el oro

potable de tu nombre, mar

que me cerró los labios.

Miguel Ángel Menéndez

Continuará la próxima semana…

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