Los Vencidos

By on junio 14, 2018

Germenes_1

XXX

  

II

LOS VENCIDOS

ES el bosque, huraño y grave,

de regazo siempre virgen,

regio tálamo de fieras,

y jaula de águilas libres.

El gran domo de esmeralda

sustenta los troncos firmes;

por ellos bajan los rayos

como eléctricos reptiles.

Y son las más ramas robustas

brazos de atléticos bíceps

que sujetan las tormentas

por las erizadas crines…

En medio de este derroche

de fortalezas viriles,

¿qué haces, tú, doliente tronco,

qué haces, tú tan solo y triste?…

Cuando tu garrida prole

con arreos juveniles

el vernal soplo embalsama,

¿qué pesadumbres te oprimen?

¡Oh, veterano del bosque!

¡Oh, luchador invencible!

Cuando rugió la tormenta

¿qué anhelos sordos sentiste?

Es de la playa riscosa

en los ocultos cantiles,

donde se hendió el duro casco,

al chocar, del viejo esquife.

En el légamo arenoso

echó profundas raíces,

¡el domador de tormentas!

¡el burlador de las sirtes!

Y allí, en la costa desierta,

doliente, olvidado y triste,

si el mar ruge, desaparece…

Si su furia amaina, se irgue…

Cuando en cóleras estallan

los aquilones terribles,

y los relámpagos raudos

sus alfanjes de oro esgrimen,

allí en tus huecas entrañas

qué hierve, qué ruge o gime,

¡oh, domador de tormentas!

¡oh, burlador de las sirtes!

III

Allá en el mundo desierto

alza sus paredes grises,

agrietadas de los siglos

por la guadaña impasible,

el pobre templo en que ayer

se elevaron las sutiles

espirales del incienso

a las mansiones felices.

Allí el réprobo calmó

sus ansiedades horribles;

halló grata paz el bueno,

y consuelo dulce el triste;

subió al cielo la plegaria,

y, al conjuro irresistible

de las salmodias del órgano,

bajaron los serafines…

En las losas ulceradas

hoy serpean los reptiles

y en el viejo campanario

moran búhos irascibles…

Cuando pasa el peregrino

que sin rumbo el viaje sigue,

y ante la cruz olvidada,

se detiene y ruega y pide,

¡oh, despojo profanado!

en las grietas de tus grises

y carcomidas paredes;

en las manchadas efigies

de tus frescos, ya borrados;

en tus bóvedas sublimes,

¿qué tristezas se estremecen?

¿qué nostalgias hondas gimen?

IV

¡Oh, tristezas; oh, nostalgias

de los viejos adalides,

de los vencidos ideales!

¡No estáis solas…! ¡No estéis tristes!

José Inés Novelo

Continuará la próxima semana…

Déjenos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>