Los Surcos Vacíos

By on febrero 23, 2017

Editorial

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Los Surcos Vacíos

Aquí en Yucatán, desde la única península geográficamente con orientación al Norte – en nuestro Mayab, “la tierra de los pocos”, de “no muchos” – repercuten también, al igual que en otras regiones de México, decisiones políticas ajenas a los campesinos que ensombrecen el panorama de convivencia que por muchos años prevaleció.

De países tan lejanos como los Estados Unidos nos llegan amenazas y decisiones que, a no dudarlo, impactan sobre las familias de comunidades municipales, de zonas donde la marginación y la pobreza se unen al abuso oficial y la ambición de los poderosos, que continúan en sus planes de despojo de tierras y cambio de la vocación de los suelos peninsulares. Piensan los acaudalados explotadores históricos de los mayas que los integrantes de esta etnia no tienen valor y que ellos deben prevalecer.

Traemos a este espacio la contundente reflexión publicada en días precedentes por un profesional de la Antropología, conocedor e investigador de los orígenes y evoluciones de este gran pueblo. En su columna semanal “Signos de la Realidad”, publicada en un acreditado periódico local, Don José G. Huchim Herrera nos dice:

“Los mayas peninsulares han habitado Yucatán durante más de 3,000 años, y han manejado sus recursos naturales de manera exitosa, preservando la naturaleza y la cultura a través del tiempo con una alta capacidad de resiliencia. El amplio conocimiento del uso y el manejo de la vegetación les permitió cubrir las necesidades básicas e inmediatas como la defensa, la alimentación y la medicina, y construir estructuras para la vivienda, el cultivo y la domesticación de una gran diversidad de especies, lo que dio pie a los primeros sistemas agrícolas…”

Por miles de años, con las raíces mayas heredadas, nuestros campesinos continúan fieles a la madre tierra, la respetan y cuidan, la protegen y agradecen los frutos que les proporciona.

Y reflexionamos que si, por avatares del destino y la injusticia social, nuestros campesinos han emigrado a otras latitudes, jamás se han desvinculado de sus gentes, de sus costumbres, de sus raíces.

Es triste que esa encomiable fuerza de trabajo que bien ha sido históricamente posible de aplicar entre nosotros, ahora migre a tierras lejanas donde la mano de obra es explotada para producir bienes y alimentos que hasta se nos retornan en presentaciones industriales con precios de venta multiplicados.

Las imágenes que por estos días se nos dan a conocer sobre la forma en que hacen producir los mayas y mexicanos los campos estadounidenses, nos obligan a reconocer la calidad de su trabajo y su entrega personal al cumplimiento de una tarea agrícola que debieran aplicar en tierras propias, de México y Yucatán.

¿Por qué nuestros campos vacíos y los ajenos florecientes? Esa es la reflexión e interrogante que debemos responder.

¿Falta de visión gubernamental? ¿Abusos? ¿Planeación equivocada y falta de apoyo? ¿Intereses oscuros?

Vemos con tristeza nuestros campos vacíos, a nuestra gente sufriendo explotación en tierra ajena, a nuestro gobierno sin visión totalizadora o decisiones adecuadas para utilizar esa mano de obra en nuestras parcelas, milpas, campos, con lo que se abatiría la pobreza y se lograría rescatar a nuestro sector campesino.

Desde hace 3,000 años los mayas han tenido la respuesta. ¿Hasta cuándo nuestra ceguera y los intereses creados continuarán manteniendo nuestros surcos sin semilla y nuestros campos abandonados?

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