Los Niños del Viet-Nam

By on junio 8, 2017

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II

Los Niños del Viet-Nam

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“Hay que decir la verdad,

aunque después nos maten…”

E. Evtushenko

 

Los niños del Viet-Nam

tienen en la rendija de los ojos

el salitre del mar,

y tristeza de llanto sin palabras,

y palabras sin luna y sin estrellas.

 

Los niños del Viet-Nam

son hijos del amor y de la guerra,

son hijos del dolor y de la garra,

son niños héroes de la tierra,

son un terrón de luz entre las aguas

negras que son las fobias blancas

de los imperialistas.

 

Los niños del Viet-Nam,

pequeñas briznas

del drama milenario y legendario

del odio, de la muerte y del miasma,

de la maldad del hombre,

de la maldad del hambre,

de la prostitución de la esperanza.

 

Los niños del Viet-Nam

son los testigos

del infierno del Dante redivivo,

son víctimas del Napalm incendiario,

y del microbio de la malaria,

y del arroz que falta

y del horror que sobra

cuando ven a su madre o a su hermana

despedazadas por una bomba.

 

Los niños del Viet-Nam

son amarillos, pálidos, anémicos,

pero son fuertes gracias al alto mérito

de vivir un instante

luminoso del mundo, el pleno nacimiento,

de un destino más justo.

 

Los niños del Viet-Nam

son como nuestros hijos, cariñosos,

curiosos y traviesos,

también a sus papás cubren de besos;

son frágil expresión de un futuro

brumoso.

 

Los niños del Viet-Nam son todo eso,

y sin embargo

hay quienes tienen un escapulario,

creen cumplir las normas de su moral,

rezan a diario, llevan a misa a sus hijos

todos los domingos, sin faltar,

desayunan con carne, leche y pan

y no se acuerdan de los niños del

Viet-Nam.

 

Esos que piensan que la vida

solo es para reír, para gozar,

no han visto nunca la fotografía

de un niño del Viet-Nam.

 

Tengo en la mano el verso, como piedra

que quisiera lanzar

contra el cristal de la insolencia,

cobardía o comodidad

de todos los que no protestan

contra la guerra del Viet-Nam.

Luis Ortiz Martínez

Continuará la próxima semana…

One Comment

  1. César Ramón Glez. Rosado.

    junio 9, 2017 at 11:32 am

    Inolvidable amigo Luis, nuestro querido Oso. Cómo nos haces llorar de nuevo con tus sentidos y valientes poemas. Sigues presente en este mundo. Tu amigo de siempre.

    César Ramón.

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