Los Mayas Eternos

By on mayo 25, 2017

Editorial

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Los Mayas Eternos

La naturaleza es admirable y los mayas lo sabían. Lo sabían antes, lo saben ahora. De ahí su respeto, uso razonado y veneración a la tierra, la madre nutricia, y a los elementos: aire, agua y fuego.

Pocos han observado que la cultura maya no vivió la edad de los metales. No le eran necesarios y, tristemente, los conocieron cuando llegaron de ultramar en forma de espadas y balas, instrumentos antes y ahora de la violencia.

Nunca fueron útiles los metales para construir viviendas mayas. Quizá las coas y machetes, empuñados para uso del campo, sirvieron ocasionalmente como armas de defensa personal porque, hasta en la lucha, los mayas actuaban de frente, dando la cara.

El campo y sus árboles, la tierra y su barro, el fuego y el agua, les han dado, con el trabajo esmerado y respetuoso de cada hombre y mujer maya, alimentos, medicinas, una manera modesta de vivir y convivir que aún mantiene en los descendientes, receptores y trasmisores de las raíces del conocimiento ancestral heredado.

La convivencia de su admirable cultura con las procedentes de los otros rincones del mundo, marcados por variados signos de voracidad, dominación y ansiedad de prevalencia, aún no han logrado destruir las raíces firmes del Yaaxché cultural de nuestros ancestros.

Los que han conocido, estudiado, analizado los textos y contenidos escritos del conocimiento maya, han quedado prendados de su vitalidad, profundidad conceptual, ejemplaridad.

La sencillez, característica maya, es ajena a los rebuscamientos; su lenguaje es directo, concreto, claro y accesible para las mentes cultas ansiosas de conocer a profundidad esta cultura.

Los notables investigadores locales y de muchos otros países han sido presa del encanto y la fascinación de una cultura admirable que apenas comienza a conocerse por sus textos escritos, por la interpretación de las imágenes fijadas en la dureza de la piedra por los artistas lapidarios del pasado que así testimoniaron los hechos y personajes que fueron motivo de sus historias, relatos y creaciones artísticas.

La naturaleza enseña, y de ella los mayas han aprendido por muchas generaciones. Estamos ciertos que ellos pervivirán a pesar de estos tiempos nefastos del mestizaje con toda su cauda de defectos transmitidos a grupos ancestrales, herederos de las más grandes culturas del mundo.

Tal vez aún estemos en tiempo de reconocer nuestras firmes raíces y corregir el rumbo equivocado en el que andamos ahora.

Los mayas acumularon bienestar, no riquezas. Aún no están contaminados por el ansia de poseer metales preciosos, o billetes de papel sin valor.

En cada maya auténtico el mensaje, la riqueza cultural, el lenguaje de sus antepasados, permanecen con él. Nadie podrá arrebatárselos.

Esta es la tierra del Mayab, tierra de pocos, tierra de escogidos. Así lo dice la voz de los tiempos en el idioma melodioso de los antepasados.

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