Lo que tenía y he perdido

By on noviembre 17, 2017

Compilacion_2

XXXVII

AUTOR:

JORGE ENRIQUE VARGUEZ EB

MUNICIPIO:

DZIDZANTUN, YUCATÁN

LO QUE TENIA Y HE PERDIDO

Vivía en una casita afuera del pueblo cuyo nombre significa “lo que está escrito en piedra”. Mi humilde casita estaba construida en su mayoría de maderas rectas, y algunas medio rectas; encima de las maderas tenía puesto tierra roja, estas servían de paredes.

El techo, con bastantes maderas que estaban cubiertas de zacates; cuando me acostaba en la hamaca sentía el fresco agradable, y más al amanecer, ya que se dormía placenteramente. Pasaban rápido las horas, y despertaba con los cantos de las aves.

Me cepillaba los dientes, utilizaba una jícara para el agua y, cuando concluía, me ponía un humilde sombrero que me acompañaba para ir al trabajo. Los rayos del sol todavía no hacían su completa aparición, estaban todavía débiles; caminaba por la única vereda y saludaba a mi único vecino que vivía enfrente de la casa, ya que su familia todavía dormía.

El único pozo que estaba cerca de la casa era muy visitado porque iban todos los vecinos del pueblo a sacar agua, para beberla o para otras necesidades; un perro ladraba y otro movía su pequeña cola. La vida era muy tranquila.

En la actualidad, la única casita de paja que existe es la mía; las otras casas que están construidas son de materiales más recientes: de block, cemento, entre otros materiales.

Veo a mis vecinos que utilizan ventiladores, aire acondicionado para refrescarse, ya no escucho las aves cantar porque los árboles que rodean la casa fueron cortados, la vereda está convertida en calle pavimentada en donde transitan automóviles, motos, camiones grandes…. etc. A cada rato, el humo de estos hace que no se respire aire puro.

A mi único vecino siempre lo saludo; a los otros los saludo, pero no me devuelven el saludo.

El único pozo ya no es visitado, porque los vecinos lo convirtieron en basurero con desechos. Ahora la gente compra el agua en botellones de 19 litros.

El perro ya no ladra porque lo amarran con una cadena para que no salga a la calle y no lo atropellen, y el otro ya no mueve su colita porque ya falleció.

Esa antigua tranquilidad ya no existe. Lo que existe ahora es el ruido y el exceso de contaminación que no me permiten dormir y descansar.

En estos momentos ya estoy demasiado estresado.

FIN.

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