Leyendas de los Mayas de Quintana Roo (VI)

By on junio 14, 2018

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VI

EL NOVIO DE LA XTABAY

En cierta ranchería vivía una familia integrada por los padres y una pareja de hijos. Diariamente, el padre y su hijo de 17 años iban a trabajar a la milpa, camino a la cual tenían que pasar bajo un corpulento y frondoso YAXCHÉ (ceibo).

En medio de esta diaria rutina pasaban días, semanas, meses y años, hasta que el joven, fastidiado y fatigado, comunicó a su progenitor su deseo de casarse, para que le buscara esposa, pues según la antigua costumbre maya los padres se encargaban de elegir a sus futuras nueras.

Poco caso hizo el padre a la solicitud de su hijo, pensando que al casarlo perdería fuerzas para la explotación de su parcela, por lo que el tiempo pasó sin resultados satisfactorios para el joven.

En una de tantas idas y vueltas, el mancebo se distrajo hasta casi entrada la noche y, poco después de emprender el retorno al hogar, al pasar frente al YAXCHÉ sintióse cansado, por lo que reposó sobre una enorme raíz. Allí se sumió en sus pensamientos, analizando su triste existencia sin que nadie se apiadara de su mala suerte; recordando las críticas de que era objeto por parte de otros muchachos que vivían felices al lado de sus esposas; elucubrando en su cerebro cosas buenas y malas; haciéndose ilusiones con una mujer que compartiera su vida.

Por fin, comprendiendo la triste realidad de su desgracia, ofuscado y con los nervios en tensión, lanzó una terrible invocación: “¡KISIN!… Si en verdad existes, te entrego mi alma a cambio de una mujer bonita que deberá ser mi esposa.”

En el silencio de la noche, los ecos de la selva repitieron su demanda.

Desahogado su enojo, el joven quiso reanudar su camino mas, de improviso, entre los resplandores de la luna, vio que junto al tronco de YAXCHE estaba una mujer elegantemente vestida con joyas filigranadas en oro quien le dijo: “Hombre, acércate y dime si soy como la que tú deseas.”

Obediente, el hombre se acercó a la mujer sin inmutarse, porque veía en verdad algo extraordinario en la innegable belleza de aquella dama. Solo tuvo un instante de duda, al percatarse de que la luenga cabellera de la joven casi llegaba a los tobillos, pero la incomparable hermosura lo dejó de nuevo extasiado.

De improviso, se escuchó el lúgubre canto del xoch (búho) y la mujer se despidió diciendo: “Mi amo me está llamando… Si quieres volver a verme, llámame aquí mismo, en este lugar a media noche; me hablarás así: Hija de Satán, quiero verte.

Tan misteriosamente como apareció la mujer, se esfumó, dejando tras de sí una estela de humo verdoso, mientras el joven quedaba semiadormecido. Sin embargo, en poco tiempo se repuso y, sin recordar cuanto había sucedido, continuó su camino a casa.

Nada le reprocharon sus padres en cuanto a su llegada más allá de la media noche, pero sí le recomendaron que no volviera a suceder.

Pronto la familia olvidó el incidente, mas con el correr de los meses los padres comenzaron a notar algo anormal en la conducta del joven, pues éste esperaba a que sus progenitores se durmieran para ir a sus citas de medianoche con su enamorada quien, finalmente, le dijo una noche: “Esta es la última vez que nos vemos… Si en verdad me quieres, prométeme que harás estas tres cosas: primero, hablar con mi amo, el diablo, en la gruta no lejos de aquí; segundo, entregar tu alma a mi amo; tercero, convertirte en chivo para que me mantengas con carne de hombres muertos.”

Dispuesto a todo por realizar su anhelado sueño, el enamorado joven acudió puntualmente a su cita de la noche siguiente, y siguió a su prometida hasta una cueva en cuyo fondo tres fémures, que hacían las veces de velas encendidas, formaban un triángulo en cuyo centro estaban la calavera de un macho cabrío y el cráneo de un ser humano.

De las profundidades de la caverna surgió entonces una estentórea voz que comenzó a instruirle: “Estás cumpliendo con lo prometido; ahora levanta la calavera con cuernos y colócala frente a tu cabeza diciendo: “Quiero convertirme en chivo para conseguir carne de hombres muertos para mantener a mi esposa hija de Satán.

Seguidamente, se le ordenó que se parara sobre el cráneo humano diciendo: “Maldita seas porque con tu carne alimentaré a mi esposa hija de Satán… Hija de Luzbel, conviérteme en fornido chivo…”

Al finalizar esta invocación, el joven sintió que su cuerpo se transformaba, cubriéndose de pelo hasta convertirse en una bestia infernal que salió de la caverna y se dirigió al cementerio, donde se proveyó de la carne de un cadáver recientemente sepultado, para llevarla como primera prueba a su prometida.

“Hija del diablo, devuélveme el cuerpo natural como cuando vine al mundo…” Y al recuperar su forma humana, el muchacho oyó de nuevo a su prometida: “Estoy viendo que me obedeces muy bien y debes pensar que en la luna nueva nos casaremos en este mismo lugar… pero no olvides seguir trayéndome carne de hombres muertos.”

Al volver a la realidad, el pobre enamorado nada recordaba sobre su transformación, excepto que había tenido un sueño desagradable, mas para él solo era real la existencia de su bella futura esposa, sin percatarse que había entablado relaciones con la temible XTABAY.

Prof. Eduardo Medina Loría

Continuará la próxima semana…

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