Letras Liberales (I)

By on marzo 8, 2018

El Amor y la Amistad

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Séneca decía que no hay cosa más fuerte que el verdadero amor.

Para Lacordaire, el amor es el principio de todo, la razón de todo, el fin de todo. Fenelón decía que el amor lo toma todo y todo lo da…

Con estas citas comienzo la reflexión sobre el amor, hermosa palabra, usada con frecuencia para despertar sentimientos bonitos, o incluso para corromper y enajenar a la gente.

“¡Ven, mi amor!” le decimos a una bella mujer que apenas si conocemos. “Dios es amor”, ponen algunos en letreros que portan en sus parabrisas o en las defensas de sus autos.

Pero si les preguntamos qué quieren decir con eso, ¿creen que nos responderían con razonamientos?

Casi siempre pensamos en el amor como si fuera un concepto único, como si todos supiéramos qué es el amor y a qué nos referimos con esa palabra, cuando en realidad cada persona lo entiende con un concepto diferente.

Con frecuencia asociamos al amor en cuanto a su relación con lo sexual, ya que se acompaña de amistad; es una selección electiva entre personas y se acompaña de efectos positivos, como la ternura.

A propósito, la palabra ternura viene de tierno y se define como blando, flexible, joven, compasivo; a veces decimos “Es muy tierna esa mujer conmigo.”

¿A que nos referimos? Es más, ahora, con mucha frecuencia a la relación sexual le llamamos “hacer el amor”, cuando el amor se distingue de la simple relación sexual ya que esta tiene sólo la base sensual y no se funda en la elección, sino en el anónimo deseo sexual, como pudiera ser con una mujer fácil, una alegradora, como decían en el mundo prehispánico. En esta clase de relación, la mayoría de las veces no hay una liga amorosa de por medio; es una relación casual, mas no causal. Es pura calentura, se diría vulgarmente.

En otras ocasiones, el amor se refiere a una gran gama de relaciones interpersonales, como pudiera ser el amor a la familia, el del amigo hacia otro amigo, el del padre hacia el hijo, el de los ciudadanos entre sí, el de los cónyuges, el de personas que coinciden en intereses y objetivos comunes –como pudieran ser algunos grupos como Fraternidad y Justicia, señalando con esto el valor que le damos a la fraternidad como concepto.

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Otra forma de referir el amor es con relación a objetos y cosas inanimadas, como el amor al dinero, a la pintura, a los libros, a la buena comida. Es en realidad una forma dominante de pasión, un deseo de posesión. Podemos llegar hasta a decir “Amo a mi caballo”, y no es raro escuchar a una dama que diga: “Este perro es un amor.”

También existe el amor por objetos ideales. Es otra forma de manifestarse el amor. Así, podemos decir que amamos la Justicia, el Bien o la Gloria. Esta forma de amor indica cierto compromiso moral, que señala límites y condiciones al individuo, como acontece en ciertos grupos de iniciados en los que se anhela que en el mundo externo llegue el día en que se sienta y se obre como se debe hacer en esos grupos, que en las normas del mundo reinen la bondad, la tolerancia, la benevolencia, la amistad mutua, la ayuda, la camaradería y la fidelidad que, cimentadas por la virtud, han de ser erigidas por la ciencia, cada vez con mayor sabiduría.

Dejemos los objetos ideales y revisemos otros conceptos de amor. Amar algunas actividades o formas de vida es cuando decimos: “Amo el trabajo de Fraternidad y Justicia; amo mi profesión, el lujo, la diversión o el juego.” Este tipo de amor denota un interés más o menos dominante, incorporado en la personalidad del individuo.

Existe también el amor por comunidades o entes colectivos. Así decimos: “Amo a mi patria, a Fraternidad y Justicia, a mi partido o a mi escuela.”

También podríamos referir el amor al prójimo y el amor a Dios, al Gran Arquitecto del Universo.

Pero ¿qué elementos podemos distinguir en el amor?

Hay dos elementos generales, más o menos distinguibles. En primer lugar, la presencia de diversos tipos de relaciones humanas, caracterizadas por solidaridad y concordia; en segundo lugar, en algunos casos se identifica el deseo de posesión. Sin embargo, podemos concluir que no hay elementos universales. Por eso, cuando alguna persona se refiere al amor se está refiriendo a su interpretación personal, no necesariamente a la mía, o a la de otros.

Cuando le decimos a una mujer: “Te amo”, ¿a qué nos estamos refiriendo?: ¿Me gusta sexualmente? ¿Es muy buena amiga? ¿Nos gustan las mismas diversiones? ¿Posee riqueza económica? ¿Los dos buscamos el bien y la justicia? ¿Nos gusta trabajar en lo mismo? ¿Los dos amamos a nuestra patria o amamos a Dios? ¿A qué nos referimos con ese “Te amo”? ¡Habría que especificarlo!

Repasemos algunas ideas…

Platón decía que hay varios elementos en el concepto del amor. En primer lugar, hay conciencia y también hay la necesidad, ya que existe el deseo, donde se manifiesta la conciencia de conquistar aquello que no se posee, donde está manifestada la necesidad; la necesidad de conocimiento, o de una mujer, de una forma de vida o de un objeto ideal; amo aquello que me hace falta, aquello de lo que carezco y necesito. Otra característica que identificaba Platón es que se dirige hacia el Bien y también es un deseo de vencer a la muerte, el Tanatos, lo cual es un instinto y un deseo de dejar en el lugar de lo que envejece y muere algo que se le asemeje, como pudiera ser un hijo, o redactar un libro. Por último, señala que es un deseo de conocer la Verdad o la Belleza, entendida filosóficamente; empieza por la belleza sensible, el amor sensual, hasta llegar a la Belleza que da la Sabiduría. Así, cuando el individuo va madurando, creciendo y reflexionando, va ascendiendo en sus conceptos sobre el amor.

Aquí cabe la reflexión: cuando los miembros de una pareja que inició como tal, pero con el tiempo no tienen el mismo crecimiento intelectual y madurez, con lo cual se establecen importantes diferencias, ¿qué sucede con ese matrimonio que inició muy bien en lo sensual, pero no crecieron los cónyuges al igual? En la realidad, cada pareja sigue caminos diferentes ante esta situación, pues el amor no necesariamente es eterno. Hay que cultivar el amor, de lo contrario se puede acabar.

Ahora veamos el enfoque del cristianismo: básicamente, el amor lo enfoca a crear una comunidad que aún no existe. Se nos dice: “Ama a tu prójimo, como a ti mismo”, algo que Lao Tsé decía desde el S. V antes de Cristo. También es una orden de no resistencia al mal: Mateo V-44 dice: “Amad a vuestros enemigos y amad a los que os persiguen.” ¿Por qué no se ha logrado esto tras dos mil años de cristianismo, ya sea adoptado libremente, como sucedió en algunos pueblos en la antigüedad, o al ser impuesto por la fuerza, como en nuestro país?

Descartes define el amor como una emoción del alma producida por el movimiento de los espíritus vitales, que la incitan a juntarse voluntariamente con objetivos y metas que les parecen convenientes; lo distingue del deseo, el cual se dirige hacia el futuro.

Leibnitz decía que, cuando se ama sinceramente a una persona, no se busca el propio beneficio, ni el placer separado de la persona amada.

Dios es Amor. Para Kant, el amor es objeto de los sentidos y, por lo tanto, el amor de Dios, como inclinación, es imposible, porque Dios no es un objeto de los sentidos.

El Romanticismo del S. XIX señalaba que, aun cuando el amor se pueda dirigir a cosas finitas, escoge en ellas las expresiones o símbolos de lo infinito, lo absoluto, es decir Dios. Hacia allá va dirigido el amor romántico. ¿A qué nos referimos cuando decimos estoy muy romántico? Algunos cantan: Espérame en el cielo, corazón, si es que te vas primero, espérame entre nubes…

Ahora analicemos a Freud. Él dice que existe una especificación y sublimación de una fuerza instintiva originaria que es la “libido”, con la cual se inicia el amor, y que las formas superiores de éste se desarrollan mediante la inhibición y sublimación. Dentro de límites compatibles, con la conservación de la especie se produce la inhibición de la libido; de ahí proceden las emociones morales como la vergüenza y el pudor, que tienden a inmovilizar las manifestaciones de la libido, y es precisamente de ahí donde nacen las neurosis; ¿Cuántos hermanos, o sus parejas, sufren de neurosis por inhibir su libido? Ah, pero cuando se produce la sublimación de la libido, ésta la separa de su contenido primitivo, es decir de la voluptuosidad, y de ahí surgen las artes, la ciencia, la civilización y seguramente que en este rango se encuentra la actividad que aquí estamos realizando.

Sartre decía que el amor ideal es el proyecto de realizar la asimilación o unidad entre el Yo y el Otro. En este concepto encontramos que el Yo exige ser un fin absoluto para el otro y viceversa, para poder conformar una unidad, de lo contrario no se puede producir la unidad del amor. Creo que este razonamiento es muy cuestionable ya que la relación de pareja se establece solamente entre algunas de las características de la personalidad de los individuos, con el respeto a todas las demás, dentro de la libertad, ya que todos los seres humanos somos diferentes y no es posible que haya dos totalmente iguales como para que puedan confundirse en uno solo, por más parecidos que puedan ser.

¿Qué podemos entresacar de todas estas teorías? En primer lugar, el amor debe ser una relación que no anule la realidad individual y la autonomía de las personas. Los celos no caben en un amor maduro; la palabra celo procede del griego, significando ardor, envidia, y desde el S. XII también significa interés, suspicacia. “Te quiero para mí solito, todita,” dicen algunos...

Otra característica es que el amor tiende a reforzar la realidad individual y su autonomía mediante el intercambio recíproco, emotivamente controlado de servicios y cuidados de todo género. También existe unión, pero no unidad, de intereses, intentos, propósitos, necesidades y emociones correlativas. El amor es una relación susceptible de la más gran variedad de modos. Por último, podemos decir que puede conducir o señalar un bien de conciencia, o la búsqueda de la Realidad Suprema, el Gran Arquitecto del Universo.

Cuántas veces confundimos el amor con el deseo, ¿A cuántas damas que deseamos, creemos que las amamos, cuando en realidad nuestro sentimiento tiene más que ver con la posesión que con el amor? ¡Qué fácil es confundirse! ¡Cuántas veces confundimos al amor con el querer! Fácilmente le decimos a nuestra pareja “Te quiero”, cuando en realidad lo que pretendemos expresarle es nuestro amor. La palabra querer viene del latín quaerere, tratar de lograr, pedir. Desde el S.X se utiliza como afecto, anhelo. A la mujer que quiero, ¿en verdad la puedo tener o hay cosas o situaciones en la vida que me son inaccesibles? ¿A qué nos referimos cuando decimos Querido hermano? Seguramente en este caso nos referimos más bien a una amistad trascendente, establecida en una búsqueda común del Bien y la Sabiduría.

Aquí hago un cuestionamiento para que cada quién lo resuelva: ¿Existe el amor entre animales? ¿Se puede amar a varias mujeres al mismo tiempo? Recordemos a nuestros hermanos musulmanes y a Mahoma: al morir uno de sus mejores amigos, para que la viuda no sufriera la sumó entre sus mujeres. Los aprendices de masón prometen y juran ser fieles y castos con las esposas, en plural. Para no ir más lejos, aquí, en nuestro mundo indígena, antes de la llegada de los invasores europeos, las clases dirigentes acostumbraban tener varias esposas; los cristianos hicieron que las abandonaran, sin importar que los hijos que un día habían sido legales a partir del cristianismo se quedaron sin padre, las mujeres sin esposo y sin medios de subsistencia. Al nieto de Nezahualcoyatl Fray Juan de Zumárraga, obispo y presidente de la Santa Inquisición, lo mandó quemar vivo por negarse a abandonar a sus esposas e hijos. Recordemos cómo varios Papas, de esa misma época, habían tenido amantes mujeres, y no pocas, como Inocencio VIII, o como el Papa Alejandro VI, que tuvo por lo menos cuatro concubinas, o como Paulo III y a los hijos de ellos hasta les dieron títulos nobiliarios como condes y a algunos nietos, aún de muy pocos años, les nombraron cardenales, mientras que aquí los curas de los invasores quemaban vivos a los indígenas por las mismas situaciones, comandados por el mismísimo obispo al que luego le inventaron la leyenda de la Guadalupe-Tonantzin nativa.

¿Y la AMISTAD?  A veces decimos: “Somos muy buenos amigos,” o, “Esa mujer sólo es mi amiga”. Analicemos el concepto.

Decía Aristóteles que la amistad es el alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas. También decía que la amistad es lo más necesario en la vida, ya que algunos aspectos, como la riqueza o el poder, no se pueden conservar ni utilizar sin amigos. Es una disposición activa y comprometida. En la Ética a Nicómaco dice que es una virtud, o algo estrechamente enlazado con ella; es un hábito; por lo tanto, requiere esfuerzo. A diferencia del amor, en el que hay una afección o afecto, en cual existe una modificación súbita y se acompaña por la excitación y el deseo, estos elementos son extraños a la amistad.

En general, podemos decir que la amistad es la comunidad de dos o más personas ligadas entre sí por aptitudes concordantes y por efectos positivos.

La amistad es concordia y no reposa en la identidad de opiniones, sino en la armonía de las actitudes prácticas. La amistad es tan fuerte en la medida que existen cosas comunes entre iguales. Hay tantas formas de amistad como formas de amor.

Entre los fundamentos de la amistad están la utilidad recíproca, el placer y el bien; la amistad puede terminar cuando la utilidad recíproca o el placer ya no están presentes. Sin embargo, cuando el Bien es lo que está presente, la amistad no puede terminar, es duradera estable y firme, como sucede en grupos que buscan el crecimiento intelectual y moral cuando sus miembros son constructores de ideas por su trabajo en busca del Bien, de lo que es bueno trascendentemente, como sucede en Fraternidad y Justicia, donde trabajamos en el crecimiento intelectual.

El cristianismo hace decaer el concepto de amistad, dando paso a un nuevo concepto rector de la conducta humana: ama a tu prójimo como a ti mismo.

La amistad es la participación solidaria de personas en actividades, valores o bienes determinados; es comunidad entre individuos. Se halla en conexión con el amor y sigue sus formas, pero no se identifica con él, ya que en al amor existen además otros elementos que le caracterizan. La amistad se liga con la benevolencia, pero no es lo mismo, pudiendo existir entre los amigos solicitudes de ayuda o cuidados, y también puede generar piedad. Sin embargo, la benevolencia también puede dirigirse a personas desconocidas, o permanecer oculta, sin que esté presente la amistad.

Aristóteles concebía la amistad como una elección al decir que la amistad es comportarse con el amigo como consigo mismo, concepto muy cercano al de Lao Tsé, posteriormente difundido por el cristianismo como un concepto rector de la conducta humana.

¿Y a qué nos referimos cuando el 14 de febrero decimos “Feliz día del amor y la amistad” o “feliz día de san Valentín”? ¿Verdaderamente estábamos conscientes de aquello a lo que nos referíamos, o simplemente le seguíamos el juego a aquéllos que lo utilizan para darle juego a su mercado?

Mérida, Yucatán, 14 de febrero de 2018

JOSÉ OCHOA QUINTANA

Médico de profesión radicado en Mérida de Yucatán, es miembro del Grupo Liberal “Fraternidad y Justicia –Agrupación Cívica- y distinguido articulista y colaborador de “Letras Liberales” y del Diario del Sureste.

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