Lágrimas

By on octubre 5, 2017

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XI

L Á G R I M A S

Para Maruca

Fluido que vibra en la materia inerte

como el alma, invisible pero alerta,

que conduce y modela y no se advierte.

Con tu fina intuición, siempre despierta,

no te dejas sentir, asir, ni verte…

mas tu vida en la mía vive injerta.

I

Qué bien que doblóse el lirio

antes que pasara la hoz,

que bien que terminó el canto

antes de faltar la voz.

Hoy es distinto el paisaje

y distinta la canción.

Qué bien que voló el aroma

antes de morir la flor

y cerráronse los ojos

antes de apagarse el sol.

Qué bien que llevó en sus labios

la última vieja oración.

II

Era entonces un camino

y una luz que iba a través

de sombras que la pulían

realzando su brillantez.

(En la claridad sin límites

no hay derecho ni revés).

Hoy las máquinas descorren

los santos velos de ayer,

se ama y se piensa con máquinas

y a ellas se adapta la fe.

Que bien que voló a su estrella

antes que el nauta. ¡Qué bien!

III

Ella reclinó la frente

como la noche anterior,

y como todas las noches

¡sin zozobra, sin temor!

¡Zozobra y temor es duda;

serenidad es amor!

Jesús recoge en su viña,

sin prisas y sin dolor,

cuando está maduro el tallo,

y está dormida la flor.

La estancia quedó aromada

con rosas de Jericó.

IV

Tiene que existir el cielo,

Yo sé que existe… ¡lo sé!

¿Dónde, si no, tendrá premio

la bondad, dónde la fe?

Y sé que tiene un camino

por el cual ella se fue.

Espérame. Si merezco,

donde está, volverla a ver,

por ese mismo camino

hasta ella voy a ascender.

Aunque no más amplio y más claro,

no iré por otro… ¡no iré!

V

Soñé que un ángel me dijo:

“Con ella vas a perder

cuanto tienes y disfrutas.

¿Pides alguna merced?”

¿Con qué estuviera llorándola

hoy, sin lágrimas… con qué?

Marchitaría el recuerdo

como una planta con sed.

¡El lenguaje de las lágrimas

lengua de las almas es!

VI

Por eso, mientras los ojos

y el alma puedan llorar,

no habrá distancias ni muros,

ni ausencia, ni soledad.

(¡También al llorar se reza,

llora si quieres orar!)

El llanto el dolor depura,

y es dulce de recordar

lo que, tal vez, fue tortura

solamente por dudar.

¡Alto placer es el llanto

cuando se aprende a llorar!

Alfredo Aguilar Alfaro

Continuará la próxima semana…

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