La Puerta (XIX)

By on marzo 8, 2018

PUERTA_XIX

XIX

Sorpresa Mortal

El doctor Wolfgang Schenker y el astrólogo Mike Fontanot fueron bajados de los helicópteros que habían aterrizado en un portaviones a pocos kilómetros de aquella escondida isla.

Sin brusquedad, pero con firmeza, fueron conducidos por un numeroso grupo de comandos al interior, para abordar un enorme elevador por el que descendieron por varios minutos.

Al ingresar a aquella especie de bunker secreto, pudieron ver a un militar de muy alto rango que gritaba airadas órdenes a sus subalternos.

“Pero, General, los SEAL ya rindieron su declaración, no tenemos mayores detalles de la operación y…”

“¡Me importa una mierda lo que usted piense!,” cortó de tajo el mandamás al sargento, que guardó silencio de inmediato. “‘¡Quiero aquí mismo al sargento Caldwell y al comando Chávez de inmediato! Y cuando digo de inmediato es ¡AHORA! ¡No mañana, cuando el apocalipsis ingrese por alguno de esos malditos portales! ¡No pasado mañana, cuando todos los aquí presentes estemos muertos! ¡No en tres días, cuando toda forma de vida en el planeta se extinga! ¡NOOOOOOOOO! ¡ES AHORA! ¡AHORA! ¡AHORA!”

“¡Sí, general!”

Schenker y Fontanot fueron sentados en unos austeros muebles, de frente al militar que permanecía de espaldas a ellos, observando aquella enorme pantalla, mientras fumaba un habano que destilaba aroma a Cohiba.

De pronto, manipuló los controles para enseñarles a los prisioneros imágenes en video grabadas seguramente por un dron: Yuri y Vanessa de pronto se hacían invisibles tras manipular una especie de pulsera… Así que los únicos capturados fueron ellos dos.

“Doctor Schenker, señor Fontanot,” inició, “no estoy seguro si realmente entienden las dimensiones de todo lo que ha ocurrido, está ocurriendo y podría ocurrir… En realidad, el motivo por el que ambos aún siguen vivos es mi desmedida curiosidad. Sí, mi curiosidad por saber si aún pueden serme útiles.”

El doctor Schenker dirigió una mirada retadora en dirección a donde deberían estar los ojos del general quien giró en su silla para enfrentarlos. La luz del sol entró a la habitación por su espalda. La luz deslumbrante les impedía observar el rostro; les era imposible advertir sus facciones.

“General, para saber si morimos o vivimos, necesitamos entender a qué se refiere con el concepto ‘dimensiones de todo’. Soy científico, pero lo que he vivido en los últimos meses, y sobre todo en las últimas horas, han puesto a prueba mi raciocinio, mi buen juicio, e incluso mi vocación científica. Así que, ¡¿por qué no nos dices, perfecto hijo de puta, qué carajos quieres de nosotros?!’

El disparo se escuchó seco, pero dejó un profundo eco.

El general acababa de ejecutar al alemán ante el azorado rostro de Fontanot, que ahogó un grito de indignación tan solo gracias a su instinto de conservación.

“Okey. Ahora solo queda usted, Mike. Creo que he dejado claro mi punto: a diferencia del difunto Collins, yo soy más práctico, e incluso admito que disfruto matando. Ahora es momento de que usted pruebe que aún merece vivir. Así que, dígame: ¿dónde están Vera y Yuri? ¿Dónde está el señor Thompson?”

Los comandos solicitados por el general irrumpieron a la habitación.

El militar se dirigió al aterrado Fontanot.

“Mike, Mike, Mike… Piensa bien en tu respuesta, medítala mientras atiendo a mis subalternos frente a ti, para que así refuerce la dimensión de mi personalidad y la seriedad de mis planteamientos…”

El miedo le recorría la columna y erizaba su piel. Mike Fontanot no alcanzaba a descifrar el rostro de aquel siniestro personaje; su voz le parecía levemente conocida, pero no alcanzaba a encajar las fichas del rompecabezas que su mente desplegaba. Así que se limitó a observarlo.

A escasos 4 metros de su lugar, los comandos y el militar se aprestaban a hablar. Sin embargo, la luz que les pegaba de costado impedía que definiera sus expresiones.

El Sargento Caldwell tomó la palabra: “Aseguramos a los prisioneros, solicitando a la central que vinieran para extraernos de esa maldita isla. Me comuniqué con Chávez, quien se quedó en la retaguardia. Le ordené que regresara de inmediato al punto de salida; él me reportó que los reptilianos enloquecieron, atacando a todos los que se encontraban alrededor del perímetro donde aquella campana se había materializado. Se vieron obligados a abrir fuego contra ellos, así que todo se volvió un caos. Chávez estaba entre los comandos que lograron regresar justo a tiempo para salir de allá en los enormes helicópteros que llegaron por nosotros. En el enfrentamiento, la agente especial Thompson y el hacker Yuri Plancarte desaparecieron; solamente pudimos asegurar a Schenker y Fontanot.”

El Comando SEAL Domingo Chávez continuó: “‘Los hijos de puta reptilianos iniciaron un frenesí de violencia realmente demencial; incluso se atacaban entre ellos mismos, devorándose unos a otros y… lamentablemente también a Williams y Murphy, ya que no pudieron salir de aquella orgía de sangre y vísceras que surgió de pronto. En el centro de las puertas surgieron luces intensas que cegaron a casi todos; a nosotros nos protegieron nuestros lentes especiales. Apenas pudimos percibir cómo Thompson, Muraki y el otro reptiliano hijo de puta desaparecían en una espiral ascendente, como si un tornado los abdujera hacía el cielo…”

El general se acercó para poner su mano izquierda en la mejilla del soldado, parecía que para brindarle apoyo… Pero en un movimiento relámpago lo tomó del cuello, y con la derecha le atravesó el pecho con la hoja de su cuchillo de campaña.

“‘¡Así que reptilianos hijos de puta!” gritó el general, mientras terminaba de despedazar el cuerpo del pobre tipo, salpicando de sangre a su alrededor.

Fue entonces que volteó a ver a Fontanot que, horrorizado, reconoció a Collins, o al menos a quien creía lo era…

“¿Sorprendido, Mike? No deberías estarlo. Después de todo, soy solamente un holograma o, mejor dicho, un modelo de holograma de este personaje. En realidad, mi verdadera identidad es más siniestra, sobre todo para tu especie, a la que la mía, la reptiliana odia profundamente. Ustedes para nosotros son simple ganado, nuestro alimento ancestral, el postre que por milenios hemos degustado. Pero regresemos a la pregunta que te planteé: ¿dónde están Yuri y Vera? ¿Dónde están? Dímelo, Mike, dímelo ya. O te juro ¡¡QUE DEVORARÉ TU PUTA CABEZA!!              

++++++++++

Chuck Thompson recobró el conocimiento con una migraña tan extrema que sintió su cabeza estallar. Lanzó un grito ensordecedor y solo entonces se comenzó a despejar su mente. Intentó entonces comprender lo que había pasado y, sobre todo, descubrir en dónde demonios estaba.

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ALPASO

riczeppelin@gmail.com

 

Continuará la próxima semana…

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