La Puerta (V)

By on diciembre 1, 2017

LA_PUERTA_V

V

Collins convocó a una reunión tan pronto supo del acontecimiento en Mérida, Venezuela. Vera y su tío Chuck, Schenker y Fontanot, ambos grupos sostenían conversaciones por separado en la habitación del bunker en donde estaban alojados –que había sido construido por los estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, junto con la pista de aterrizaje del aeropuerto de Mérida, Yucatán, y que hasta ese momento había permanecido en secreto–, mientras un enfurruñado Yuri se ahogaba de impaciencia y fastidio, pues le habían prohibido cualquier contacto con aparatos electrónicos, dada su proclividad a usarlos como herramientas de subversión, cuando él las veía como simple diversión.

El general entró fumando un grueso habano, escoltado por dos marines de gesto adusto que cerraron las puertas metálicas tras ellos, adoptando poses de alerta y las manos cercanas a sus pistoleras, mientras barrían con la mirada a los asistentes, y sus dedos acariciaban el seguro de sus automáticas.

“Ah, qué gusto verlo de nuevo, Chuck,” dijo mientras esbozaba una media sonrisa que no contenía nada de afabilidad. “¿Ha disfrutado su estancia en Chelem?”

“¿Cómo sabe que vivo en Chelem?” preguntó con un dejo de indignación y temor Thompson. “¿Quién es usted?”

“Ahórrese las preguntas, Chuck, y todos ustedes también. Están bajo mi control, y su utilidad está constantemente bajo cuestionamiento, mío y de mis superiores. Así que les recomiendo dejarse de jueguitos y de posturas de diva. En especial usted, Yuri: no crea que está a salvo. Nada me haría más feliz que despacharlo al otro mundo, ahora que lo tengo a mi alcance. Usted y Thompson han entorpecido mi trabajo en más de una ocasión con sus teorías fantásticas y ese afán de comunicar lo que el mundo no está preparado para saber,” dijo con molestia el general. Paseó la mirada, observando atentamente las reacciones en los rostros, y chupó su maloliente cigarro.

“Espero su absoluta colaboración, y la de todos los demás, en este asunto,” continuó. “Estarán incomunicados del mundo exterior mientras no me logren responder dos preguntas muy sencillas: ¿qué hacen esas puertas en las tres Méridas y qué es lo que esconden?”

“Tienen exactamente tres días para contestar las preguntas. En caso de que no sean capaces de darnos las respuestas, mis instrucciones son sencillas: las desbarataremos de cualquier manera. Y estoy autorizado para usar, de ser necesario, armas ‘no convencionales’,” rio Collins detrás de la nube de humo que se desprendía de su puro. “Así que les recomiendo que pongan a trabajar, porque ustedes estarán junto a esas puertas en tres días, y no necesito decirles que eso pudiera tener consecuencias graves para su salud e integridad.”

“Seguramente sus instrucciones no nos atañen, General Collins, ¿no es verdad?” preguntó Schenker.

Collins lo abrazó afablemente y, mirándolo a los ojos, le preguntó glacialmente: “¿Qué parte de “ustedes estarán junto a esas puertas” no se entendió, Doctor?”

“Pero por qué incluirnos a nosotros, si hemos estado trabajando con usted desde la primera aparición,” gimoteó Fontanot.

“No soy dado a explicar mis acciones a nadie que no sean mis superiores, pero responderé por única ocasión a esta interrogante, para dejarles algo muy en claro. Solo hay dos escenarios posibles dentro de tres días: ustedes descifran el misterio y se convierten en héroes…”

“¿Y el segundo escenario?” inquirió Yuri.

“O se convertirán en cadáveres.”

Con una inclinación de cabeza, los marines abrieron las puertas y esperaron que los adelantara Collins. Antes de cruzar el umbral, el general se dio la media vuelta y, sonriendo a Vera, le dijo: “Eso también te incluye, por si te lo estabas preguntando. ¡Buena suerte a todos!”

La puerta metálica no fue capaz de dar respuestas a las incrédulas miradas, mientras las palabras y el apestoso olor del cigarro puro de Collins flotaban en el ambiente.

++++++++++

Carlos Robertos regresaba de dar un servicio de transporte en su Uber prestado. Estaba agotado después de una larga jornada. Manejaba frente al Ayuntamiento de Mérida rutinariamente, porque se imaginaba que podía ser famoso si algo ocurría mientras pasaba frente a la Puerta en la Plaza Grande, y lo alcanzara a atestiguar.

Decidió arriesgarse y, aprovechando que la guardia estaba relajada, logró introducirse con su vehículo dentro del cerco de vigilancia. Estaba listo para ser famoso.

Así fue: la Puerta se abrió justo cuando él pasaba frente a ella. Por una fracción de segundo alcanzó a ver lo que había detrás de ella. Su mirada desorbitada envió una señal al cerebro, guardando en sus neuronas esa impresión.

Fue su último registro…

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“Es un idiota,” dijo Yuri. “Y nos ha dejado una tarea ingrata que es imposible.”

Schenker y Fontanot, junto con Vera, no alcanzaban a asimilar aún la traición de Collins.

Chuck tomó entonces la palabra y les dijo: “Despreocúpense. En mi ya larga trayectoria de investigador me he topado con una infinidad de bullies en uniforme, en diferentes regiones del mundo, y todos son iguales: gente que con un poco de poder se sienten dueños del universo. Al final de cuentas, tan solo buscan intimidarnos; pero, en realidad, están llenos de pavor por las cuentas que sus jefes les exigen, y ninguno de ellos estaría dispuesto a llegar a los extremos que indican, tan solo porque habrá un amplio número de espectadores.”

“No estaría tan segura de eso, tío Chuck,” comentó Vera. “El general Collins es famoso por su crueldad.”

“Incluso si así fuera, prefiero ver esta situación como la mejor oportunidad de aprender y descifrar este enigma. Espero que así lo vean todos,” dijo Chuck.

Como si despertaran de un sopor, el espíritu y la curiosidad científica de Schenker y Fontanot los hizo sobreponerse.

“Eso está mejor,” celebró Thompson. “Por favor, pónganme todos al tanto de lo que ha sucedido. Yuri, comencemos contigo.”

Uno por uno, los detalles de las apariciones de los portales, el inexplicable comportamiento de Fadrique, y los fenómenos asociados a cada uno de los eventos, todo fue hecho del conocimiento del veterano investigador. Thompson asentía y los animaba a agregar detalles, mientras se iba formando una idea en su cerebro.

Chuck agregó su propia experiencia en la playa a lo que le habían informado, ante el asombro de Fontanot, quien lo cuestionó abundantemente sobre los detalles de lo que había observado en el cielo antes de perder el conocimiento.

“Veamos con qué información contamos entonces: tres portales –antes que puertas, creo que todos coincidimos en que son eso: portales hacia algo, o que dejarán pasar algo– han aparecido uno detrás de otro, en cada una de las Méridas reconocidas, acompañados con alteraciones del continuo espacio-tiempo, además de una extraña manifestación astronómica que estoy seguro se habrá presentado cerca de los lugares de aparición de los portales, y a ello debemos agregar la extraña muerte de la compañera de Fadrique, así como el lamentable estado mental del científico y su obsesión por su hijo desaparecido.”

“Es correcto, Chuck. Esa es la información con que contamos; de manera muy sucinta, pero ese es el panorama,” dijo Schenker.

“Hay un elemento que no encaja en todo lo que ha sucedido, ¿se dan cuenta?”

“¿A qué te refieres, tío?”

“Al motivo por el cual me llamaron: las heridas de Fadrique y su relación con mis investigaciones sobre los sumerios con Irene. Después de revisar las fotos, creo que podemos descartar que tienen algo que ver con eso y, en cambio, estoy listo para ofrecerles una nueva teoría. ¿Les parece?”

 Yuri, que hasta ese momento se había mantenido alejado del grupo, levantó la cabeza, finalmente atrapado por las palabras de Thompson.

“Observen que la herida está en el centro de la frente, entre ambas cejas, para ser exactos.”

“¿Y eso qué significado tiene?”, soltó Yuri.

“¿Alguno de ustedes ha leído a Lobsang Rampa?” dijo sonriente el anciano investigador.

Las atónitas miradas de los que se encontraban en el bunker le dieron la pauta a Thompson para continuar.

“Son ustedes demasiado jóvenes, tal vez. Lobsang Rampa se hizo famoso en los años 70 del siglo pasado cuando publicó una serie de libros sobre las habilidades de los monjes tibetanos, en particular de lo que ellos llamaban “El Tercer Ojo”, con lo cual lograban acceder y utilizar el vasto potencial, inexplorado aún, de nuestro cerebro. Entre esas habilidades se encontraba también la posibilidad de transportarse entre dimensiones…” deslizó Thompson en la mente de su audiencia, y guardó silencio mientras todos evaluaban las implicaciones de sus palabras.

“Ese ‘Tercer Ojo’ se localizaba precisamente entre los ojos, justo en donde se aprecia esta herida sobre la frente de Fadrique…”

++++++++++

Las primeras grietas sobre la superficie de los portales aparecieron a nivel molecular. Un estado alterado de los átomos provocó un desdoblamiento de la materia, transmutando en energía calórica.

El proceso, lento pero constante, continuó.

Pequeñas y aún imperceptibles volutas de humo comenzaron a desprenderse de la superficie del portal.

Al ritmo de desdoblamiento observado, y dadas las dimensiones del dispositivo, las primeras grietas visibles se presentarían en menos de 24 horas…

[Continuará]

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Alpaso

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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