La Perfecta Espiral, de Héctor de Mauleón

By on diciembre 28, 2017

Libros

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Héctor de Mauleón es principalmente famoso por dos razones, al menos hasta donde he podido adentrarme en su trabajo: por sus, a veces descarnadas y crudas, siempre llenas de datos verificables crónicas investigativas sobre muchas de las cosas que andan mal en nuestro país en su columna en El Universal y, en particular, por la segunda de las razones por las cuales lo reconozco, su inmenso amor por la Ciudad de México y sus rincones llenos de historia y humanidad.

De Mauleón siempre ha defendido a capa y espada las antiguas construcciones de la Ciudad de México cuando alguna autoridad o particular amenaza con aplicar la picota para demolerlas en sus desmedidos afanes de “modernización”; similar defensa ha emprendido contra grupos delincuenciales que se han apropiado de edificios con valor histórico, desbaratándolos al convertirlos en sus guaridas y centros de vicio, labor que le ha acarreado un sinnúmero de amenazas hasta de muerte; y también hemos leído sus remembranzas sobre la antigua Ciudad de México –está considerado como una autoridad en el tema–, palpando su dolor cuando constata que un sitio, y la historia que lo revestía, ha desaparecido por omisiones y descuidos de tantos que se han aprovechado de la otrora gran Tenochtitlán. Conduce un programa de televisión semanal –El Foco– que no alcanza a ser transmitido por nuestros lares, pero que es el vehículo con el cual narra y presenta los jirones de enseñanzas e historia que guardan esos lugares en la ahora llamada Ciudad de México, recorriéndola en ocasiones, para acentuar la importancia que poseen.

Me hacía falta conocer a Héctor de Mauleón en una faceta: la de escritor de ficción. Así pues, La Perfecta Espiral ha fungido como un excelente medio para conocer las dotes narrativas de este que es un incansable investigador, admirable por su vehemencia y arrojo. Y, como en las otras facetas que conozco de él, no me ha defraudado.

En La Perfecta Espiral, una colección de nueve cuentos breves, De Mauleón no alcanza a desprenderse de ese cariz histórico en el que se desenvuelve tan a gusto y es tan conocedor, y sin embargo lo usa para presentarnos historias en las que, a pesar de su naturaleza misteriosa, es palpable su amor por las cosas antiguas, por las costumbres, por los eventos que las rodean. O sea, mezcla uno de sus amores con historias imaginativas que satisfacen al lector e incluso lo hacen releer algunos párrafos para asegurarse de que se captó adecuadamente la intención y el desenlace.

La Perfecta Espiral, cuento que da nombre al libro, narra un ciclo histórico cuyo desenlace posiblemente no traiga nada bueno para su protagonista; en Corriente Secreta, tenemos una historia de renacimiento que se enlaza con el pasado a través de la experiencia onírica; en Ciudad Dormida, la agraviada ciudad despierta para cobrar una afrenta mayúscula: su horadación para construir más líneas del Metro; en El Espejo, el autor nos presenta uno antiguo que presenta una particularidad y que, por lo tanto, requiere ser llevado a reparar por un “espejero”; en Caleidoscopio, tenemos un horror primigenio que se mezcla con el mito de Pigmalión; Apertura es, a mi juicio, el mejor cuento de todos al empalmar una línea telefónica con un suicida enamorado del pasado; La Noche del Túnel y El Norte Ignoto son asomos al pasado, el segundo cruzando las líneas del tiempo; el libro concluye con El Cielo de Antes, una historia de amor no consumado a lo largo de los años, que trasciende más allá de la tumba.

Decía que De Mauleón no decepciona y así es: sus narraciones transpiran historia y amor por tiempos que poco a poco van desapareciendo, sin por ello dejar de ser hasta cierto punto bizarras, lo cual mantiene el interés. Adicionalmente, son historias que hacen pensar al lector, y eso siempre ha de agradecer a un autor.

La Perfecta Espiral seguramente será una excelente adición a cualquier biblioteca, no solo por la temática, sino porque es el trabajo de un enamorado de la Historia que nos comparte su amor y nos invita a observar, y sobre todo a apreciar, lo antiguo, el origen del cual venimos, en un intento de interesarnos como a él.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

 

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