La neurociencia detrás del amor y la amistad: la “Oxitocina”

By on noviembre 17, 2017

“No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.”

Albert Camus

Desde tiempos inmemoriales se ha querido definir lo que es el amor, qué lo origina y en dónde tiene lugar.

Desde tiempos inmemoriales se ha querido definir lo que es el amor, qué lo origina y en dónde tiene lugar.

El amor y los lazos de amistad son conceptos tan complejos de definir, pero vividos con intensidad, e involucran una serie de factores sociales, psicológicos y biológicos que en conjunto nos permiten experimentar una de las mejores sensaciones: el enamoramiento.

Desde las épocas antiguas, alrededor del año 450 a.C. con Hipócrates, se ha dicho que “El amor es una emoción y nace en el cerebro”, pero con el paso del tiempo se han generado distintos esquemas en la humanidad, llegando hasta el año de 1990, y desde entonces se acepta que “EL AMOR ES UN SENTIMIENTO QUE SE EXPRESA A TRAVÉS DE UNA EMOCIÓN QUE NACE EN EL CEREBRO”, según neurobiólogos, neurofisiólogos y neurosiquiatras.

Afirmaba el escritor español Lope de Vega que “La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación.” Y la razón de que el amor sea una experiencia tan completa es gracias a los neurotransmisores presentes en el cerebro. Los neurotransmisores son sustancias responsables de mandar impulsos a todo el cuerpo para realizar distintas funciones necesarias para la supervivencia; entre ellas la capacidad de amar y crear lazos de fraternidad.

El amor a nivel cerebral

La idealización de la pareja, característica de las primeras etapas del enamoramiento, parece estar respaldada con cambios en el cerebro. Recientes estudios en la Universidad Collage de Londres captaron imágenes de cerebros enamorados y concluyeron que, ante la visión del ser amado, las áreas encargadas de realizar juicios sociales y de someter a una valoración al prójimo se inactivan, volviéndonos “ciegos de amor”. Cuando se compararon las imágenes de resonancia magnética entre los participantes del estudio encontraron que, cuando una persona enamorada ve la foto del ser amado y la compara con un sujeto neutral, se le activan áreas del cerebro. Esto hace que la persona enamorada actúe de forma extraña, pierda el juicio, todo le parezca perfecto y experimente menos dolor.

La oxitocina, la hormona del amor y la conducta prosocial

La oxitocina es un oligopéptido compuesto de nueve aminoácidos. Se descubrió a principios del siglo pasado y fue sintetizada por el bioquímico Vincent Du Vigneaud de forma artificial en 1953. Desde entonces se ha estudiado su papel en apartados tan importantes de nuestra vida como el de nuestras relaciones sociales. Sin embargo, tal y como nos explican en un trabajo publicado en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews, este último dato es mucho más complejo de lo que podríamos pensar en un primer momento porque en las relaciones afectivas se añaden muchos otros componentes, muchas dinámicas a esa receta de neurotransmisores donde la oxitocina cumpliría un papel muy concreto.

La oxitocina fue descubierta a principios del siglo pasado y desde entonces se le ha relacionado con los afectos y las relaciones interpersonales, incluyendo el amor en sus diferentes manifestaciones.

La oxitocina fue descubierta a principios del siglo pasado y desde entonces se le ha relacionado con los afectos y las relaciones interpersonales, incluyendo el amor en sus diferentes manifestaciones.

La oxitocina ayuda a establecer lazos duraderos, pues estimula la creación y estrechamiento de vínculos de afecto, rompe la ansiedad, estimula la ternura y el cuidado, y produce sensación de calma. En las mujeres, estimula las contracciones uterinas en el trabajo de parto y las glándulas mamarias para la producción de leche; además este neurotransmisor, según la BBC y estudios de la Universidad de Zurich, es la capacidad del ser humano de poder confiar en el prójimo en relaciones amorosas, amistades o transacciones de negocios. Algunos podrían preocuparse ante la posibilidad de que operadores políticos lancen grandes cantidades de oxitocina en los mítines de sus candidatos, señala el Dr. Antonio Damasio.

Si la generosidad, el cariño, la confianza y la compasión se regulan por la oxitocina, entendemos sin duda por qué se la suele llamar tan a menudo “la hormona de la humanidad”. Sin embargo, no podemos olvidar un dato muy importante: también en el reino animal las madres atienden y defienden con su vida a sus crías, también su comportamiento está regulado por la oxitocina. De hecho, se sabe que entre los perros y los humanos se establece un vínculo prodigioso, y a instantes mágico, regulado por esta misma hormona.

Se sabe que la relación de afecto entre perros y humanos se debe en gran parte a la oxitocina, hormona presente en ambas especies.

Se sabe que la relación de afecto entre perros y humanos se debe en gran parte a la oxitocina, hormona presente en ambas especies.

El proceso del enamoramiento reduce la serotonina, la feniltetilamina activa la segregación de dopamina y produce oxitocina. Tal mezcla de compuestos hace que los enamorados permanezcan horas haciendo el amor, conversando sin cansancio y necesitando al otro como una droga, y su capacidad para juzgar se reduzca.

Cuando una pareja tiene contacto sexual, los niveles de dopamina y oxitocina aumentan y cuando esta última se combina con estrógenos la mujer se siente más cariñosa y conservadora. Se relaciona con el apego y tiene que ver con la acción de pensar en la otra persona y adoptar actitudes similares a ella, proporcionado estabilidad. Al igual que en un abrazo, un apretón de manos, una caricia en el cerebro se libera oxitocina.

Durante las relaciones sexuales, los niveles de dopamina y oxitocina aumentan, y al combinarse con el estrógeno originan que la mujer se sienta más cariñosa.

Durante las relaciones sexuales, los niveles de dopamina y oxitocina aumentan, y al combinarse con el estrógeno originan que la mujer se sienta más cariñosa.

La oxitocina en el cerebro también produce la confianza en un pequeño bebé al cual la madre le da desde en el momento de su nacimiento, acariciando, amamantando, abrazándolo y dándole cariño lo cual lo llena de energía y hace que produzca esta sensación. Como podemos notar, la oxitocina no solo trabaja en la parte de un amor erótico, sino también de un amor filial hacia nuestra familia y amigos, entre otros seres amados.

Estudios realizados por la investigadora Vilma Teresa Pinzón Fajardo, de la Universidad Nacional de Colombia, concluyen que “la oxitocina es el bálsamo que lubrica su amor en madurez”, esto se da cuando una pareja se conoce a fondo y crea un vínculo más fuerte entre los dos sujetos hasta la muerte.

Ahora sabemos que esta sustancia química es el motor que enciende y da forma a gran parte de nuestras conductas prosociales, tales como la empatía, la confianza, la amistad, la generosidad o el altruismo. Asimismo, cumple una función básica en nuestros centros de recompensa dopaminérgicos: es ella quien, por ejemplo, genera el placer durante los orgasmos. Ahora bien, dadas estas características, no falta quien da por sentado que la oxitocina es la responsable de esos vínculos románticos tan intensos y significativos en una relación de pareja.

Cuando estamos enamorados y sentimos esa pasión más intensa, caótica y casi obsesiva, la oxitocina actúa como gran desinhibidor. Los científicos dicen que lo que provoca esta hormona en nuestros circuitos neuronales es similar a que provoca el alcohol: nos anima a arriesgarnos, a confiar en nosotros mismos y a no ver los posibles peligros o implicaciones que puede tener esa relación, aunque sea dañina, aunque sea tóxica. No falta quien reconoce en este efecto un lado quizá algo “oscuro” en la oxitocina, pero aun así da forma a un matiz aún más fascinante.

La oxitocina es una hormona poderosa la cual, si se llega a abusar, podría traer una desventaja en el entorno: podría ser que individuos con una gran capacidad de persuasión induzcan al público con esta gran arma puesto, como se dice en el ejemplo anterior, estas personas pueden hacer producir grandes cantidades de Oxitocina, llegando a tener mucha confianza en el sujeto; además, esto puede reducir ansiedades sociales.

Al igual que el alcohol, la oxitocina actúa como un deshinibidor, produce que los sujetos se arriesguen a empezar una relación sin medir las consecuencias.

Al igual que el alcohol, la oxitocina actúa como un deshinibidor, produce que los sujetos se arriesguen a empezar una relación sin medir las consecuencias.

Por tanto, más que etiquetarla como la hormona del amor o la humanidad, es más bien una sustancia próvida, porque gracias a ella nos conectamos entre nosotros, con otras especies, con nuestro entorno e incluso con nosotros mismos, para coexistir en mayor armonía, comprendiendo que el afecto, el altruismo, el cuidado y el autocuidado garantizan la supervivencia.

Oxitocina y relevancia en el autismo

En mayo de 2012, un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale presentó los resultados preliminares de un estudio a gran escala sobre los efectos de la administración de oxitocina. Los investigadores realizaron un estudio doble-ciego, controlado con un placebo, en niños y adolescentes de 7 a 18 años con TEA. La oxitocina se administraba también con un spray nasal y su efecto se medía con resonancia magnética funcional.

El equipo encontró que la oxitocina aumenta la actividad cerebral en áreas que trabajan en el procesamiento de la información social. Esta activación va unida a tareas que implican rutas de procesamiento de información sensorial tales como  ver, oír y procesar información relevante para entender a otras personas.

Las investigaciones y hallazgos con esta importante hormona nos abren una ventana de posibilidades para entender nuestras emociones y la importancia de los lazos sociales entre personas y animales de otras especies, ayudando inclusive en condiciones tan desconocidas y que van en aumento como lo son el autismo.

Más que ser una sustancia relacionada con el amor o el sexo, la oxitocina nos conecta entre nosotros, con otras especies y nos ayuda a desarrollar sentimientos de afecto, altruismo y el autocuidado personal.

Más que ser una sustancia relacionada con el amor o el sexo, la oxitocina nos conecta entre nosotros, con otras especies y nos ayuda a desarrollar sentimientos de afecto, altruismo y el autocuidado personal.

“No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.”

Antoine de Saint-Exupéry

 

Facebook: Psicóloga Jimena Báez

Psicología Clínica

Artículo realizado en colaboración con:

Br. Mara Loreli Zuñiga Pech

Br. Gibran Ballina Pascual

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