La Indomable y Hermosa Cuba (VIII)

By on diciembre 1, 2017

ATISBANDO CUBA

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Mi regreso de Guantánamo a La Habana fue por Cubana de Aviación, en un avión Iliushin de fabricación soviética. Mi asiento del lado derecho me permitió ver todo el litoral sur de la isla, y la mejor vista fue nuestro paso sobre la Bahía de Cienfuegos y su ciudad, hasta el aeropuerto “Martí” en Boyeros.

Descanso en casa; almuerzo de congrí y merluza, cascos de toronja, acompañado de batido de mango y café, sobremesa y salida a caminar. Bajamos de 15 y sobre Paseo llegamos al Malecón, donde se encuentran los Hoteles Riviera y Cohiba; este último de cinco estrellas y el más nuevo de esa zona, y a caminar para ver el ocaso y disfrutar la brisa en el mejor paseo a la orilla del mar en La Habana, caminar sus siete Km. de longitud.

Durante el trayecto podemos encontrar un abanico de edificios del Siglo XX, en una mezcla de estilos arquitectónicos como el Art Deco de conceptos arquitectónicos neo-moritanos, pintados en tonos pastel amarillo y rosa, por lo cual puede ser un deleite para los aficionados a la fotografía, especialmente durante la puesta del sol.

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Este malecón fue construido en su costa norte por el ingeniero cubano Francisco de Albear –“El Señor de las Aguas– pero por falta de presupuesto no lo pudo concretar el Ayuntamiento de la ciudad; entonces, el Gobierno de Estados Unidos, por motivos de higiene y salubridad para la isla, apoya para que se continúe el primer tramo desde lo que hoy es el Paseo del Prado hasta la calle Crespo de 1901 a 1902. Fue terminado por los gobiernos de Carlos Prío Socarrás y de Fulgencio Batista.

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El Malecón conecta la Vieja Habana Colonial con el Vedado con sus seis carriles, siendo un paseo obligatorio que todo el mundo debe disfrutar. Visitarlo cuando la marea está agitada es todo un espectáculo ya que sus aguas traspasan el muro de contención con olas de hasta 6 mt. de altura, invadiendo más allá del muro, como sucedió en marzo del 2010.

Sobre su murete de contención se descansa para ver bañarse a los críos, a las parejas abrazarse para ver la puesta del sol, ver el paso de los barcos por su bocana y disfrutar los cañonazos desde el fuerte del Morro, para, en el recorrido de regreso, poder visitar los espectáculos del mejor nivel en sus cabarets, como “El Parisién” del Hotel Nacional, el “salón Rojo” del Hotel Capri; el Copa Run del Hotel Riviera; el del Hotel Cohiba; o escuchar música de Jazz en la Glorieta del Riviera y otros paladares selectos en esa zona, almorzar en el 1812 en un ambiente aristocrático y colonial, o en Malecón e Infanta en el bar del Hotel Dauville, a tomar un daiquiri, un mojito, o un ron strike, con música de piano, batería y bajo, y tener un micrófono a tu disposición, para “descargar” –como dicen en Cuba- y sacar al artista que llevas dentro.

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Sobre el Malecón puedes llegar hasta la Iglesia de Paula, que ahora es museo y escenario de conciertos y reconocimientos artísticos. Recuerdo gratamente que hace 18 años asistí invitado a eventos inolvidables, primero por la compañía: el Dr. José Loyola Fernández, Presidente del Festival “Goleros de Oro” –el evento musical más importante sobre este género musical en Latinoamérica–, Pablito Milanés – el músico más importante de la “Nueva Trova Cubana” y su hija; el Lic. Humberto Rodríguez Manzo (+), que me llevaron a gustar del Cincuenta Aniversario de “Los Muñequitos de Matanzas”, en una tarde maravillosa de la rumba y su música sincrética que llevaron a los bailadores a un frenesí rítmico religioso hasta la catarsis; para posteriormente caminar hasta la “Bodeguita del Medio”, donde cenamos un arroz congrí, plátano frito y masas de cerdo, y de postre pan con timba –una galleta con queso y pasta de guayaba de Sancti Spíritus.

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Cómo no disfrutar Cuba; un país hospitalario lleno de cultura e historia. El Malecón habanero, como todos los malecones, tiene sabor a mar, brisa agradable, paisaje onírico, pero este se extiende desde La Habana Vieja y llega hasta la desembocadura del río Almendrares. Como el tramo es largo, puedes tomar un coco-taxi y disfrutar la brisa.

A continuación, entraremos pasando Tropicana, el puente de Almendares, para llegar a Marianao, y recordar esta bella ciudad, para mí llena de gratos recuerdos musicales.

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Bibliografía

http://malecon-habana.blogspot.mx/

ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA

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