La Humanidad en Peligro

By on octubre 12, 2017

Editorial

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La Humanidad en Peligro

La vida humana en la Tierra tiene registros de varios miles de años, contrariamente a la existencia del universo, cuya edad es desconocida, pero se estima en millones.

Dentro de ese contexto a nuestra Tierra, llamémosla así aunque cada día es menos nuestra y más de sus explotadores, la perforan para extraer petróleo, o la destruyen para buscar metales, y ha venido siendo históricamente agredida por los hombres, justificadamente en los principios por la necesidad de alimento, protección ante un ambiente hostil, animales peligrosos y la necesidad de sobrevivir.

Abrigo y alimentación de supervivencia siempre han estado justificados históricamente. No es así cuando las pasiones humanas, el afán hegemónico de unos sobre los otros, han dado lugar a luchas permanentes por el mando y dominio de territorios ajenos.

El comercio vino a ser una manera idónea de convivir, intercambiando productos entre grupos humanos y países formados, pero de ninguna manera pudo convertirse en la forma definitiva de vivir, compartir y sobrevivir.

Ambiciones desatadas en lo interno de las sociedades, o entre grupos de distinta ubicación geográfica, han sido parte de las historias registradas en guerras, ya sea por territorios, o por riquezas, o por obtener mano de obra esclava. No evitemos registrar la ambición de gobiernos por prevalecer, fuera por color o raza, sobre otros grupos humanos y países.

De todo esto, la víctima ha sido siempre e invariablemente la Tierra, ensangrentada por las luchas, explotada por las ambiciones, víctima inocente de la destrucción por las armas cuyo poder destructivo de manera creciente ha evolucionado.

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Vivimos ahora en una época en que las condiciones climáticas varían con el deshielo de los polos, el enrarecimiento del aire, la contaminación de las aguas, el genocidio sobre la vida vegetal y animal, la producción creciente de desechos, muchos de ellos tóxicos, etc.

Las plutocracias mundiales, o estatales, internacionales, y hasta locales, llegan ahora al despojo de tierras productivas cuando los millonarios se tornan ejidatarios. El campo es víctima pasiva de la contaminación de los mantos freáticos o su uso es abusivo, para incluirla en productos terminados, convertida en materia prima distribuible a nivel mundial.

En aras del “progreso” se daña a la Naturaleza, y esta responde y exhibe los daños sufridos cuando asoman los terremotos, tsunamis, la desaparición de especies, la gravedad de los cambios atmosféricos que dan lugar a huracanes cada vez más erráticos cuya magnitud aumenta, atacando con fuerza inesperada poblaciones, puertos y ciudades, dejando dolorosas huellas de su paso: muertes, destrucción, incomunicaciones graves, y desaparición de infraestructuras y viviendas.

Y de estos fenómenos nefastos, quienes sufren y padecen verdaderamente por los huracanes, terremotos, tsunamis, calentamiento global, etc., son las clases medias y humildes, porque los poderosos, los prevaricadores del capitalismo vigente, no solamente no se sienten perjudicados, sino que en la desgracia ajena ven la oportunidad de acumular billetes adicionales y participar en las reconstrucciones o la reposición de bienes y servicios.

Va siendo hora de que quienes habitamos este planeta reflexionemos sobre estos temas y unamos propósitos y acciones correctivas.

No más contaminación, no más desechos tóxicos, no más energía atómica que, en pruebas de uso, afecta y contamina la atmósfera. No más humos tóxicos, cesen sus acciones las industrias contaminantes, basta de semillas transgénicas, fertilizantes químicos, drogas que generan violencia.

En manos de todos, pero especialmente de los gobiernos omisos, se espera el cumplimiento de sus deberes para la población; de los ricachones ignorantes se espera la detención de sus abusos que se acumulan a una catástrofe mundial que puede acabar en pocos instantes con el género humano.

La Naturaleza no perdona…

El mundo no se acabará; lo que concluirá es la presencia de la Humanidad sobre la Tierra.

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