La Forma del Agua, de Guillermo del Toro

By on enero 18, 2018

Cine

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Como una mágica procesión, así calificaría el trabajo como director de largometrajes del jalisciense Guillermo del Toro: desde Cronos (1993) hasta La Cumbre Escarlata (2015), del Toro nos ha maravillado con su atención a los detalles cinematográficos con los cuales nos ha contado historias fantásticas, revistiéndolas de elementos que apelan a la nostalgia de los espectadores y, sin duda, a la de él mismo, que creció con muchos de ellos.

En La Forma del Agua lo hace de nuevo, abriéndonos su corazón para que contemplemos su amor por las series televisivas de los años 60 del siglo pasado, por la película del monstruo de la laguna negra, por las películas de espías y por las películas románticas de esa época, presentándonos una historia de amor entre dos personajes que, a pesar de ser muy diferentes en cuanto a su naturaleza, tienen tanto en común que esas diferencias dejan de existir, dando paso al amor que los reviste y los sublima, mientras diversas situaciones relacionadas con los temas indicados se suceden, hasta llegar a un clímax que satisface, aunque pareciera un poquitín azucarado.

Elisa Esposito (la maravillosamente encantadora Sally Hawkins) es una mujer muda, de origen desconocido, que lleva una vida monótona trabajando como personal de limpieza para una empresa aeronáutica que en realidad funge como laboratorio secreto del ejército de los Estados Unidos; su mejor amiga es Zelda (la premiada y expresiva Octavia Spencer), quien la ayuda a convivir en ese ambiente, y su mejor amigo es su vecino homosexual Giles (Richard Jenkins), con quien comparte su afición por las películas musicales y programas de televisión, además de servirle de paño de lágrimas ante los numerosos reveses tanto sentimentales como profesionales que sufre al ser gay y vivir ese momento en la historia en que las fotografías suplían a la publicidad pintada como elemento de mercadotecnia.

Richard Jenkins, Olivia Spencer, Doug Jones, Guillermo del Toro, Sally Hawkins y Michael Shannon.

Richard Jenkins, Octavia Spencer, Doug Jones, Guillermo del Toro, Sally Hawkins y Michael Shannon.

Al laboratorio arriban el nuevo jefe de Seguridad Richard Strickland (el fabuloso actor Michael Shannon que ojalá pronto se apunte a una película cómica para demostrarnos su rango interpretativo más allá de los roles de villano que le han asignado) y un proyecto “secreto”: una criatura (Doug Jones, viejo compañero de armas de del Toro desde hace casi un par de décadas) arrebatada de Sudamérica, considerada como una deidad para algunos de los habitantes de aquella región. El laboratorio es monitoreado de cerca por espías rusos que han colocado a un agente entre el personal de investigación.

Elisa se conmueve con la soledad y maltratos a los que es sometida la criatura durante la investigación de sus habilidades, estableciendo un mecanismo de comunicación que luego devengará en una relación más cercana, principalmente al conspirar para evitar que una vivisección ordenada por Strickland y un general de alto rango acabe con quien, como Elisa indica, “no es tan diferente a ella”, emprendiendo una carrera contra el tiempo y contra el más grande depredador de todos los tiempos: el Hombre.

No hay película de Guillermo del Toro en la que la atención a los detalles de la escenografía, la música, los vestuarios, y el uso de maquillaje y prótesis, antes que de efectos especiales digitales, no sobresalgan. La Forma del Agua no es la excepción, y es precisamente este muy personal estilo de relatar historias lo que nos hace disfrutar su trabajo cinematográfico. En esta ocasión, desde las características de la criatura, el ambiente del laboratorio, los motivos de los rusos para ayudar a Elisa, los programas de televisión, los transportes, y en particular una impresionante escena costumbrista de esos años que se da en la calle, todo se conjuga para hacernos vivir en carne propia la historia, colocándonos en un lugar privilegiado mientras vemos el amor y los conflictos humanos fluir en la pantalla.

En mi corazón las películas de Hellboy guardan un lugar especial, seguidas por Pacific Rim, pero eso no me impide apreciar la labor del reparto y del equipo técnico, comandados magistralmente por el mexicano del Toro, en esta nueva película. Tan solo hay una escena que me parece sobrada en el filme, y que de alguna manera me hizo pensar por un segundo que el director “se apegó” a la fórmula usada por La La Land como medio para obtener simpatías adicionales, algo que en realidad no requería. Salvo ese pequeño “negrito” en el arroz, La Forma del Agua es una moderna fábula de inclusión, en la que se exponen los temores a lo “extraño” que reside en cada uno de nosotros, lo nefasto de la xenofobia – tan rampante en estos días gracias a las acciones del “agente naranja” que ocupa la presidencia del vecino país del norte – y el amor y respeto hacia aquello que tal vez no entendamos. Vaya: si no fuera porque Guillermo del Toro nos ha acostumbrado a lo fantástico en sus historias, por un momento pudiera pensarse que esta película encierra una severa crítica social a lo que viven las “minorías” en Estados Unidos, entre ellas nuestros mexicanos. ¿Será que eso quiso decirnos?

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Como fuera, no deje de asistir al cine y extasiarse con un nuevo logro en el palmarés del director jalisciense. La Forma del Agua tiene todo para competir como mejor película y mejor director en esta temporada de premios, habiendo capturado ya el Globo de Oro y el Critics Choice Award. Siguen los premios de la Screen Actors Guild y, luego, los premios de la Academia. ¡Suerte, Guillermo!

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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