Judas

By on mayo 24, 2019

AAA_1

JUDAS

Un amigo sólo tuvo el Nazareno;

un amigo sólo, cariñoso y bueno.

Cuando niños, juntos salían al campo

 a los dos seguía, como sombra, un lampo.

Cogían la fruta, cortaban las flores

y aprendían cantos de los ruiseñores.

Herían sus plantas corriendo entre piedras

y sus albas túnicas rasgaban las hiedras.

¡Qué par de rapaces más bellos y listos

doquiera uno estaba, los dos eran vistos..!

Las tardes rituales, mientras el sonoro

confín del espacio poblábase de oro

y en los sicomoros dormían los vientos,

la Virgen María les contaba cuentos

y San José dábales juguetes que hacía

con el sabio torno de su fantasía.

II

Y Jesús oyó la voz del Increado;

se ajustó la túnica y dejó el poblado.

Y poseído de locura divina

recorrió su celo toda Palestina.

Por sendas tortuosas, por llanos polvosos

van los dos amigos, lasos, sudorosos,

esparciendo el grano de la Nueva Era,

arando en los pechos, domando la fiera

maldad en los tiempos. Y Jesús curaba

las lepras del mundo. Y Jesús hablaba

palabras sublimes que no comprendían

las chusmas imbéciles que su voz oían.

El otro seguía sus pasos divinos

por pueblos y aldeas, montes y caminos;

pero él no creía. Iba por costumbre

sufriendo los miasmas de la muchedumbre

por amor a Él sólo, a Jesús, por Él,

iba a donde Él iba, cariñoso y fiel.

III

Ha llegado el tiempo de la profecía.

El Hijo del Hombre subirá en su día

la temida cuesta del monte maldito.

Su sabiduría no acallará el grito

de plebe irredenta, ignara y lasciva,

y chorreará sangre, y lodo y saliva

el cuerpo ultrajado; pero en tanto llega

la hora señalada, Jesucristo ruega

por buenos y malos, por muertos y vivos,

en el santo huerto de cedros y olivos.

El tiempo pasea por el cielo impávido,

la teoría fúlgida de sus horas, ávido.

Jesús en la piedra reclina la frente

y llama a su padre, tierna, humildemente.

Sus miembros vacilan, se rompen sus venas,

sus dulces pupilas de lágrimas llenas

eleva al espacio: “Padre mío, aleja

de mí este cáliz”. La luna refleja

su disco en los ojos que lloran; que piden

ansiosos un signo en la sombra, que miden

los siglos futuros que abrirá su vida

a la luz sacrílega de la hora deicida.

No le desfallece la muerte cercana;

el grano que hoy siembra será mies mañana.

No le abate y postra la humana estulticia

Ni la mascarada vil de la justicia.

No el rumor creciente de la muchedumbre,

que muge en el llano y ruge en la cumbre,

irrita la gracia de su mansedumbre.

El mundo futuro construirá su templo

sobre sus dolores y sobre su ejemplo.

Un amigo sólo tuvo y ése, ahora,

marcará el minuto de su última hora.

Porque así no sea, Jesús sangra y llora.

No sea el amigo quien, falaz lo entregue;

quien traidor, lo venda; quien mendaz, lo niegue;

pero deja el cielo que el dolor taladre

el pecho que clama por los hombres: “Padre

los designios de tu pensamiento arcano

¿no puede variarlos un dolor humano?”

—————————————————–

Un beso cobarde, un tierno reproche

y piérdese Judas en la eterna noche.

Las sombras deambulan trágicas y mudas…

¡La tierra propicia, dará muchos Judas!

 

1931

Alfredo Aguilar Alfaro

Continuará la próxima semana…

Déjenos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.