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Juan de los Cocom

By on junio 7, 2018

COCOM

Juan nace en 1982 y vive muy cerca del Cementerio; quizá desde muy pequeño, no sé bien porque lo conozco desde 2004. Él llama a esa pequeña ciudad a unos pasos de su casa “La Akrópolis”. De vez en cuando cruza una barda derrumbada para contemplar las hermosas esculturas de los mausoleos donde el viernes bebimos tranquilamente, observando cada encuadre perfecto del juego de luz y sombra con sol y tumbas.

A veces le dicen Juan, otras veces Juan Sánchez; a mí me gusta llamarlo Juan de los Cocom, o solo Cocom. Cuando las cosas se ponen turbias, le he nombrado Príncipe de los Cocom, pero no es una alusión al Príncipe de la Canción, porque simplemente eso está fuera de cualquier comparativo: al Cocom le gusta mucho la música experimental.

Siempre hace interferencias ¿lo sabes? Pone amplificadores uno frente al otro, o sólo quiere mezclar varios instrumentos para encontrar el sonido más extraño que puedan emitir en su collage; recorta imágenes de revistas para armar rompecabezas de diferentes fuentes. Tiene toda una serie de discursos visuales flotando en las paredes. No me detendría a recordarlos, porque sólo sería divagar, y en realidad están en otro lugar. Igual Juan.

Otro ha sido llamado loco por andar con su báculo mágico en todos lados, Antonin Artaud, burlándose de los sabios charlatanes de siempre, temerosos de perder sus miserables egos; justo lo que Juan dijo sobre Artaud (espectro del teatro de la crueldad) en el programa de radio Voces de Papel; justo, pero no exacto. Lo que sí: ambos tienen esa capacidad de enervar a las academias parásitas de gran prestigio y muchas categorías legi-timadoras. ¿Escuchas su risa? Yo sí.

Muchas veces hemos reído con Cocom cuando nos aburren las repeticiones. Se acercan más personas hartas del hastío normal, la mesa se voltea y todos leemos los presagios de la oruga. Simplemente es ir a ese cine donde sólo llegan cinco o siete personas a la sala, o pedir prestados proyectores y hacer ciclos en algún salón para quien quiera ir a perderse, acostado en el suelo como en cualquier lugar libre.

Mucha gente se sale de las universidades. Cocom se fue hace poco: a nadie le gusta que le digan cómo pensar, pero casi cualquier cultura está en eso todo el tiempo, si no estarías loco.

Bien, la mayoría está intentando ganar algo que Juan rechaza, pero seguimos siendo amigos, intercambiando música, publicando textos, sonidos, hablando por teléfono y narrando cómo nos va a cada quien desde los trabajos temporales, más las diversiones que algún día serán simples anécdotas; excepto, claro, algunas donde los jipis juniors se pelearon con los jipis homeless, o cuando es madrugada y acampas entre los arbustos de un parque.

Hoy lo veo por primera vez en un hospital. Tengo que entrar con cubreboca y bata de enfermero. Está demasiado débil su organismo, pero me quedo con él ese tiempo asignado a las visitas. Su madre, Graciela Cocom, confía en que se recuperará. Yo tampoco lo dudo, porque no se aquieta.

En poco tiempo vuelve a corretear como los primeros años de su vida; corre hacia la improvisación libre, regresa a la radio y graba no sé cuántas sesiones sonoras; llega a Machu Pichi a molestar ancestros que no son suyos; avienta arena a los hijos del playón; avienta una vela encendida a Decasia, justo cuando el mismo filme se incendia y corre. Cocom corre para que no lo atrapen.

Ahora, en 2013, me llama al celular. Tiene tiempo que no hablábamos. Le dieron bastante saldo para hablar con sus amigos desde esa vía y no se fastidie en el hospital. Ya había pasado varios años desde la primera vez. “¿Otra vez, Cocom?” Se ríe, comienza a hablar de sus nuevos planes para sacar a todos del hastío… ¿igual que Artaud cuando salió del manicomio?

El hospital lo da de alta casi un mes después. Llega a casa, a su cuarto donde todos sus amigos estuvimos alguna vez, y habla con su madre. Ella lo escucha y él nace de nuevo, pero en otro lugar.

Desde ese día, cada 1 de junio hasta el 13 de abril, y viceversa, Cocom corretea.

No sabemos bien qué quiere, o a dónde irá, pero él eso hace y así va a estar: libre hasta de quienes le queremos.

En memoria de Juan Sánchez Cocom

 (13 de abril 1982 – 1 de junio 2013)

Camilo Solís, 26 de mayo de 2018

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