La Intervención Estatal en la Industria Henequenera (III)

By on agosto 10, 2017

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Capítulo III

 NECESIDAD DE LA INTERVENCIÓN ESTATAL

HENEQUENEROS de Yucatán es hoy el órgano con que el Poder Público satisface su función intervencionista en la industria henequenera.

Ofrece en sus actividades dos aspectos bien definidos: I. Asociación de productores para el control y venta de la fibra aportada por sus socios. II. Instituto especialmente creado para organizar, dirigir, regular y vigilar las labores agrícolas del ejido henequenero, y para distribuir equitativamente entre los ejidatarios el producto de su industria.

Uno y otro de los dos aspectos señalados se iniciaron sucesivamente, en épocas bien distintas, pero obedeciendo en todo caso a motivos de ingente necesidad.

De esta institución cabe decir, con mayor exactitud quizá que de otros institutos sociales, que es un producto intrínseco del medio en que se ha desarrollado. Un instrumento de organización insustituible: en la oportunidad en que nació a la vida institucional; en el momento actual y, posiblemente, durante largos años más.

Y es que advino: en su calidad comercial, como una consecuencia obligada de las incontroladas circunstancias especiales en que apareció y evolucionó la riqueza henequenera yucateca; y en su fase agrícola, como la única sistematización adecuada de las labores ejidales después de la reforma social de 1937, dada la singular forma que asume el cultivo del henequén.

La riqueza henequenera, se manifestó de improviso, con apariencias de ilusión taumatúrgica, en un medio donde la agricultura había sido hasta entonces raquítica productividad, destinada casi exclusivamente a llenar las necesidades del consumo doméstico, y sostenida a base de explotación exagerada del esfuerzo campesino en una organización de servidumbre.

Y esa paupérrima agricultura pre-henequenera, con su aguda lucha intestina entre productores por la conquista, a todo trance, del escaso consumo interior, no era en verdad nada propicia para introducir en la psicología del hacendado yucateco los sentimientos de solidaridad de grupo, favorables para el régimen y manejo de una gran industria de exportación, como fundamentalmente se manifestaba la industria henequenera. La intervención gubernamental fue forzada.

Oigamos lo que, respecto a la idiosincrasia del hacendado henequenero, dice uno de los mismos hacendados: “Esta falta de solidaridad entre los hacendados, es algo digno de la mayor atención y estudio, pues es posible que para ello exista alguna causa corregible. No cabe la menor duda de que no falta el espíritu de asociación. Cuántas veces ha sido necesario reunirse para la mutua defensa, se ha conseguido hacerla tomando parte en ella los productores en una proporción bastante elevada… pero, al cesar la causa que dio origen inmediato a la agrupación, comienza el enfriamiento espiritual de los asociados y, olvidando que la unión permanente puede serles de mayor utilidad que la pasajera, se produce la disgregación… Parece que en el yucateco hay falta de perseverancia en el esfuerzo colectivo. En cambio, no hay quien lo iguale en la firmeza y constancia en su labor individual.”

La intervención gubernamental en el aspecto agrícola fue indeclinablemente requerida: 1° Porque muchos hacendados imprevisores en los períodos de crisis de precios trataban de conjurar la consecuente disminución de sus ingresos personales, exagerando hasta la destrucción la cosecha de sus plantíos, y omitiendo las erogaciones relativas al cultivo y reposición. A corregir esa conducta, peligrosa para el equilibrio económico del Estado, se dirigió la ley de 19 de enero de 1918, en que el Poder Público tomó a su cargo la vigilancia del cultivo y exportación del henequén. 2° Porque, al realizarse la reforma social de 1937, se reconoció que el aspecto semi-industrial de la explotación henequenera, el carácter complicado de su agricultura por las considerables inversiones previas durante los siete años necesarios para el desarrollo de la planta, y las previsiones por nuevas siembras anuales para evitar soluciones de continuidad en la producción, se oponían al parcelamiento ejidal y requerían una labor perfectamente coordinada en la totalidad del ejido, que no podía dejarse a la iniciativa de los impreparados ejidatarios, sin peligro de ruina para tan importante industria.

Manuel Pasos Peniche

Continuará la próxima semana…

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