Destacada

Homo Homini Lupus…

By on julio 26, 2018

Editorial

Editorial 30 2018_1

En este siglo, afortunadamente, al parecer el mundo va transitando hacia la paz. Las guerras, otrora frecuentes, con su mensaje trágico y mortal, han consumido por largos períodos millones de vidas humanas sacrificadas en los campos de batalla y de exterminio.

A la par de las guerras, los enormes conflictos humanos han traído a partir del siglo anterior una eclosión de las ciencias y tecnologías a partir del descubrimiento de la fisión nuclear. El átomo ya no justifica su nombre histórico de ser elemento físico indivisible o infraccionable, como la raíz etimológica de su nombre indica. El hongo de la muerte cubrió a Hiroshima y Nagasaki con decenas de miles de muertos, y el atolón de Bikini, designado para probar explosiones cada vez más mortíferas, se abrió para más depuradas pruebas dispuestas por los nuevos dueños del mundo, que esgrimen su poder como amenaza permanente, elevando los grados de sicosis e histerismo social.

Desde las pruebas del Álamo y la primera detonación, la búsqueda de nuevas armas nucleares no ha cesado, y los gobiernos pretendidamente poderosos ejercen su chantaje nuclear sobre los temerosos habitantes de cinco continentes.

Crece la población, según las razonadas tesis de Malthus, sobre cada día más agotados territorios, y poblaciones arraigadas a ellos intentan producir y obtener alimentos, sustento y condiciones adecuadas para sobrevivir.

Los espacios productivos se reducen y, ante ello, la población que aumenta ha encontrado la migración como una alternativa válida, que acumula su cauda de muertes en el duro tránsito hacia el nuevo continente o espacio de supervivencia.

Las cadenas noticiosas nos enteran cada día de los cientos de muertes de seres humanos viajando en balsas sobrecargadas, sin seguridad, en naves improvisadas e impreparadas para el volumen de la carga humana a bordo y el tránsito para los viajes largos que recorren.

Después de siglos, rememoramos el tránsito de los esclavos africanos sobre cuya sangre se cimentó el progreso de los Estados Unidos de América y algunos otros países del continente.

La crisis alimenticia galopante, las tierras escasas o agotadas para producir, la población creciente, la discriminación entre etnias en países desarrollados, los terrenos abandonados por improductivos, o bien ociosos por falta de programas de rescate y producción, son el nudo gordiano de las diarias desgracias y fricciones entre los países privilegiados y aquellos condenados al abandono.

Fronteras cerradas, nuevas trabas a inmigrantes, ceguera moral y política, son signos ominosos que se enseñorean en el mundo de hoy, en tanto naves viajeras de los gobiernos enriquecidos exploran el universo, los planetas, más por razones militares que por hallar soluciones a los problemas de la humanidad.

Porque, ¿para qué ansiamos nuevos espacios físicos si no hemos sido capaces en toda la historia de la humanidad de crear un mundo de justicia, paz y libertad en el cual los hombres puedan vivir y convivir como hermanos?

Homo homini lupus, El Hombre es el lobo del Hombre, decían las voces del pasado.

¿Así ha de continuar siendo en el futuro?

Déjenos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.