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Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges

By on julio 13, 2018

Libros

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A pesar de tantos años que llevo leyendo, fue hasta hace unas cuantas semanas que finalmente tuve el gusto de leer mi primer libro del gran pensador y literato argentino Jorge Luis Borges; hago énfasis en eso de “primero”, porque no será el último. Se trató de la Historia universal de la infamia.

En mis años de preparatoria fue cuando escuché por primera vez su nombre. En clase de Literatura, el profesor (el admirado Roger Campos Munguía, admirador de la obra de Gabriel García Márquez, a quien debo conocer Macondo) me pidió que leyera al grupo el poema “El Ajedrez”, de Borges. A los 17 años, pararse a leer poesía frente al grupo de compañeros de salón era exponerse a sufrir burlas y escarnio; de alguna manera, logré leerlo aparentemente con la entonación adecuada, ante la satisfacción de mi profesor, la atención de mi grupo, y sin mayores consecuencias a mi ego, que en esos días estaba hipersensibilizado. Imagínense cuánto caló en mí ese poema que aun ahora, cuando han transcurrido casi 40 años del evento, aún recuerdo el evento perfectamente. Y, sin embargo, fue hasta hace unas semanas que nuevamente tuve un texto de Borges frente a mí.

Cómo es el poder de las expectativas: cuando lo adquirí, me imaginé un compendio de ensayos e ideas de Borges sobre el tema de la infamia, lo suficientemente amplio como para que su lectura me entretuviera por semanas. Historia universal de la infamia es un tomo breve –de 130 páginas– que leí mientras esperaba la insufrible salida de mi vuelo de Mexicali a la Ciudad de México. En el prólogo a la primera edición –1935–, Borges califica los relatos que lo componen como ejercicios de prosa narrativa. En 1935, Borges aún conservaba el sentido de la vista, el cual perdería en la década de los años 50. Francamente, al ponerme en su situación, mi admiración por él se acrecentó: nunca dejó de “leer”.

Borges - Infamia_2

Regresando a la Historia universal de la infamia, el profundo conocimiento literario de Borges, que cultivó y creció a través de muchísimas lecturas, se aprecia en la magistral manera en que “re cuenta”, es decir, cuenta con sus propias palabras las historias de personajes que tilda de “infames” y que aparecieron en otros libros, de otros autores, revistiéndolas de su toque personal, acercándolas a nosotros de manera que pierden su carácter biográfico o pasajero para convertirse en historias que distan de ser ensayos, como las calificó el autor. Aún más interesante es el hecho de que los personajes que aborda no necesariamente fueron los protagonistas de los libros de los cuales se basó.

En su primera edición, ocho fueron las historias de este libro; en la segunda edición, veinte años después, Borges agregó siete más, aun más breves que las primeras ocho, no por ello menos interesantes.

Voy retrasado, Maestro Borges, pero le prometo que pondré mi mejor empeño en leer más de su prolija obra, no tan solo porque de esa manera rindo homenaje a su legado, sino principalmente por motivos más egoístas: así abrevaré un poco de su inmenso conocimiento, y acaso por ósmosis algo se me quede.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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