Había una vez…

By on septiembre 21, 2017

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Nuestro poeta generacional

RAUL CÁCERES CARENZO

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PRÓLOGO Y EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

“Había una vez…” es la frase con que iniciábamos la lectura de algún cuento fantástico hace algunos ayeres. Sin embargo, en esta ocasión es la expresión exacta para presentar la modesta edición que el lector tiene en sus manos.

“Había una vez…” una generación de universitarios congruente con los signos de su tiempo, interesada en los problemas sociales, polemista en sus posiciones ideológicas. Una generación consciente de sus limitaciones, pero con un extraordinario deseo de superación, con ansias de promover la renovación social y unir sus aportaciones al florecimiento cultural de nuestro Estado. Con banderas desplegadas, sin subastar su conciencia, ese garrido grupo de jóvenes reuníase eventualmente en torno a las hospitalarias mesas del Café Peón Contreras para intercambio de opiniones, comentario de situaciones, sueños conjuntos y suma de inquietudes.

Tanta actividad del intelecto no podía quedar dispersa, aislada, informe. Fue así que paulatinamente los sueños tornáronse ideas, y éstas devinieron en hechos, aprisionados en letra impresa de una larga serie de revistas estudiantiles, testimonio de la pluraridad ideológica de la época.

Enfrentando dificultades, pero imbuidos de entusiasmo creador, surgieron los frutos escritos de mentes vivaces, frescas, rebosantes de franqueza, idealismo y sinceridad. Cetina Sierra, Ortiz Martínez, Peraza Lizárraga, Menéndez Paz, González Rosado, Ojeda Ortiz, Duarte Montes de Oca, Cáceres Carenzo, Martín Manrique, Vargas, Peniche Aguilar, Salazar Salazar, Ortiz Betancourt, Sánchez Herrera y tantos otros nombres y apellidos fueron los que más frecuentemente aparecían como las cabezas visibles que en un maravilloso contexto, en una eclosión de valores juveniles, auguraba un más rico futuro cultural para Yucatán.

Todo en esos años era difícil para dicho grupo con alto nivel de creatividad, y esta misma dificultad confrontaron los líderes políticos surgidos de los movimientos internos de la Universidad, con personalidad firme, mente clara y actitudes definidas, tan radicales en ocasiones, que dieron lugar a enfrentamientos surgidos por causa de puntos de vista controversiales.

Las puertas de la participación nunca se abrieron a pesar de las insistentes demandas, y la generación toda supo, en una dura lección histórica, que nada le sería concedido, que era menester aceptar la realidad y luchar doblemente para remontar la corriente negativa del sistema imperante.

El freno irracional e injusto, el bloqueo permanente al desarrollo de las inquietudes, causaron transitorios desalientos. Los requerimientos económicos orillaron a la búsqueda de medios de vida y supervivencia. La actividad grupal decreció.

Con posterioridad, se improvisarían figuras, se impulsaría a nuevos y aún impreparados líderes de la siguiente generación para quienes –entonces sí– las puertas de la participación y el triunfo serían abiertas en premio a su docilidad y aceptación plena de ser dirigidos en los términos fijados por el sistema.

No obstante, un baluarte permaneció erguido, vertical, dando la batalla a la adversidad desde su barricada de palabras. Raúl Cáceres Carenzo, aún alejado del terruño, continuó su desplazamiento hacia el luminoso mundo de las ideas y los conceptos, de las figuras y los ritmos.

Por eso, Raúl Cáceres Carenzo es nervio y voz de una generación.

Desde su juventud y aun antes, en su infancia, se enamoró de las palabras y las llevó a vivir consigo en sus queridos papeles. Lo recordamos delgado, frágil, nervioso, llevando apuntes como tesoros bajo el brazo, como blancas palomas que, a su voluntad, surgieran como de las manos de un mago. Los papeles, sus preciados papeles, protegidos por alguna carpeta con destrozos y agujeros, y a veces sin carpeta, solo agujeros. ¡Ah!, pero por dentro los destellos de una imaginación inagotable y fresca.

Primero su teatro infantil, un sueño casi azúcar, casi miel, casi nube por intangible, por pequeño… y, al correr de los años, el Poeta. Premios nacionales a nivel juvenil, entrada a las antologías, devenir de asuntos y de luchas. Después, flores naturales a su creatividad poética y triunfos en otros certámenes. Pero. Raúl no es un poeta de concursos, aunque hubiera ganados más de muchos. En un joven, es un hombre, es EL POETA de una generación marginada y casi desconocida.

Ante la indiferencia oficial a los talentos de su generación, y asumiendo las dificultades que esto entraña, un grupo de particulares, amigos suyos, compañeros de luchas y afanes, hemos reunido esfuerzos y voluntades para llevar a la estampa este florilegio de poemas que parecen escritos en piedras y luceros.

Un canto añorante a los lugares de nuestro mestizaje, a nuestra herencia maya en idioma español. Un mensaje que borda desde el pasado filigranas de aliento y esperanza.

Nuestra intención es ser portavoces de ese mensaje, y quien lea hasta la última página de este libro coincidirá con nosotros en que el Mayab es, ha sido, será…

Se concede el uso de la palabra al Poeta RAUL CÁCERES CARENZO

Luis Alvarado Alonzo

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