Felipe Carrillo Puerto: La Lucha Continúa

By on enero 4, 2018

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Felipe Carrillo Puerto ha sido llamado de muchas maneras antes y durante su presencia política en la vida de Yucatán y México. Se le ha llamado soñador, agitador, líder inmaduro, etc. Se le ha calificado de líder improvisado, noble, idealista, reformador, transformador, apóstol de la revolución, visionario y ejecutor de la justicia social, e incluso defensor del campesinado maya, en cuya memoria su imagen aún permanece viva.

Lo anterior no ha tenido mayor efecto al paso de varias generaciones, pues ha continuado la enconada batalla contra la prevalencia de su pensamiento y la vigencia de sus ideas libertarias, siempre en favor de los débiles y las clases desprotegidas de la entidad a las que Felipe Carrillo Puerto amó y sirvió intensamente, tanto que hoy ha sido incluido con su nombre, letra por letra, en el martirologio nacional e internacional.

Los calificativos a su favor fueron surgiendo y evolucionando al influjo de su movimiento ideológico, político y social. Cada uno de ellos define al hombre o al funcionario, al ser humano inquieto o al individuo sensible para quien no es posible caer en la contemplación de las realidades negativas sin hacer un esfuerzo serio por transformarlas.

El devenir histórico de Carrillo Puerto es un recorrido transitado hacia adelante, en un solo sentido, sin flaquezas ni desvíos. En él ocuparon sitios relevantes hombres y mujeres de esa generación excepcional que vivió los preludios del gran movimiento de masas que fue la Revolución Social Mexicana, de la cual se hizo solidario en sus principios generosos, asumiendo la lucha como el instrumento para restituir derechos y establecer, a nivel nacional y local, una nueva correlación de fuerzas en las que se dieran la libertad, la equidad, la justicia, la democracia y el progreso compartido.

Felipe Carrillo Puerto fue de una generación valiosa, como tantos otros seguidores suyos que a su lado compartieron ilusiones y tareas, llegando incluso al final a compartir un mismo destino trágico.

En Carrillo Puerto, considerado el punto de convergencia, de convicciones y creencias comunes, el pensamiento progresista encontró foro y espacio, se hizo de propósitos firmes y asumió responsabilidades, oponiendo su mentalidad a quienes hallaban en la cobardía de no participar un resguardo, y en la apatía una forma de automarginarse, de actuar y vivir.

Con la consigna zapatista de Tierra y Libertad como guía del Partido Socialista del Sureste que presidió, dio paso a un reparto agrario que no ha tenido precedentes en nuestro país, manteniendo la tesis de que las tierras deben ser para producir, no para especular, en un país donde el alimento es requerido cada día con mayor urgencia en virtud del crecimiento demográfico.

Hombre sencillo, surgido del pueblo y formado en él, autodidacta, luchador social de tiempo completo, compañero de Zapata, colaborador de Salvador Alvarado, testigo de la formulación de la Carta Magna de 1917, y convencido de que el proceso revolucionario debería acelerarse, se incorporó a la vida política recorriendo distintas posiciones hasta culminar en la gubernatura de su Estado.

Yucatán estaba considerado entre los estados con mayor atraso, en los que la soberbia y la prepotencia de los poderosos habían creado condiciones inhumanas para la población a quien le eran negadas todas las ventajas de un movimiento social como el de 1910, que tuvo su primera manifestación un 4 de junio de dicho año en el oriente de Yucatán, en la Ciudad de Valladolid.

El mero enunciado de las tareas llevadas a cabo por este gobernante y sus predecesores de la etapa postrevolucionaria en cuanto a dar sitios relevante a la mujer, expectativas de estudio, capacitación y progreso a los jóvenes, y cambios estructurales en los sistemas de trabajo que dieron como resultado las prevalencias de libertades en un marco de derecho y nuevas leyes, nos llevaría al relato anecdótico, ilustrativo, es cierto, pero insuficiente en cuanto a la trascendencia de la obra del cambio, ese sí trascendente que hombres como Carrillo Puerto hicieron posible desde el siglo anterior.

Es muy conveniente que hagamos comparativos sobre tiempos y formas para normar nuestros criterios.

En una primera diferencia con los tiempos pasados vividos, los trabajadores luchaban por romper sus cadenas cuando ahora los poderosos intentan ponerles otras nuevas y más duraderas.

Si ayer Felipe Carrillo Puerto impulsaba el conocimiento profundo de la Constitución de la República, la de Yucatán, y la Ley Federal del Trabajo, en estos tiempos contemplamos la ruptura de la relación con los trabajadores, el intento de crear condiciones adversas a su desarrollo, y la distorsionada intención de continuar las modificaciones a la Constitución de 1917 para dar paso a algún documento cuasi jurídico, impulsado desde las esferas de los poderosos, para lograr con ella servir de mejor manera a sus ambiciones e intereses, muchas veces ligados al extranjero.

Si ayer Carrillo Puerto fundaba universidades y proclamaba la urgencia de dar mejor educación al pueblo, hoy vemos los continuos recortes a los fondos destinados a los centros de educación superior, la congelación de plazas, la insuficiencia de espacios educativos, y la casi nula preocupación por revisar a fondo la causa educativa que amerita justicia para el magisterio, como también un horizonte amplio y moderno para las actuales y futuras generaciones de mexicanos. Además, se ha intentado implantar nuevos planes nacionales de educación, carentes de contenido ideológico, histórico y social.

De la preocupación por el campo, y quienes de él dependen y en el producen, que llevó al reparto de cientos de miles de hectáreas y el respaldo irrestricto a los campesinos, hoy se visualiza la palabrería de un blindaje agropecuario que ocupa la mente fantasiosa de altos funcionarios; pero que no trasciende a los millones de trabajadores agrícolas o medianos y pequeños productores agropecuarios, abandonados a su suerte ante las medidas inequitativas de un tratado de libre comercio que a partir de enero de 2003 creó gravísimos conflictos a porcicultores, avicultores y agricultores, olvidados de los planes y estrategias presidenciales que surgen de escritorios, sin consulta a los que tienen sus raíces e historia en el campo mexicano.

La capacitación de los obreros, los respaldos concretos a la mujer y a los jóvenes no se localizan más que en programas minúsculos, intrascendentes, que no van respondiendo a la cruda realidad de un desempleo galopante y una escasez real de puestos de trabajo, que se encubre por lo común con estadísticas falseadas y contradictorias entre dependencias del propio Poder Ejecutivo Nacional. A esto hay que agregar la explotación mediante salarios reducidos y negación de seguridad social y prestaciones a los trabajadores.

Y es que las perspectivas han cambiado, los puntos de vista son distintos y ajenos a la problemática mexicana. Así, lo que hace falta es sensibilidad social, la misma sensibilidad social de antaño, hacia los desprotegidos, los humildes, los desempleados, los marginados. Hoy las líneas de trabajo del Ejecutivo Federal, y muchos estatales vinculados al mismo partido y pensamiento político, se encaminan hacia la solución de la problemática de los grandes capitales y sus poseedores, a la creación de condiciones más favorables para incrementar su enriquecimiento, o a la desaparición o protección de tales grupos.

Está en los comentarios también el tema de la equidad de género, manejado más como slogan promocional que como necesidad política, cuando se utiliza con matices cuantitativos más que cualitativos. Carrillo Puerto, visionario, se anticipó en treinta y dos años al otorgamiento nacional del voto a la mujer y fue el primer gobernante que la impulsó políticamente, no porque viera su presencia como medio de llenar espacios, sino como a un ser inteligente con capacidades idénticas y preparación para acceder a la toma de decisiones políticas.

Incorporar a la mujer a las luchas sociales fue decisión de Carrillo Puerto y su generación de colaboradores, poniendo el ejemplo de que, independientemente del género, lo que es relevante es la voluntad, la preparación y la entrega a una causa noble, digna y de elevado sentido social.

Felipe Carrillo Puerto será por siempre el líder de una generación valiosa, rebelde ante las injusticias, dispuesta a la transformación social, con plena conciencia de lo que ello podía significar tanto en beneficios para sus conciudadanos como en amenaza a su propia seguridad individual y colectiva.

El asesinato fue en 1924, pero sus ideas y principios, su lucha por la justicia social continúan firmes en la mente de los desposeídos y marginados.

Luis Alvarado Alonzo

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