Espíritus Rebeldes

By on septiembre 21, 2018

ESPÍRITUS REBELDES_1

Aída López

El viernes, a la una de la tarde, me enterrarán. Eso dijeron los que me acomodaron en el féretro de madera en forma de piano vertical.

Estuve de acuerdo en lo digno de mi última morada, siendo en vida una amante del arte. ¡Qué detalle!

Yo estaba visible, de pie, mirando lo que hacían con mi cuerpo elegantemente amortajado; podía, incluso, opinar.

Por alguna razón, la madera de la parte trasera del ataúd –en forma de piano vertical, ya lo había dicho antes– se abombó. El más viejo dijo que se solucionaba echándole agua. Preocupada repelí: ¡Van a mojarme! Él aseguró que no: los espíritus no se mojan.

Entonces trajeron un balde de agua y bañaron el ataúd.

Una descocada preguntó si después de mi entierro irían a festejar; él, melancólico y consternado, respondió: ¡Cómo hacer eso después de tal deceso!

La mujer volteó hacia mí y vociferó: ¡Pero si ella está aquí!

Claro, todos estábamos ahí…

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