Escucha la Canción del Viento y Pinball 1973, de Haruki Murakami

By on noviembre 9, 2017

Libros

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Como me lo propuse y les comenté, adquirí las primeras obras que escribió Haruki Murakami, este famoso escritor japonés, nacido en Kioto en 1949. Aquellos que han leído mis breves disertaciones sobre sus libros, recordarán que me preguntaba si ese estilo enigmático, caótico, a veces fantástico, a veces costumbrista, que había detectado en varias de sus obras había evolucionado con el transcurrir de los años, o si acaso era su tarjeta de presentación.

Después de leer Escucha la Canción del Viento, que se acompaña con la continuación llamada Pinball 1973, encuentro que el estilo de Murakami, hasta donde he llegado, es inconfundible y que tampoco ha transmutado significativamente, a juzgar por la manera en que las letras y sus historias se desarrollan, si acaso se ha dado un poco más de licencia hacia lo fantástico, como resulta entonces su libro Kafka en la Orilla.

En Escucha la Canción del Viento, la historia narrada en primera persona que lo hizo dedicarse a las letras al ganar un premio para escritores nuevos, en 1979, Murakami nos presenta a quien sería un enigmático personaje que lo ha acompañado en muchos de sus libros: Rata, un tipo joven, sin mayores pretensiones que vivir la vida, consumiéndola a grandes sorbos, siempre en la búsqueda de emociones que le permitan sentirse vivo, fallando miserablemente. Al mismo tiempo, el personaje principal es un joven de 21 años que tampoco ha definido qué desea hacer en la vida, y la historia que nos narra cubre tan solo un breve período de tiempo. Los elementos fantásticos están presentes, así como la sexualidad, ambos elementos omnipresentes en su trabajo; en este caso, el protagonista amanece junto a una mujer que únicamente posee cuatro dedos en su mano izquierda, y el relato incluye elementos conocidos de sus obras: un bar, bebidas exóticas, música, literatura. Entremezclando elementos “autobiográficos”, el personaje nos relata su vida, de su interacción el Rata y, en general, abunda en elementos aparentemente inconexos, mientras relata una historia: la de la permanencia en su vida de esa mujer, y su manera de pensar. Por cierto, el elemento histórico que introduce Murakami en esta novela es la figura del escritor Derek Heartfield, de quien nos relata varios episodios de su vida, y que únicamente existe en su imaginación.

Pinball 1973 retoma la figura de un protagonista, la del Rata – convertido ya en un gran escritor desde la novela anterior – y como elementos imperdibles en el folclor de Murakami aparecen elementos fantásticos como unas gemelas que aparecen un buen día en la vida del protagonista –un traductor de textos con un negocio incipiente que tiene con un socio– y viven con él en su departamento, atendiéndolo mientras él intenta iniciar una relación con otra mujer, y trata sobre la búsqueda de una mítica máquina de pinball, siendo este el elemento histórico que introduce en esta obra. Nuevamente, tenemos ante nosotros una historia fantástica (¿quién de nosotros se imagina que unas gemelas pasarán a vivir a nuestra casa, para hacernos compañía, y nos sirvan de interlocutores mientras atienden nuestras necesidades?) en la cual nos relata cómo es la vida del protagonista, cómo se van presentando las cosas ante él, sus decisiones, mientras sostiene pláticas con el dueño del bar –Jay, que tanto en el libro anterior como en este juega un rol de persona mayor que funge como consejero tanto del Rata como del protagonista– y trata de encontrarle sentido a su vida.

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Esto último es algo que descuella y sobresale en la obra de Murakami: seres a los que las cosas (la Vida) les sucede, que no parecen tener un fin o aspiración, y que tan solo están preocupados por el día que transcurre. No se habla de relaciones entre humanos, sino más bien se desarrollan las situaciones en parcelas aisladas de personalidades. ¿Cuánto de esto refleja la vida de los japoneses? Si es cierto que todos escribimos de lo que hemos vivido o apreciado, entonces se diría que Murakami nos está diciendo cuán vacua es la vida en su país, lo cual explicaría también hasta cierto punto lo que en ocasiones alcanza a trascender: la impersonalidad en las grandes urbes, el “vivir para trabajar”, los suicidios, la constante búsqueda de sensaciones, aunque fueran extremas, cosas que al menos yo pensaba eran clichés. ¿Y si no lo fueran?

Un elemento en particular agradable en este libro (ambas novelas forman parte del mismo tomo en la editorial Tusquets) es el prólogo, en el que Murakami nos lleva a aquel memorable día en que fue al béisbol y, al escuchar el sonido que hizo el bat con la pelota, de repente supo que podía ser escritor. También es interesante leer cómo era su vida en ese entonces, cómo finalmente encontró su camino entre las letras.

Habiendo entrado este autor a mi vida, y conforme leo más y más de su obra, hay que reconocerle que es ameno, y que no deja de ser interesante el ejercicio preliminar de adivinar si la siguiente obra que leeremos será tan impactante como esperamos que finalmente suceda; mientras eso sucede, debo decir que Murakami es un gusto adquirido, que lo leo no por lo trascendental de su manera de escribir, ni por su portentosa imaginación y uso de las palabras, sino porque alcanzo a ver que algo grande pudiera venir en el próximo libro de su autoría que lea, algo que me deje sorprendido y me convenza de que se merece el Nobel de Literatura.

Me toca ahora retomar el hilo histórico de publicaciones de su autoría, para tratar de responder a la interrogante con que finalicé el párrafo anterior. Mientras tanto, dado mi amor por los libros, de ninguna manera me siento defraudado, pues las obras de Haruki Murakami me han enseñado avenidas que no conocía, y eso siempre es bienvenido.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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