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Ensayos Profanos (XIV)

By on agosto 9, 2018

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XIV

LA MUERTE DE CERVANTES

Continuación…

Ahora bien, tomados los incidentes de su vida como anamnesis de una historia clínica, se piensa de inmediato en la desnutrición crónica. Desnutrición que comienza en la infancia con las carencias hogareñas, prosigue en las filas del ejército y las campañas, y se agrava durante el largo cautiverio en Argel. En todo este tiempo, el hambre juega como una sombra en torno suyo.

Entre 1580 y 1605 se sucedieron otra vez la milicia, la bohemia y el teatro, la arranquera, el trabajo improductivo y torturante y los repetidos ingresos en la cárcel. Si hubo después años de compensación –lo que es poco probable– llegaron tarde. El daño estaba hecho.

Sin embargo, esta desnutrición como enfermedad permanece latente, no se traduce en síntomas alarmantes y sólo prepara el terreno a otros trastornos que vendrán luego. Tampoco es posible precisar la época en que empieza a ser manifiesta.

Entre 1613 y 1614, años ligados a la formalidad y a la actividad literaria, se identifican acá y allá frases perdidas que hablan de cansancio, achaques, de unos “pies gotosos que se arrastran” o de un “corazón que si de cuando en cuando late como el de un mozo y le consiente trabajar con vigor, otras veces le desmaya”. La hidropesía se menciona por primera vez a fines de 1615 o principios de 1616, cuando el viaje a Esquivias, aunque pudo existir desde mucho antes.

A continuación, viene el desenlace en una secuencia precipitada. El 16 de abril recibe la extremaunción, lo que indica que ya se esperaba el fin. Al día siguiente, sin embargo, se recupera un tanto, está consciente y escribe al conde de Lemos –supuesto mecenas– la conocida dedicatoria del Persiles, último resplandor de su mente luminosa. El 23, como es sabido, cae el telón.

Y aquí también pudiera caer para nosotros si un interés insano no me asaeteara la mollera con sus pinchazos. ¿Cuál fue a final de cuentas la causa de la muerte del gran Cervantes? La parroquia de San Sebastián redactó así la partida de defunción: “El 23 de abril de 1616 murió Miguel Cervantes Saavedra, casado con Doña Catalina de Salazar, calle de León. Recibió los santos sacramentos de mano del licenciado Francisco López. Mandóse enterrar en las Monjas Trinitarias. Mandó las misas del alma y lo demás a voluntad de su mujer que es testamentaria, el licenciado Francisco que vive allí.” Como puede apreciarse, no se indica la causa de la muerte.

Antes hemos topado con dos elementos patológicos: la desnutrición crónica que se deduce de su vida azarosa, y la hidropesía admitida por el mismo enfermo y aceptada por sus biógrafos. Estas dos afecciones pueden estar relacionadas entre sí y ser independientes; pero ninguna de ellas es capaz de causar la muerte por si sola. La desnutrición provoca anemia, hipoproteinemia, diversos desarreglos funcionales y abre la puerta a toda una gama de complicaciones. En cuanto a la hidropesía, es una acumulación de líquido seroso trasudado en una cavidad o en el tejido celular. El nombre es vago, pues la acumulación puede ocurrir en muchas regiones del organismo. Sin embargo, la que desde hace siglos ha recibido por parte del vulgo el nombre de hidropesía es la que tiene la cavidad abdominal. Su diagnóstico es muy objetivo y está al alcance de un buen médico práctico, a veces del enfermo, y a veces hasta de la gente que lo rodea. Su nombre técnico actual es el de ascitis. Esta es la forma de hidropesía que muy probablemente padeció Cervantes, puesto que era muy notoria para él y para otros profanos.

La ascitis es sólo un síndrome detrás del cual hay siempre una causa que es la enfermedad principal. Las causas capaces de originar la formación de líquido ascítico son múltiples. Entre ellas cabe destacar, por su mayor frecuencia, la hipoproteinemia nefrósica o de la inanición, la insuficiencia cardíaca por estenosis tricúspide, la cirrosis hepática y las más eventuales de tuberculosis peritoneal, carcinosis y otras.

Para el diagnóstico integral definitivo –sé que muchos lo habrán intentado antes que yo– hay grandes dificultades por escasez de datos. Habría que especular un poco y siempre quedaremos en duda. Pueden ayudar la mayor o menor frecuencia con que estos males se presentan, la edad en que suele ocurrir y los antecedentes del enfermo, de suma importancia. Es todo lo que tenemos.

Un detalle permite eliminar en parte a la cardiopatía: el viaje de seis leguas sobre un caballo pasilargo hecho cuando la enfermedad llegaba a sus últimas etapas. Es poco probable que un sujeto con insuficiencia cardiaca y ascitis lo tolerase. Cervantes viajó en estas condiciones de Esquivias a Madrid a principios de 1616, y lo hizo conversando de buen talante con el estudiante al que llamó “pardal”.

Todas las otras posibilidades mencionadas, y algunas más, están en pie. Aunque cabe reconocer que la nefrosis es propia de etapas más tempranas de la vida y la tuberculosos peritoneal y la carcinosis son eventualidades bastante raras.

Personalmente, me inclino a creer en la cirrosis hepática como causa posible de la ascitis y, por consiguiente, de la muerte en el caso de Cervantes. La mayor frecuencia de este mal, los antecedentes del paciente –si lo que se cuenta de su vida es cierto– y su edad dan apoyo a esta posibilidad. Desde luego que este diagnóstico sería provisional, imaginativo, incierto, discutible desde el punto de vista teórico e imposible de probar.

Lo mismo da. Siempre he pensado que en esto de morir a causa es lo de menos. La materia se pudre igual. Pero la sociedad, rígida en los principios que ha inventado, no quiere verlo así y entonces nos asustan la lepra y el chancro como pruebas irrefutables del pecado. Es la herencia que arrastramos desde la Edad Media. Por eso establecemos distinciones entre las causas plebeyas como la diarrea y las causas nobles como el infarto. La cirrosis no es una buena causa de muerte para un prócer. Sim embargo, muchos artistas han muerto así.

Creo que al propio Cervantes, dadas las preferencias de su época, le hubiera gustado una muerte gloriosa, por ejemplo, durante la defensa de la cristiandad en Lepanto. De este modo se habría convertido en héroe, o a lo mejor en santo; es posible, sí; pero entonces no habría escrito El Quijote.

Carlos Urzáiz Jiménez

Continuará la próxima semana…

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