Ensayos Profanos (IX)

By on julio 8, 2018

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EL PORVENIR DE LA LENGUA NACIONAL

Continuación…

Tendencia No. 5: Esdrujulismo – Es en parte consecuencia de la verborrea demagógica común entre las primeras figuras de nuestra política tercermundista. Como quien dice, tienen la misma etiología que las devaluaciones del peso. El modismo, admirado, imitado y difundido por los telelocutores, llegó a todos los rincones del país desde los canales de la ciudad de México por allá de 1972. Hoy forma parte de la entonación corriente, no sólo de los discursos oficiales, sino de disertaciones de índole varia, incluyendo las científicas y las literarias: “¡Dichosa edad y siglos dichosos, aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados y no porque en ellos el oro se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces, los que en ella vivían ignoraban estas palabras de tuyo y mío!”.

¡Dichoso Don Miguel que murió a tiempo para no oír leído así el párrafo inicial de uno de los más famosos discursos de su Quijote!

Tendencia No. 6: Frases hechas, lugares comunes – Las frases pintorescas han existido desde tiempo inmemorial. Atribuidas unas a grandes personajes de la Historia, forman parte de la literatura universal (frases célebres): “La suerte está echada”; “¿Hasta tú, hijo mío?”, “¡Qué gran artista pierde el mundo!”; “¿Acaso estoy en un lecho de rosas?”, etc. Estas frases forman parte del patrimonio de los intelectuales. Oímos, en cambio, otras que provienen del habla popular, que nadie sabe quién las enunció y a veces ni siquiera qué quieren decir: “Más feo que Picio”, “Averígüelo, Vargas”, “A todo meter”, “Me caso con Juana”, “Negocio de Peto”, etc. Tales dichos son plebeyos, es cierto; pero agradables, dan sabor a la charla y su empleo es legítimo, si bien limitado, pues suelen ser regionales. Voy a señalar una tercera clase, ésta sí de mala cepa y turbio origen; frases oficiales que se repiten con afectación hasta el fastidio y que se han vuelto lugares comunes. Denotan pobreza de imaginación y mal gusto. “Estamos conscientes” es la más socorrida; en el fondo quiere decir “lo sabemos, pero nos importa un pito”; la siguiente es propia de empresas descentralizadas que no dan pie con bola y pierden millones de pesos cada año: “Aquí esta nuestro cuello de botella”. No menos sobada es aquella de “Fulanito se las sabe de todas todas”; después se aclara que Fulanito no sabe nada de nada. Esta otra no puede faltar en el discurso de toma de posesión de los secretarios sindicales que se entrega al pueblo: “Todos y cada uno de nosotros”. Debe pronunciarse con una mano en el pecho y los ojos en el confín. Y así podríamos seguir indefinidamente. “Arriba y adelante”, “La solución somos todos”, etc., etc., etc.

Tendencia No. 7: Palabras elegantes – Pueden llamarse también rimbombantes, altisonantes, y grandilocuentes. Muy al gusto de la gente que se tiene por culta sin serlo y abusa de la afectación de la pompa. A esta forma de vanidad se le llama prosopopeya, que es en sí una voz rimbombante. Mi lista es larga, aunque voy a repetir sólo unas cuantas. Decir “problemática” por los problemas es costumbre reciente, recurso de oradores de tercera clase; “de polendas” es barbarismo de significado impreciso; “disímbolo”, barbarismo por disímil, es usado por escritores sin cartel, ejecutivos de ventas y lectores de la Enciclopedia Temática; “obsoleto”, arcaísmo por antiguo o fuera de uso, resucitado en mala hora, conoció el abuso y ya se vulgarizó; “develar” barbarismo por descubrir; es palabra oficialista y figura en las ceremonias inaugurales de placas y estatuas; los periódicos diarios la repiten en sus primeras planas, muy quitados de la pena. Los cronistas de boxeo y demás deportes se adornan con “desarbolado”, “mandobles”, “tumefacto”, “embarnecido” (?), “estamina” (?) y otras lindezas. La ciencia médica contribuye con el verbo “protruir”, y una gama impresionante que enriquece la feria de locuciones selectas: “remoción”, “curetaje”, “parámetro”, “gradiente”, “bizarro” (con el significado de raro o anómalo que tiene en inglés) “bitácora”, “detectar”, “salpingoclasia”, “estadío”, etc. Hay de todo en la lista: barbarismos, burradas, traducciones directas y simple pedantería sumada a la ignorancia. Según la jerga galénica elegante, el “fecalismo” no sólo se padece sino que “se practica” y podría formar parte de la poesía moderna si se le añadiera el complemento “a cielo abierto” que proponen los sanitaristas.

No pretendo demostrar que el vocabulario anterior sea incorrecto siempre; puede que nada más lo sea en algunos aspectos; pero en cualquier caso resulta cerrado, fuera de tono y pedante. Deben incluirse en este renglón las expresiones extranjeras inútiles como “baby shower”, “tour”, “boutique”, “okey”, “business”, “hobby”, etc.

Tendencia No. 8: Cantinflismo – Ha sido comentado por varios observadores, entre ellos el poeta José Díaz Bolio y el Lic. Carlos Echánove Trujillo. Es propio del centro del país y, aunque comenzó como fenómeno popular exagerado y explotado por el actor Mario Moreno “Cantinflas”, ha trascendido a las altas esferas metropolitanas. El cantinflismo no es sólo una tendencia o una deformación del habla, externa un modo de ser y de vivir, hablar, hablar con frases cortadas, inconclusas, obscuras, palabras enhiladas sin ton ni son, con miras a simular elocuencia sin que a final de cuentas se diga nada. Puede ser un recurso oratorio o una puerta de escape. Un verdadero arte que hoy se inculca a los niños de la Capital desde sus primeros balbuceos. Es ideal para políticos en etapa de campaña; pero no lo desdeñan los seudocientíficos, aquellos que cultivan el oficio de parecer sin ser. Es, además, sostén vital de algunos escritores modernos y, desde luego, de los poetas incomprendidos.

Carlos Urzáiz Jiménez

Continuará la próxima semana…

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