Endemoniado

By on junio 28, 2018

Jesús Fuentes - Endemoniado_1

Jesús Fuentes

“Comes demasiado, por eso estás gordita. ¿Lo sabes?” me dijeron de más niña.

A los quince supe que en el comer también existe dolor indescriptible: ¡No entré en mi vestido!

Hablando de dolor, tengo uno justo en el cuerpo sin que yo pueda controlarlo.

Surge de algún lugar de mi ser una fuerza enorme de apetencia. Y como, trago y como para huir cuando siento el miedo, la angustia en el estómago, y creo estoy a punto de…

Un día papá se fue de casa. “Con otra,” dijo mi madre.

Ella, de proveedor, fue a trabajar.

Estoy sola.

Aparece él. “¿Estás bien?”

Su voz es apacible, sonríe simpático. Su mano es cálida al saludar. Me siento segura.

Hablamos no recuerdo de qué; tampoco recuerdo en qué momento he dejado de sentirme segura. Acaso cuando su mano se pasea por mi espalda.

Su cara ha dejado de sonreír.

Tengo miedo, lo empujo.

Su aliento exhala en mi cuello, tan cerca.

Su mano sube y baja por mi brazo. Sus dedos aferrados. No me suelta.

Ese día, a los ocho años, dejo de ser una niña. La primera vez… me duele. Manos perversas –si cierro los ojos las siento todavía– me tomaban del cuello, acariciando mis pequeños muslos.

Las manos de mi tío… pero igual me lleva la chingada.

Comer mucho se convirtió en parte de mi vida.

Aún tengo miedo…

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