En Medio de la Violencia

By on junio 29, 2017

Editorial

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En Medio de la Violencia

Hasta hace algunos años los yucatecos podían presumir ante el mundo que vivíamos y disfrutábamos el paso del tiempo y los espacios de esta tierra peninsular. Aquí no ocurría nada grave o preocupante y la sociedad, especialmente la alta, gozaba ver transcurrir el paso lento del tiempo en la holganza, las fiestas y los viajes.

¡Qué tiempos aquellos!

Hoy día, los medios de comunicación y las redes sociales, tan de moda, nos hacen llegar en medio de sobresaltos cotidianos los detalles preocupantes de acciones violentas que se dan por todos los rincones del mundo. Y si es triste conocer las alusivas a nuestra nación, mucho más triste y preocupante es enterarnos de lo que acontece en nuestro medio, otrora tan tranquilo.

De forma cotidiana nos enteramos de crecientes actos de violencia y de barbarie que nos aquejan: Guerra a pedradas (como en la edad de las cavernas) entre jóvenes integrantes de bandas en algún municipio, acoso escolar, robos a viviendas de adultos mayores, residencias de lujo y hasta bancos.

Y de muertes no se diga: accidentes diarios en las modernas carreteras, en las calles de los municipios y vías urbanas. Muertos y heridos cotidianos y por doquier bajo un mismo signo: la embriaguez en la conducción de vehículos.

Hay robos y despojos de los acostumbrados otrora, agregando como objetivos recientes las cajas fuertes en zonas residenciales exclusivas, tiendas de conveniencia nocturnas y hasta un banco aprovechando los cacos las fallas del fluido eléctrico.

Tras de nuestro publicitado escudo, se incrementaron los feminicidios ahora hasta en espacios públicos, la violencia física contra niños y mujeres, y nos enteran de casos de violencia contra animales balaceados, macheteados o muertos a pedradas y trancazos por molestar a sus dueños, o bien por el mero hecho de ser feos, como es el caso de las zarigüeyas, muertas por su mala fama de comerse a las gallinas de los patios caseros cuando ya no existen patios con aves porque esa costumbre desapareció hace muchos años. Ahora se les mata porque su imagen se califica de fea, y eso aterroriza.

Mujeres, ancianos, niños, jóvenes y hasta animales caseros como perros y gatos son víctimas inocentes del vandalismo que ahora caracteriza estos tiempos.

Tales actos nos hablan de una sociedad enferma, hastiada de un sistema en el que el poder público ha venido sirviendo para lucrar, no para servir a una sociedad explotada con salarios bajos y precios altos, sino solamente a malos políticos que saquean los presupuestos públicos con impunidad. Hay que agregar las facilidades de acceso al consumo de alcohol, y la tolerancia exhibida en casos de impunidad extrema ante hechos denunciados públicamente.

Pediríamos a las fuerzas celestiales ayuda como una última alternativa, pero recordamos que incluso imágenes y objetos de culto religioso han sido víctimas de acciones violentas por los malhechores.

¿Qué nos queda por hacer? Aguantar… ¿y esperar a que esta oscuridad termine, si algún día lograse brillar de nuevo el sol de la paz y la justicia?

Nuestra sociedad y los lectores tienen la palabra.

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