El seductor de la patria, de Enrique Serna

By on abril 5, 2018

Libros

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Primero debo decir que no tenía el gusto de haber leído trabajo alguno de Enrique Serna, algo que trabajaré en corregir conforme asomen las oportunidades y el presupuesto lo permita. Su libro El seductor de la patria, de la editorial Seix Barral, sobre la vida del bribón Antonio López de Santa Anna, fue una muy reveladora sorpresa por su estilo de escritura y me pareció muy rico en detalles, muy trabajado y muy revelador.

Todos hemos escuchado o leído acerca del gran ladrón y sinvergüenza que fue Antonio López de Santa Anna: no solamente fue múltiples veces presidente de México, sino que también se le atribuye haber vendido la mayor parte del territorio nacional a los norteamericanos, incluyendo en el “negocio” a California, Nuevo México y otras importantes regiones. También fue famoso por lo que en Yucatán hemos denominado como “coox virar”, que es como nos referimos a los personajes acomodaticios a lo que el medio ambiente, sociopolítico o personal, les arroje a lo largo de su vida, siempre buscando su beneficio. En Estados Unidos lo odian por lo que hizo con los que defendieron El Álamo.

El término de “seductor de la patria” que usó Serna para referirse a este personaje de nuestra historia nacional lo prestó, según confiesa en el preámbulo, de Enrique Krauze, otro gran historiador e investigador de nuestra a veces inverosímil, a veces triste, a veces desesperanzadora, evolución como país. Como cuando leí a Armando Fuentes Aguirre, y lo comenté en la reseña que hice a su libro La Guerra de Dios, El Conflicto Cristero, el único “pero” que le pongo a obras como esta magnífica de Serna es que no sabemos cuánto de su relato salió de su imaginación, ni en qué partes del libro se basa fehacientemente en hechos registrados por los protagonistas de esos días. Me hubiera encantado encontrar pies de página que sustentaran lo que leí en su relato, con lo cual hubiera apreciado aún más su contenido y el poder de su imaginación. A pesar de esto, el libro arroja luz, mucha luz, sobre lo que vivió Santa Anna y, en general, sobre el panorama que se vivía en el México decimonónico en los períodos de la Independencia hasta lo que fue el gobierno de Benito Juárez.

Al leer este voluminoso trabajo de Enrique Serna, múltiples sensaciones me recorrieron, y de muy diversa naturaleza: algunos episodios de la vida de Santa Anna son difíciles de creer de tan fantásticos que resultan, pero la constante en todos ellos es su “viveza”, su pícara, y muchas veces, innoble manera de aprovecharse de situaciones con la intención de obtener beneficios; en otros, es imposible dejar de palpar el mordiente e irónico tono con que el autor cuenta las hazañas del general Santa Anna, señal de que le parecieron tan irritantes como a mí, así como el comportamiento de los políticos y militares de antaño, con las conocidas excepciones que nuestra historia ha registrado.

Y es por esto último que recordaré largamente este libro: me sentí indignado al comprobar que poco ha cambiado en nuestro México desde hace más de dos siglos. Me explico: en aquellos días, desde 1810 con la revuelta de Miguel Hidalgo, el poder lo detentaban los generales del ejército y el clero, y los políticos tan solo asentían con la cabeza los designios que unos y otros les comunicaban. Los primeros iniciaban revueltas, apoyadas por los segundos, cada vez que se les pegaba la gana o, mejor dicho, cada vez que la “justicia” les susurraba en el oído que no se dejaran. Como consecuencia, era menester que, para ser un hombre exitoso, se estuviera bien con el ejército y con el clero, y los políticos cosechaban cada vez que “cobraban” su apoyo. Santa Anna fue un consumado manipulador de conciencias entre sus símiles de rango, y lo intentó con el clero, no siempre con éxito. Por su parte, fueron los “políticos” quienes lo convencieron de que asumiera el cargo de presidente en varias ocasiones, porque así convenía a sus intereses.

Dos siglos después, y a pesar de la Guerra de Reforma, y de la sangrienta Revolución Social Mexicana, lo único que hemos logrado es quitarle poder al ejército, al clero, y dárselo a los “líderes revolucionarios”, mientras los políticos siguen obteniendo pingües ganancias desde sus curules. Seguimos igual de jodidos en materia de justicia social, con los mismos alto niveles de pobreza e ignorancia, y escuchando a los mismos merolicos esgrimir los argumentos de mejora con que se engañó a la nación hace dos siglos, sin que los actuales demuestren en los hechos que tengan la menor intención de que cambien las cosas en bien de los que menos tienen.

El seductor de la patria es una novela histórica en la que Santa Anna habla, a través de las letras de Serna, la mayoría de las veces en primera persona, explicando sus motivos –él nunca tuvo la culpa de nada; tan solo seguía los designios de aquellos que le pedían actuara como actuó; sus subordinados eran ineptos y por ello perdió tantas batallas; el Congreso no tenía visión a futuro y por eso no invertía en mantener bien equipados a los únicos que daban la cara por el país: los militares; los que tenían afanes de mejorar al país eran unos idealistas ignorantes; Juárez era un indio zapoteco que se creía mucho e iba a llevar al país a la ruina– que, extrañamente, suenan muy parecidos a los que aún escuchamos en estos días proviniendo de algunos políticos. Por el libro vemos desfilar muchos de los personajes que aparecen en nuestros libros de historia: algunos de ellos son reivindicados, otros son expuestos en su pobreza humana.

El seductor de la patria, de Enrique Serna, es una lectura obligada para aquellos que desean profundizar en nuestra historia y estén dispuestos a identificar lo pobremente gobernado que ha sido nuestro país, doblegado por la misma miasma que aún persiste en estos días. Importante lectura, sobre todo, en estos días en los que muy bien pudiéramos cambiar el curso de nuestra nación hacia lo que en realidad nos merecemos. Incluso si no se leyera por estos motivos, vale mucho la pena conocer los orígenes de las ideas que actualmente rigen nuestra nación, con el fin de modificarlas de una vez por todas.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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