El Niño Dios brinda refugio en su pesebre a perro callejero en Peto

By on enero 11, 2018

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Historia Contemporánea de Navidad

edgar rodríguez cimé

El pesebre (establo para los animales domésticos) quedó de lujo en el Ayuntamiento de Peto: la cuna de mullida paja dispuesta por la Virgen María y San José para el recién nacido Niño Jesús, que retoza alegre, anunciado y custodiado por los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltazar. Mira la tierna escena cristiana un famélico y tembloroso de frío perro negro callejero, envidiando la humilde y cálida escena familiar.

Mientras, la gente pasa y pasa de prisa en estos días de guardar, unos comprando para llenar sus mesas de comidas y obsequios, y otros con lo mínimo para cenar esa noche. En cada lugar, rico o pobre, también los animales domésticos son fieles reflejo de la vida de sus amos: unos estrenando ropa o suéter de mascota y comiendo alimentos importados, los menos, y otros, los más, con los restos navideños como “banquete”.

Pero quienes no poseen la suerte ni de unos, los perros finos de los de Arriba, ni de otros, los canes malixes (mayas) de los de Abajo, pasarán estas fechas peor que otras, porque carecer no solamente de comida fina, o aunque sea restos, no se compara con la desprotección de carecer de un techo y una familia que los proteja, alimente y sane cuando enfermen.

Como “Chan Pek” quien, ante los 15 grados de “frío húmedo” de la península de Yucatán, a diferencia del benigno frío seco de los estados del norte de Méjico, con los ojos ilusionados mira la mullida y cálida paja, por las luces encendidas, donde descansa el Niño Dios, junto a sus padres y Reyes Magos, ante la vista de petuleños y visitantes.

De pronto, ensimismado con la vista puesta en la imagen idílica, Chan Pek escucha una dulce voz infantil que se dirige a él: “Ven con nosotros, acércate. Debes tener frío. La noche será larga con esta humedad y no sería justo que, estando nosotros bajo techo, tú la pasaras afuera. Ven, no tengas miedo. ¡Nosotros te invitamos a pasar la noche juntos!”

Dicen que los perros son los mejores amigos del hombre y cuando un buen hombre “les hace gente”, saben reconocerlo y se portan fieles. Chan Pek se acerca lentamente hasta el pesebre hasta que entra humildemente, lame con dulzura la mano del Niño Dios y se echa sobre la paja a descansar.

Atónitas, ante la curiosidad o el desacuerdo, las personas miran la escena surrealista, un pesebre con un elemento vivo: un perro negro y callejero, durmiendo junto a un sonriente, y satisfecho, Niño Dios.

Los habitantes y visitantes del tradicional pueblo sureño de Peto contemplan asombrados o sonrientes la ¿irreverente? ¿humanista? escena religiosa: un inusual nacimiento navideño dando cobijo a un perro callejero.

Como siguiendo hoy día la filosofía piadosa de Jesucristo.

edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx / colectivo cultural “Felipa Poot Tzuc”

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