El Mundo Raro de Marcela Serrano

By on junio 15, 2017

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El Mundo Raro de Marcela Serrano

Para aquel que no sea nato de este país, y para los que aun viviendo en él se desentienden totalmente, el título de la canción de José Alfredo puede ser adoptado para calificar y nombrar sus modos, conductas y procederes.

Marcela Serrano, chilena prohijada por este país, escribió dos largos relatos por entregas en agosto del 2000 para el periódico español El País. Ese fue el santo y seña, el denominador común para los relatos del verano: un autor en tierra ajena que con su visión y lógica tamizara la situación nacional de su tierra adoptiva, o momentáneamente hospitalaria; quizá para que los lectores de diversas partes del mundo infirieran cuál era el sentir nacional de lo que pudo ser “la transición” a la mexicana.

Cuántas cosas podemos recordar de aquellos años, digo, de las declaraciones y desplantes de los candidatos y luego virreyes trasnochados, blancos y barbados – la historia mexicana en esos años comenzó con la presencia española – ungidos por el cheque en blanco del voto sincero de muchos compatriotas, de los que se tragaron el cuento, este que todavía y del que aún se sienten efectos y consecuencias.

Marcela Serrano tiene una solvente producción literaria. Uno de sus libros, Nosotras que nos queremos tanto, fue galardonada en 1994 con el premio Sor Juan Inés de la Cruz. Esta fue su primera obra que tuvimos oportunidad de leer. En su labor literaria se puede decir que la soledad, el abandono, las mujeres marginadas por la sociedad, la propia familia, son el tema recurrente.

El amor en los tiempos de los dinosaurios sitúa la historia en el contexto de las elecciones mexicanas. El proceso electoral del año 2000 fue para unos un triunfo electoral, la oportunidad, luego sabida perdida, del cambio; pero para otros fue una derrota, la defunción de los ideales, el ascenso trunco a la cumbre del presupuesto, el esfumarse de los proyectos.

Sitúa la acción del personaje en el vendaval de los hechos electorales, dominado más por su libido que se expresa, y los apuros para ocultarlo, que por sus convicciones partidistas manifiestas.

Para Pedro Ángel Reyes, el personaje, la derrota lo fue en todos los planos: laborales, personales y sexuales.  En sus ensimismados pensamientos de gozo y éxito sexual, confiado en su fuerza arrolladora de macho que piensa, tendrá y obtendrá todo en la inmediata realidad apenas haya pasado el trámite como representante por encargo del partido en el ejercicio electoral. Pero a este gris burócrata municipal, con una gris existencia familiar y laboral, acosado por los sueños y delirios de éxito y grandeza, el destino le tenía reservado otro final. Quizá la visión de un gato despanzurrado podría ser la de él mismo, al final de la noche.

La autora recrea los sueños de un partido político y de un individuo: el triunfo le reportará ascenso económico y éxito sexual. Pero son las circunstancias mínimas, y acaso desechables, las que modifican el futuro personal, y un proyecto político y de grupo para este país.

Y es que la percepción de la larga noche electoral, los resultados de la casilla, de cada casilla en su sección o municipio, puede o no ser definitivo en el contexto nacional, por lo que el triunfo o fracaso son espejismos personales: cada quien lo elabora o reelabora según su sueño. En nuestro país nada se resuelve sino después de los cómputos distritales, en la lucha jurídica post electoral.

Marcela Serrano, chilena y autora de reconocida producción literaria.

Marcela Serrano, chilena y autora de reconocida producción literaria.

Otro relato que integra este libro es Sin dios ni ley en el que la protagonista, Laura Gutiérrez, contempla desde su personal aislamiento – el marido en la empresa, los hijos adolescentes en la escuela privada o en los antros de moda, la soledad presente en sus horas más angustiantes, quizá una cárcel de oro, Las Lomas, la delegación Miguel Hidalgo –, a través de una ventana, el periódico Reforma, el acontecer nuestro de todos los días.

Notas de la lucha ética y moral de un grupo de mujeres, por lo menos de una parte activa de las mujeres víctimas de agresiones sexuales, por el derecho a elegir o no la interrupción del embarazo, pero que a nuestra protagonista le revuelve su estado mental de bienestar; existe algo oculto en algún momento de su experiencia familiar y vital.

La lucha de las mujeres es desde varios frentes, porque son agredidas también por las instituciones religiosas, de salud, por el aparato judicial, por si no fue suficiente la agresión que sufrieron en sus cuerpos y psiques.

Por supuesto, desde su parcial punto de vista, estas acciones laceran lo establecido, vulneran la sociedad tal como ha sido construida sobre sus personales valores. Como tal, prefiere mirar a otro lado: las revistas de moda, por ejemplo, Vogue en una tienda departamental en Polanco, aséptica, aislada, lejana, como una manera de descansar y olvidar desgracias ajenas… y propias.

Ventilar su vida, exponerse a las instituciones judiciales, es orear su posición social, es cancelar para ella y su familia el futuro y excluirse de sus círculos clasistas. Entonces es mejor enfrentar estas situaciones de forma silenciosa, sin llamar la atención, sin estridencias, guardándose para sí todo el odio en ese mundo raro de afuera. “Hay veces que Dios te abandona. Entonces quizá no hay Dios, ni Ley.”

Afuera, en la CDMX, nubarrones oscuros y cargados de energía se acumulan y cercan la ciudad. La tormenta es obvia e inminente, como también lo será en su casa; en su ánimo interior una luz sube o desciende, y el estruendo posterior no se hace esperar. La palidez de su rostro y el temblor de sus labios ponen de manifiesto el ambiente. Lo demás, el desenlace, es cuestión de tiempo.

Un mundo raro, editado por Grijalbo Mondadori en el año 2000, es un libro para dejar de lado o para preservar. Nuestras conciencias aún no están preparadas para que ojos extraños nos esculquen y expongan los trapos sucios. Así fue con Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis.

Parece que nada ha cambiado.

Parece que todo cambió.

Juan José Caamal Canul

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