El Lugar de la Demencia (VII)

By on mayo 10, 2018

DEMENCIA_07

‘Nada nos llevamos al gran viaje. Regresamos desnudos a la fuente original de nuestro nacimiento. Retornamos llenos de impureza al mismo lugar que nos vio salir limpios de todo pecado’

Oliverio Landucci, Cronista 

 

Frontera sur de GUATEMALA – octubre del 2028

Atrapados en un bunker infernal, los cuatro comandos y sus dos illuminatis trataban de encontrar la lógica a la locura imperante en aquel sitio. Habían sufrido nueve bajas, incluyendo la de su sicópata líder Lee Dahmer.

Brooks logró convencer a Amalia de aceptar la posibilidad de que Lev Aggot tenía razón al afirmar que el libro escrito por Oliverio Landucci –libro que él poseía desde hacía algunos años y que, a pesar de estar escrito en latín, pudo leer– contenía claves para lograr escapar de aquel lugar de pesadilla. Si bien el libro se encontraba guardado en una caja de seguridad en España, Brooks tenía fotografías digitales de todas sus páginas, por lo que acordaron intentar descifrarlo.

Lev Aggot exigió estar en el equipo que trataría de descifrar su contenido. Mancini también se integró: las tradiciones familiares de sus raíces romanas serían de mucha utilidad para llegar a mejores campos. Brooks dejó fuera la primera parte del libro, que era evidentemente biográfico, para abordar el segundo capítulo: la narración apocalíptica que describía la dimensión de los pecados.

Cum sexto homicida moriatur, habebit accessum ad promotionem. Est transitus ad scalam, infinita de tormentum, sed plena doloris. Vae autem illi, qui non paenitentiam de peccatis suis, quia numquam inveniat” leyó en voz alta Mancini, para de inmediato traducir: ‘Cuando el noveno asesino fallezca, tendrán acceso a un ascenso. Es el paso a una escalera interminable fuera del tormento, pero llena de sufrimiento. Ay de aquel que no se arrepienta de sus pecados, porque jamás encontrará salida alguna.’

Lev se le quedó mirando con cara de aburrimiento. Impaciente, dijo: “¿No crees que ahorraríamos un tiempo precioso si leyeras directamente en nuestro idioma en vez de leer en latín y después repetir todo?”

Todos asintieron con la cabeza y Mancini terminó de leer el primer pasaje: “Los pecados son distintos tipos de cáncer aferrados a nuestra alma. Es imposible arrancarlos sin arrepentimiento sincero. Si es necesario arrancarse una extremidad para avanzar, el pecador deberá hacerlo. El sufrimiento que infligiste, deberás experimentarlo en carne viva antes de redimir tu espíritu. El alma sale, el cuerpo no.”

Un silencio sepulcral inundó el ambiente. Tras breves instantes Aggot, cada vez más dueño de la situación, arremetió de nuevo: “El envase se queda, el espíritu sale. Tiene lógica. Estamos muertos, solo resta tratar de no quedarnos en el lugar más espeluznante a experimentar la inmortalidad, ¿no lo creen, chicos?”

“¡Calla tu puta boca, malnacido!  ¡No estamos muertos y vamos a salir vivos de aquí a cómo chingados dé lugar!” – gritó muy asustada Amalia, que comenzaba a derrumbarse.

Brooks la tomó del brazo y la llevó aparte para tranquilizarla, ante la divertida mirada de Lev Aggot. Chaimae Bara aún no estaba en sí.

“Amalia. ¡Tranquilízate! Sé que estamos sumergidos en la mierda, pero no es la primera vez. Hemos estado en situaciones similares, como aquella ocasión en Somalia, ¿recuerdas? Estuvo del carajo, pero salimos vivos porque mantuvimos la calma aún en aquella situación extrema. Rompimos el pronóstico y lo haremos una vez más.”

“No, Brooks, esta mierda no se parece en nada a ninguna de las misiones, ni la de Somalia, ni la de Corea, ni la México… Allá el enemigo era humano, acá… ¡Ni siquiera sé qué son esas bestias…! Estamos jodidos, Brooks, y tú lo sabes– descargó la latina de manera categórica.

Su líder no insistió. Simplemente le puso el brazo en el hombro para darle unas palmadas antes de regresar junto a Mancini y el pedante illuminati.

Orthon retornó de su incursión de reconocimiento: a 20 metros un pasillo daba acceso a una escalera que conducía a dos puertas. Todos se apuraron a subir por ella hasta alcanzar la especie de lobby que en el fondo tenía dos entradas, que estaban cerradas por unos portones de acero oxidado. En donde debían ir los picaportes, había una especie de cuadrado.

Aggot, desconfiado, sugirió que fuera la lunática Chaimae quien metiera la mano en uno de ellos. Al mismo tiempo, él mismo se puso en la misma posición en el otro acceso.

“La lógica indica que una entrada nos permitirá ascender y la otra será un paso a la perdición. Será interesante averiguar cuál de ambas es la correcta. ¿No lo creen así?” gritó al mismo tiempo que introducía el brazo en el cuadrado hasta sentir una especie de palanca que impulsó para activar un mecanismo que abrió el portón.

Chaimae hizo lo propio en la otra entrada y, cuando esta apenas abrió lo necesario, penetraron en tropel escalofriantes entes que encabezaban una horda mutante.

Todo ocurrió tan rápido que nadie alcanzó a reaccionar.

La silente illuminati ni siquiera tuvo tiempo de gritar: fue hecha pedazos por aquellos monstruos hambrientos de carne humana.

Todos corrieron hacia la rampa que Aggot ya trepaba, perseguidos por aquellos seres de pesadilla que chillaban de manera espeluznante.

Orthon fue el siguiente en ser desmembrado por las bestias, emitiendo unos alaridos que retumbaron con el inoportuno eco del recinto.

Mancini utilizó el último tiro del lanzamisil portátil FGM-148 Javelin, haciendo mierda a decenas de zombis. Pero eran demasiados. Usando su bayoneta comenzó a vender cara la derrota.

La plaga lo cubrió hasta esparcir sus partes ensangrentadas.

Su sacrificio permitió que Brooks, Amalia y Aggot escaparan. Apenas llegaron al siguiente nivel, un pesado portón cerró paso a los mutantes.

Los tres sobrevivientes descansaron varios minutos en aquel enorme cuarto que, para variar apestaba a cadáveres.

Brooks realizó una rápida inspección para constatar que aquella era una especie de morgue llena de restos humanos.

Aggot nuevamente tomó la palabra para dirigirse a los otros dos sobrevivientes: “¿Ya están convencidos? ¿Admiten que hemos muerto y estamos en la antesala al infierno?”

Amalia tenía el rostro bañado en lágrimas, pero así y todo respondió iracunda: “¡Chinga tu madre, pendejo! Mientras tengamos vida lucharemos. Sé que no he muerto, pero también sé que si no hayamos la salida, eso pronto cambiará. Así que deja de decir chingaderas o te meto un tiro en la cabeza.”

“De acuerdo” –dijo Aggot, aparentemente resignado. “No voy a retar a una mujer que no tiene empacho en infringir el mandamiento de ‘No Matarás’, pese a estar a la entrada del averno.”

Brooks no dijo nada. Se limitó a vigilar los accesos del sitio.

Agudizó la mirada como un águila al acecho de su presa, tratando de adivinar qué otros horrores permanecían ocultos en las sombras, esperando el momento preciso para saltar sobre ellos para engullirlos totalmente.

Con el transcurrir del tiempo, comprendió que no existía ningún tipo de redención posible para alguien como él.

Recordó de manera concisa algunas de las atrocidades cometidas durante su carrera militar: los interrogatorios a civiles inocentes, pero sospechosos para el sistema que él juró proteger.

Definitivamente: no había salida para él.

Comprendió entonces que aquella misión era el canal para llegar al momento de su juicio final. Toparse con Oliveiro Landucci no había sido una casualidad, sino una jugarreta cruel y vengativa del destino.

Continuará…

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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