El Humorismo en Yucatán (XI)

By on septiembre 6, 2018

Humorismo_1

VI

Continuación…

Se recuerda también la ocasión en que, llevado el Vate como otros tantos borrachitos al Asilo “Ayala” –dizque para curarlos de la afición de empinar el codo– fue puesto a hacer talacha, es decir, a pintar unas rejas de madera. Estaba dedicado a dicha labor, a la luz de un sol inclemente de verano, cuando lo vio el entonces Gobernador del Estado don Olegario Molina, que había ido al nombrado nosocomio, en visita de inspección. Como quiera que el afamado político conocía –como casi todos los yucatecos de entonces– al Vate Correa, le preguntó a qué se debía su dedicación a la pintura de brocha gorda, y el viejo bohemio le contestó con inolvidable redondilla:

El vil administrador,

por ahorrarse una peseta,

ha convertido a un poeta,

en sucio embadurnador.

También es de antología el famoso dístico que dedicó el Vate Correa a un grupo de distinguidos ciudadanos cubanos, avecindados en Mérida, que a fines de siglo habían formado una agrupación en pro de la liberación de su patria. Estaban tales señores antillanos celebrando una de tantas fechas gloriosas, correspondientes a las primeras luchas por la emancipación de la Perla de las Antillas, en un edificio frontero al Parque “Hidalgo”, lo que es hoy el local de la Sociedad “La Unión” cuando acertó a pasar por allí el Vate, y penetró por aquello de que al final probablemente servirían un refrigerio. Fue entonces que alguien –sabedor de su vena poética– le propuso hacer un brindis por la causa de sus anfitriones. Y el Poeta emitió el tremendo dístico que sigue, mismo que hizo que encolerizados los señores isleños lo sacaran del local en forma nada ceremoniosa:

Es propio de cubanos y de vencejos,

defender a su patria desde lejos.

Aclaramos que el vencejo es un ave muy tímida, parecida a la golondrina, incapaz de un rasgo de decisión y valentía, es decir, merecedor de que se le aplique un adjetivo, consonante de su nombre, que es en realidad el vocablo que utilizó el inolvidable Vate.

Es de señalarse que no se caracterizaban los versos del Vate Correa exclusivamente por su sonoridad y precisión consonántica, sino que en todos ellos se ironizaba con gracia, con auténtica agudeza, determinados aspectos de la vida individual o social, merecedores de crítica. Ya se refirió a esta peculiaridad de la poesía del Vate Correa el destacado polígrafo Lic. Santiago Burgos Brito, al dedicarle uno de los capítulos de su bellísimo libro intitulado “Tipos Pintorescos”.

Es así que, al contemplar en una mañana de invierno a un anciano carretillero –por cierto, hermano de raza del popular “Strike” Valdez y que tenía los cabellos totalmente blancos– exclamó nuestro bardo:

Hoy me causa inspiración

y a versificar me mueve,

el ver un copo de nieve

sobre un saco de carbón.

Y, como cosa curiosa, transcribiremos un poemilla festivo, verdadera joya de nuestra literatura popular, que se asegura elaboraron al alimón, como se dice de los pases realizados cooperativamente en términos toreros, el Vate Correa, el no menos anacreóntico Vate Izamaleño don Manuel Roche y una humilde mujer de pueblo, sirvienta de casa burguesa, que apenas mascullaba el castellano.

Sucedió que el Vate Correa y su amigo y colega el señor Roche entraron a una tienda de barrio, de esas que hasta hace poco eran además de expendios de ultramarinos, cantinas más o menos legalizadas, para tomarse un par de romualdos. Como en esos momentos entrara a la tienda la mujer antes mencionada, mesticita joven y de no malas prendas naturales, el Vate Correa exclamó:

Eres, mujer, un hechizo,

eres todo mi embeleso,

Dzátenen medio de queso

yetel cuartilla chorizo.

Nuestro inolvidable amigo “El Chinaco” Rosas nos contó alguna vez que el Vate Correa guardaba buena amistad con un tocayo suyo de nombre y primer apellido, el cumplido empleado de la Oficialía Mayor de Gobierno, hace 60 años, don José Correa Canto, quien por las tardes formaba tertulia en el centro de la Plaza Grande, como lo hacen hoy el decano de los burócratas de Palacio, don Baltazar Sánchez, y varios de sus amigos de juventud. Pues bien, el Vate Correa, tomando en cuenta las aficiones galantes de su tocayo mencionado, le dedicó el siguiente ovillejo poético en que lo parangona, por contraste, con el Casto José de la Biblia.

Tenteresé,

Don José,

aquí su retrato vea,

Correa,

que a las pollas causa espanto,

Canto.

Si un José perdió su manto

a manos de egipcia guapa,

hueva que pierda su capa

don José Correa Canto.

Ahora volveremos a hablar de Pichorra, en paralelismo con el Vate.

Fue muy aficionado Pichorra a desarrollar sus anécdotas poéticas con derroche de lirismo en su primera parte, para despeñarse de pronto en la grosería, en la coprolalia, en la frase cruda, pero siempre en forma ingeniosa, y sin que sus expresiones cambronianas sonaran nunca a falso, pues encajaban perfectamente –dada la situación descrita– en la manera de reaccionar que en estos casos ofrece la gente del pueblo.

Recordamos, por su mucha enjundia, el breve brindis que espetó Pichorra en la rumbosa fiesta con que se celebró –hace como 60 años– el nacimiento del esperado primogénito de un anciano del rumbo de Santiago a quien todos conocían por el apodo de Totina, nacimiento que ocurrió a los ocho años del matrimonio de tan provecto como feliz progenitor. Al parecer la esposa de Totina mostraba inclinación por un joven y robusto vecino, abastecedor, por más señas, que estaba presente en la fiesta y que –¡ah, las coincidencias! – se parecía bastante al recién nacido. Llegó la hora de los brindis y alguien le pidió a Pichorra que dedicara uno al feliz acontecimiento.

Sin darse a rogar poco ni mucho, emitió Pichorra el siguiente, en forma de redondilla:

¡Qué contento está Totina,

porque ya parió su gata;

parirá más si no mata

al gato de su vecina…!

Parece que en esa ocasión tuvo que hacer el bardo Salazar un mutis rápido.

Pichorra y el Vate Correa, ambos bohemios impenitentes y cultores firmes de Baco, eran amigos y compañeros de no pocas jornadas. En cierta ocasión, sin previo aviso, surgió entre ellos un duelo poético en el que ambos demostraron su ingenio, su don repentista. Los hechos se produjeron como sigue:

Es un pequeño figón del mercado municipal –lo que es hoy el Bazar García Rejón– acostumbraban ambos tomar sus alimentos; que a veces se reducían a un chocolate y dos panuchos, es decir, formaban parte de lo que el gracejo popular llamaba los “agachados”. En cierta ocasión, el dueño del figón de marras tuvo que ausentarse de su comercio por unos minutos y le pidió al Vate Correa que cuidara el negocio, claro que sin autorización a despachar ni mucho menos.

Entonces Pichorra –que aquel día no había podido consumir nada por estar en la inopia– se sentó con mucha prosopopeya en la banca destinada a la clientela y pidió que se le sirviera un vaso de leche. La respuesta del Vate Correa, denegando el servicio, fue rauda como una saeta:

Por haber llegado tarde

a esta humilde lechería

no hay más vela que la que arde

ni más leche que la mía.

Herido en lo vivo Pichorra por la gracejada de su colega, que le había dado en el blanco, sin solución de continuidad contestó:

No confunda la palabra,

ni tampoco la intención,

yo pido leche de cabra

y no leche de chivón.

Conste –en honor de la verdad histórica– que en rigor Felipe Salazar empleó el último verso de su cuarteta no la palabra chivón, sino el aumentativo de la palabra cabra, que nos hemos abstenido de emplear al insertar la estrofa para no rozar, ni tangencialmente, la famosa campaña de moralización en boga.

Antes de dejar de hablar de este par de bohemios, evocaremos un simpático lance que le dio ocasión al Vate Correa para mostrar su ingenio repentista: Algunos cocheros de punto de esta ciudad tenían danza jurada con el Vate a quien gritaban al pasar: “Bomba”, “Bombín”, según la indumentaria que llevara. A un estentóreo grito de “Bombín”, ripostó una voz:

“Con bombín o sin bombín,

muy burda es tu necedad,

vil auriga, malandrín,

te pregunto, pillastrín,

¿Es envidia o caridad?”

Conrado Menéndez Díaz

Continuará la próxima semana…

Déjenos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.