El Humorismo en Yucatán (III)

By on julio 13, 2018

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III

INTRODUCCIÓN

(Continúa…)

Entre los humoristas yucatecos de esta etapa, menciona la Enciclopedia Yucatanense a Rafael Carvajal que, bajo el seudónimo de Adolfo Escarrea de Bollra, escribió el artículo de costumbres denominado: “Un clavo saca otro clavo”; a los escritores Baranda, Solís, Bolio y Zavala y García, que aunaron sus esfuerzos en 1852 para escribir su “Alegre viaje de cuatro amigos a las Ruinas de Uxmal” en el que trataron chunga sobre “la guerra de bárbaros que sufre este País” (la de castas); a Servelión Domínguez Lara y Albino Franco, el primero muerto a los veinte años, el segundo, autor de unas quintillas diabólicas; a don Eligio Ancona, que en el Álbum Yucateco escribió: “No hay peor cuña…” y “El empleado”; y en El Repertorio Pintoresco el romancillo “Por qué no me caso”; en sus colaboraciones de este tipo, dadas a los periódicos satíricos como La Burla, Ancona usaba el seudónimo de Lagartija; finalmente, José Patricio Nicoli, nacido en Yobaín, autor del cuadro de costumbres “Los misterios de la calle de Santiago”, publicado en el Repertorio Pintoresco de 1876.

En el lapso comprendido de 1871 a 1895, señala la Enciclopedia como humoristas inicialmente a Arturo Cisneros Cámara, y Pedro Escalante Palma, que popularizó el seudónimo de Pierrot en la escala nacional, ya que su obra teatral festiva intitulada “La Cuarta Plana”, causó furor en los escenarios capitalinos. Fue miembro destacado del equipo de escritores del inolvidable periódico yucateco “Pimienta y Mostaza”, en el que Cervera Buenfil, Miguel Nogués, Antonio Cisneros Cámara y Alberto González aparecieron.

También es de señalarse en este campo a Serapio Rendón, por sus escritos de estilo “alegre y juvenil”; dice Esquivel Pren que “sin llegar a ser festivo o chispeante, era no obstante reidor y simpático”.

Castillo Rivas hizo célebre la sección de “Pimienta y Mostaza” denominada “Desde mi celda”, que firmaba con el seudónimo de Fray Simplicio, y en ocasiones con el de Fray Candil. Cervera Buenfil signaba sus producciones con el de Tau-Sigma, y fue de producción muy regocijada en prosa y en verso, haciendo feliz pareja a Lorenzo López Evia con cuentos, comentario, críticas e ironías de muy buen gusto.

Miguel Nogués, español que radicó en Mérida hasta su muerte, fue el fundador y director de “Pimienta y Mostaza” en sus tres épocas: la primera de 1892, la segunda en 1893. Su seudónimo, con el que figuraba como director de dicha revista, era el de Becuadro. Fue autor de muchos epigramas, en versos casi siempre octosílabos.

Antonio Cisneros Cámara destiló un humorismo triste, expresado en su sección del periódico que nos ocupa llamada “Tristezas y tonterías”.

Alberto González, conocido en el mundo de las letras yucatecas con el seudónimo de York, escribió epigramas llenos de intención jocosa, agudos e ingeniosos, sobre varios tópicos, sobre todo de actualidad y otros, así como romancillos, de valor permanente.

Figura de esta nómina fue Joaquín García Ginerés, por su cuadro de costumbres meridanas sobre motivos carnavalescos, intitulado “El dominó de raso”.

Semejante al famoso negrito poeta José Vasconcelos, fue en nuestro medio Manuel Roche, que se hizo célebre por sus acerados epigramas, semejantes a los que más adelante elaboran Pichorra y el Vate Correa.

Toda una generación de humoristas, encabezados por los hermanos Julio y Augusto Río Ceballos, se manifiesta en el famoso periódico humorístico y satírico La Campana, que se publicó –con gran aceptación del público en esta ciudad– entre los años de 1907 y1914.

“Sus redactores –dice Esquivel Pren– cumplieron la tarea de reconquistar nuestro regionalismo, restauraron la psicología popular yucateca, olvidaron lo extranjero, reflejaron el alma y la idiosincracia del pueblo, rieron e hicieron reír con nuestro humorismo.”

Julio Río utilizó sobre todo el seudónimo de Solís, pero también firmó sus producciones con los de Celedonio Meliflor y Lucas Gómez. Durante largo tiempo entretuvo al público yucateco con su inolvidable sección denominada “Caballadas”, que comprendía relatos de escenas populares, imaginarias o reales, comentos sobre cosas y personas bien conocidas, sucesos que habían despertado el interés colectivo. Una muestra de su ingenio es el epigrama que dedicó a la publicación de la obra de poesía lírica Amorosas, original de un distinguido periodista que colaboró destacadamente en Pimienta y Mostaza.

De Amorosas de Mortón

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Para mandarla quemar.

Sin la vena cómica de su hermano Julio, Augusto Río Ceballos escribía artículos serios o poemas breves, románticos, con el seudónimo de Campanone, pero ocasionalmente daba rienda suelta al humorismo que bullía en su temperamento, pergeñando bombas simpáticas o madrigales finos, con el seudónimo de Juan Uc C.

Joaquín Pasos Capetillo popularizó los seudónimos de Polidor, Simón Simple y Casitas; este último para signar los artículos burlescos que durante algún tiempo elaboró, satirizando a un periodista español apellidado Casas. Su seudónimo Polidor le sirvió para denominar a un semanario artístico y festivo que dirigió en año de 1917. Produjo muchos cuentos jocosos en los que retrató nuestras costumbres típicas, haciendo gala de su caudaloso humorismo, ya que dejaba para el desenlace el golpe chispeante de mayor calibre; se advierte en todas sus producciones –observa Esquivel Pren– un fondo de amargura y dolor.

También produjo amenos cuadros de costumbres en La Campana José Hernández Fajardo, quien suscribía sus artículos y cuentos con el seudónimo de Semibreve. Al igual que los hermanos Río, fue autor de muchos de los anuncios en verso de las casas comerciales favorecedoras del periódico. De un grato sabor regional son sus cuadros de costumbres, que bautizó con el nombre genérico de Barrianadas.

También de la redacción de La Campana fueron Julio Castillo Pasos, que firmaba con el seudónimo de I-Zeda, y Felipe Ibarra de Regil, que usaba el seudónimo de Melitón Quejebres; sólo tuvieron atisbos de humorismo, pues fueron de los escritores llamados serios.

Conrado Menéndez Díaz

Continuará la próxima semana…

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