El gato Malaquías

By on junio 14, 2018

9 Alma Preciado - El gato Malaquias_1

Alma Preciado

Malaquías es un gordo y perezoso gato que vive en una hermosa casita en el campo, en esa bella región al pie de la Sierra de San Pedro Mártir, en compañía de sus amos que lo quieren y consienten mucho, tal vez demasiado. A pesar de vivir en el campo, Malaquías no tiene que preocuparse por salir a cazar para alimentarse. Solo necesita acercarse a la cocina, donde siempre encuentra una vasija llena de comida para cuando tiene hambre.

Casi no sale de la casa, sabe que allá afuera el peligro acecha. Hay zorros y coyotes listos para atrapar tan suculento bocado. Y en la noche no se diga: están las peligrosas lechuzas que no dejan ni un gato para compadre, pues los gatos son su alimento favorito. Por eso Malaquías prefiere pasar el día echado en la cama grande de sus amos, que siempre está calientita por los rayos de sol que entran por la ventana. Solo se levanta a comer, desperezarse y a restregar su lomo en las piernas de su ama, quien se agacha y le acaricia su rechoncha cabeza negra mientras él ronronea de placer.

Los amos de Malaquías son un matrimonio ya entrado en años que vive solo en el rancho, pues sus hijos se casaron hace algún tiempo e hicieron su vida en otra parte. Generalmente vienen a visitarlos durante las vacaciones, y siempre traen con ellos a sus hijos, a quienes adoran; especialmente a Toñito, su nieto mayor.

Un día como tantos, Malaquías reposaba cuando escuchó extraños ruidos en la habitación. Eran pasos ligeros y maullidos de un gato joven. Malaquías se incorporó, estiró sus rollizas patas contra la cama y miró hacia donde provenían los ruidos. Con gran sorpresa vio que era un hermoso gatito tigre que se paseaba por la habitación con su cola erguida.

─ ¿Y ése: quién será? ─pensó. ─Oye, tú, ¿quién eres? ─preguntó con voz cargada de sorpresa.

 ─ Steve ─contestó el gatito con voz alegre─. ¿Y tú?

─ ¡Como que y yo! Pues yo soy Malaquías, el gato de la casa. ─dijo con voz irritada─. ¿Qué haces por aquí? ─

─ ¿Yo? Pues… vengo a pasar unas deliciosas vacaciones en el campo con Toñito, el nieto de los señores de la casa.

─ ¡Steve, Steve! ─se oyó una voz llamando al gatito, y éste salió corriendo de la habitación al oír que lo llamaban.

─ Mmmm… Mala cosa ─pensó Malaquías─. No me gustan los intrusos ─y se volvió a echar en la cama a esperar los acontecimientos.

Steve llegó a la cocina y trepó a los brazos de Toñito.

─ Abuelos, este es Steve, mi gatito.

─ Es muy bonito ─dijo el abuelo, acariciándole la cabeza─. Pero debes cuidarlo mucho, pues aquí en el rancho hay mucho peligro para los gatos. No dejes que se aleje de la casa. Y en la noche no debe salir para nada, pues a las lechuzas les encantan los gatos para la cena.

─ Está bien, abuelo. Lo cuidaré.

Steve era un gatito muy travieso, inquieto y aventurero, que constantemente interrumpía el descanso del perezoso gato Malaquías.

─ Oye, Malaquías, ¿no te gustaría levantarte de esa cama e ir a dar conmigo un paseo por el bosque?

─ ¡Cómo osas interrumpir mi sueño! ─contestaba Malaquías, bastante irritado─. Además, ¿no te han dicho que es peligroso andar por el bosque? ─

─ Sí, pero yo soy un gato valiente y no tengo miedo.

─ ¡Bah! ─decía Malaquías, malhumorado─. Y seguía con su descanso.

Steve salió de la habitación, un poco desilusionado por no conseguir que Malaquías lo acompañara. Se fue en busca de Toñito, pues sabía que él sí lo acompañaría en sus juegos.

Pasaron los días y Malaquías empezó a sentir celos del gatito Steve. Creía que por su culpa estaba perdiendo la atención y el cariño de sus amos, y eso lo tenía de muy mal humor. Empezó a idear un plan para deshacerse de él y así volver a ser el amo y señor de la casa.

Al caer la tarde, Malaquías por fin dejó la comodidad de su cama y se dirigió en busca del gatito. Lo encontró jugando con una bola de estambre de la abuela en la sala de la casa.

─ ¡Hola, Steve! ─saludó Malaquías con voz melosa─. ¿No te gustaría salir a dar un paseo por el bosque? La tarde está muy agradable─.

─Me encantaría pero, y ¿los peligros del bosque? Los coyotes, las zorras, las lechuzas…

─Eres un gatito valiente. Además, yo te cuidare. A mi lado no te pasará nada.

Salieron alegres y con paso lento caminaron por el jardín. Poco a poco, sin que el gatito lo notara, Malaquías lo fue guiando hasta tomar el sendero que los llevaba al bosque, un pequeño bosque abrazado por pinos de piñón, manzanita, gobernadora, chamizo colorado, y una que otra planta peligrosa como las chollas y el nopal espinoso.

Los cortos y ruidosos diluvios de verano bañaron la tierra y la habían vuelto verde, acentuando el aroma de las plantas y perfumando el aire. Todo aquello era nuevo para el gatito Steve y, mientras caminaba, veía y olía todo a su alrededor. Nunca se dio cuenta que el malvado gato Malaquías lo había abandonado en medio del bosque.

Cuando se percató, había caído la noche.

Maulló llamando a Malaquías, pero éste no respondió.

Asustado, el gatito empezó a correr sin rumbo, gritando el nombre de Malaquías, pero no hubo respuesta. Se detuvo para tomar aliento. Su corazón latía con tanta fuerza que parecía que se le iba a salir del pecho. Empezó a escuchar el aleteo y el ulular de las lechuzas. Los pelos de su lomo se erizaron y echó a correr de nuevo. Las ramas de los arbustos le parecían monstruos en la obscuridad, y cuando tropezaba con ellas creía que eran tentáculos que iban a atraparlo.

Pero no se detenía. Seguía corriendo para salvar su vida. Todo aquel movimiento había sido captado por la poderosa visión nocturna de una enorme lechuza blanca que se encontraba posada en la rama de un pino, acechando a su presa.

─ ¿Qué es lo que veo? ¿Es acaso un gatito exquisito para mi cena? Creo que sí ─. Dicho esto, se abalanzó sobre él para atraparlo. La lechuza logró su objetivo. Atrapó al gatito con sus potentes garras y continuó su vuelo.

─ ¡Suelta a ese gatito, pajarraco! Te lo ordeno ─se escuchó en la obscuridad. Al oírlo, la lechuza miró al que gritaba. Era al gato Malaquías. De inmediato soltó al gatito Steve, pues el gordo gato le pareció un mejor y rico manjar.

─ ¡Corre, gatito! ¡Corre! Toma el sendero y no pares hasta llegar a casa ─dijo Malaquías. Al oír los gritos del gatito, se arrepintió de lo que había hecho y regresó en su ayuda.

Steve corrió y corrió hasta ver las luces de la casa. Sentía que el corazón se le salía por la boca. Al entrar al jardín, miró que Toñito estaba sentado en los escalones al pie del porche y, al verlo, corrió para ir a recibirlo con los brazos abiertos. El gatito Steve saltó a sus brazos y juntos entraron a la casa, directo a su habitación.

El gatito Steve estaba muy preocupado por la suerte de Malaquías, pero el cansancio y el miedo lo vencieron y se quedó profundamente dormido, acurrucado junto a su tan querido amo, Toñito.

A la mañana siguiente, el gatito se levantó y corrió a la habitación de los abuelos para ver si había regresado Malaquías; pero no, no había vuelto. Se puso muy triste, pues pensó que había sido devorado por aquella enorme lechuza.

Después del desayuno, Toñito y Steve se sentaron en los escalones del porche a disfrutar la mañana. Toñito jugaba con los muñecos de sus personajes favoritos, y Steve se entretenía mirando a unos pájaros azules revolotear en el jardín para comer las sobras que la abuela todos los días arrojaba con ese propósito.

Vieron al abuelo que venía por el sendero, empujando una carretilla cargada con leña de manzanita que había cortado muy temprano esa mañana. Conforme el abuelo se iba acercando, Toñito notó que Malaquías venia echado entre la leña y se veía en muy mal estado.

─Lo encontré muy malherido en el bosque. Me pareció bastante extraño, pues él nunca sale de casa. ¡Corre, avísale a la abuela!

─ ¡Abuela, abuela, ven pronto! El abuelo trae a Malaquías muy malherido ─gritó Toñito.

La abuela salió corriendo.

─ ¡Oh, mi pobre gatito! ─dijo al verlo. Lo tomó entre sus brazos y lo llevó adentro.

Tenía heridas por todo el cuerpo, como si hubiera estado en una gran batalla. Después de curar sus heridas, el abuelo llevó a Malaquías a su habitación y lo depositó en la cama con mucho cuidado.

 ─ ¿Se pondrá bien, abuelo?

─ Sí, va a estar bien. Sólo hay que dejarlo descansar.

Todos salieron de la habitación, procurando no hacer ruido.

Los siguientes días, el gatito Steve entraba en silencio a la habitación donde descansaba Malaquías, pero nunca más interrumpió su sueño.

Malaquías nunca hizo saber al gatito que notaba su presencia, pues se sentía muy avergonzado por haberlo dejado solo en los peligros del bosque. Se alegraba que el arrepentimiento hubiera llegado a su corazón cuando escuchó sus gritos desgarradores, y de haber regresado a tiempo para salvarle la vida. Había valido la pena enfrentarse a ese pajarraco del demonio. Si bien quedó todo aporreado por la batalla, la lechuza también recibió lo suyo; por algún tiempo no desearía un gato para la cena.

Así transcurrieron los días alegres y tranquilos de ese verano –con sus cálidas mañanas y sus frescas tardes, cuando la lluvia cae y deja el campo oliendo a tierra mojada, al aroma de las plantas–, verano que tanto Toñito, Steve y Malaquías jamás olvidarían. Siempre estaría presente en sus mentes y sus corazones.

Cuando llegó el día de regresar a casa, todos se pusieron tristes. Se despidieron con un gran abrazo, pero con la ilusión de volver a verse en las próximas vacaciones.

Malaquías no dejó su lugar de descanso para despedirse, pero en el fondo su corazón estaba triste. Sabía que extrañaría mucho a ese gatito y a Toñito.

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