Dones y comunidades

By on abril 12, 2018

Reseña_1

José Juan Cervera

Para mis amigos Carlomagno, Alondra y Jaime, por sincronizar en sus miradas la maduración de los frutos y el susurro de las frondas.

¿Por qué reseñar libros, y qué sentido tiene hacerlo con la frecuencia que dicta la decisión de abandonar los asomos esporádicos? Quienes incursionan en esta actividad pueden tener muchas respuestas, forjadas en una conciencia colectiva que las letras hacen amable y familiar, aunque los medios que conducen este impulso adquieran rasgos de distinción inscritos en el estilo personal.

Quien toma la pluma para esbozar una reseña se ocupa también, durante otros momentos, en composiciones que reclaman distinta naturaleza a su escritura, visitando géneros alternativos y posándose en algunos de ellos, aunque a veces su preferencia se estacione en puntos precisos del recorrido con que cada lector acomete un horizonte plural, valiéndose de juicios que pretenden sintetizar la asimilación de significados, fragmentos de vida que desbordan un simple agregado de letras comprimidas en un haz de celulosa.

Acaso la recensión llame a ser calificada como un ejercicio menor, subordinado a un pensamiento ajeno que, sin embargo, se nutrió en veneros cuya identidad se pierde en orígenes nebulosos y en líneas de un razonamiento robusto, las cuales se remontan a un concilio de mentes fertilizadas entre sí que mudaron su acento al cantar, susurrar o imprecar, proyectándose fuera de sí mismas con el propósito de hallar interlocutores que modulen su propia expresión para definir el talante de los frutos que cosechan.

El canon, la tradición, los registros civilizatorios y la huella etnológica tienen un peso que las voces guiadas por la inmadurez no logran conjurar con el endeble argumento de las originalidades virginales, refractarias a influencias filosóficas o préstamos de unas culturas a otras, tendencias tan reales como los procesos de apropiación que despliegan tonos y matices adecuados al contexto que los recibe.

En estos procesos alienta el motivo vital de plasmar un itinerario, y con ello asentar una bitácora capaz de exponer los alcances de una experiencia que el estímulo intelectual complementa y equilibra. Convertir en lectura pública estos guiños y diálogos, transvases y reformulaciones, aunque sea con el más precario de los métodos, puede convocar el espíritu de comunidad que se aloja en colegas y discípulos, legos y especialistas, lo mismo que en una indeterminada recepción investida del pleno derecho de blandir su indiferencia o su desacuerdo, su conformidad o su reserva en un papel activo que eventualmente se hace visible y empático, al tiempo que esparce un dejo de curiosidad en su trayecto. Su celo interpretativo puede acarrear equívocos o descubrir nuevas vetas en el yacimiento común que mucho puede brindar a cada gambusino de la idea y del sentimiento.

En ocasiones podrá percibirse con nitidez la vibración de las almas cuya sintonía resguardan los signos gráficos en su noble tarea, un acto que a lo lejos puede parecer modesto, pero que tiene el poder de desencadenar la mirada muy por encima de los límites impuestos, preservando el sello propio y la voz que le abre camino.

En cualquier flanco puede brotar el ánimo de compartir la expectación que rezuman los senderos promisorios, terreno de privilegio para sugerir pasos dirigidos a simplificar el afán de los hermanos que marchan con su propio ritmo y enarbolan su entusiasmo con el propósito de  abonar las tierras que lo contienen todo: el beso de la luz y la absorción de los fluidos regeneradores, la caricia de las voces cristalinas y la calidez de la presencia que extiende su aroma para cautivar con los tenues lazos de una sonrisa fresca.

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