Diario y van tres

By on noviembre 17, 2017

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Diario y van tres

Aprendimos a quererte desde la histórica altura

Carlos Puebla

En Diario del Sureste todos aprendimos algo y descubrimos a alguien en nosotros: desde la responsabilidad, el compromiso y la mística en el trabajo, hasta saber que íbamos a ser capaces de emborronar cuartillas, tomar fotografías, operar maquinarias y emplearnos a fondo en las más sencillas y humildes tareas, pero no por ello menos importantes, en el funcionamiento de la empresa.

Este escrito se redactó hace un año, después del desayuno entre amigos y colaboradores. Se dijeron tantas cosas, como que “vale la pena seguir con el ejemplo de los que nos antecedieron; vale la pena ser tribuna para defender lo que pensamos” y que “es el pensamiento y la ideología de lo que significa estar junto a los que no tienen voz, que somos muchos.

Tanto vale la pena seguir con este proyecto porque “una página de periódico puede cambiar la historia del mundo”, dicen que dijo don Clemente López Trujillo.

Juan Villoro dice que “las pequeñas acciones y actitudes no cambian el mundo, pero el mundo puede cambiar haciendo cosas pequeñas.”

Entonces, desde el sueño e ideal que es Diario del Sureste, podemos y estamos dando continuidad y cambiando el mundo.

Sí, son tres años de la versión electrónica, pero no hay interrupción, sino consecuencia de aquellas ediciones impresas. Vale celebrar este día, 20 de noviembre, escribiendo y rememorando.

Quizá los que de alguna manera hemos estado presente en las reuniones nos sentimos tocados por el hechizo de Diario del Sureste, por el periodismo, por el diarismo, por las irradiaciones mágicas que nos tocaron en su momento, como por ejemplo escribir o tomar fotografías, viajar para plasmar en las páginas facetas, imágenes, rostros y el ser de los yucatecos. Fulgores de espíritus nos animan como la disciplina, la responsabilidad, el compromiso, la infatigable tarea de trabajar y suplir con ingenio –en aquel tiempo y quizá en este– las carencias, para participar puntualmente y con laboriosidad tecnológica en un medio digital, como lo es en la actualidad.

Puede que todo eso estuviera en cada uno de nosotros, como también que hubiera alguien que nos motivara, nos hiciera sentir partícipes de que hacíamos algo, de que fuimos y somos útiles en un proyecto.

No sabemos cómo haya sido antes y después. Nuestro momento, permítaseme la palabra, fue glorioso. Pero no debemos dejar nada al azar. Quizá aquel presente fue motivado por el pasado, por el ejemplo de los maestros, y el futuro quedó en manos de los que tuvieron algún papel en aquel presente que nos tocó vivir, y que hoy es historia reciente.

En fin, los motivos y los buenos ejemplos nunca faltan. Depende que se quieran replicar, repetir y multiplicar.

Así es como, la razón del porqué, citar un verso, la letra que atrapa la emoción y el sentir de Carlos Puebla sobre la esencia de un comandante argentino en la guerrilla y revolución en el trópico a mitad del siglo XX. Porque nos hace rememorar, nos hace entender que lo que nos tocó vivir fue un momento alto y sublime de nuestra vida y de la vida del Diario del Sureste, y de ahí nadie nos bajará.

Y porque el recuerdo claro, límpido, vívido y transparente no se borra de nuestras mentes y corazones.

Ya lo dije antes: fuimos tocados por el hechizo del Diario del Sureste, por ese amoroso fantasma que vive aún en aquellos espacios hoy reciclados que antes fueron patios, escaleras, pasillos y talleres.

Por todo ese tiempo que pasó y aún permanece…

Juan José Caamal Canul

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