¿Despedida y Corrupción?

By on octubre 19, 2017

Editorial

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¿Despedida y Corrupción?

El apetito voraz de los funcionarios públicos por los recursos confiados a su cuidado y administración, como bien sabemos en Yucatán y todo México, ha ido avanzando en forma creciente a través de los primeros años de este nuevo siglo. Y no es que este fenómeno no existiese durante épocas pasadas en nuestro país, porque suficiente información existe del apetito de no pocos personajes vinculados a los altos niveles de gobierno que aprovecharon las arcas públicas para llenar las suyas propias.

Los moches tenían antes el popular nombre de “mordidas”, tan populares que nuestro maestro de literatura y gramática comentaba que en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española había una versión que decía… “Mordida. Unto de México”. O sea, que untando manos podían conseguirse, al margen de las leyes, beneficios de justificación legal dudosa.

De un lado, la explotación de los latifundios y la gente de campo. Del otro, empresas extranjeras que usaron los “moches” de la época pre revolucionaria y compitieron con los terratenientes para ver quién o qué grupo maltrataba más a los trabajadores y los reprimía y exprimía para hacerse de mayores ganancias, a costa del sudor y la sangre de los mexicanos.

Y vino la revolución. Y se pensó que con ella llegaría la justicia. Y se formaron los partidos políticos para competir por el poder. Y uno de ellos manejó por muchos años aquello de “Democracia y Justicia Social”. Pero no hubo, como hasta la fecha, ni lo uno ni lo otro.

El poder ha cambiado de manos, pero no de ambiciones. Los funcionarios de ahora sustraen mediante mil y una argucias los recursos públicos y tienen la intención de crear, a nivel nacional, el concepto de Casta Divina, separada del populacho, en la cual solo existan apellidos de viejo cuño y se pueda canalizar a los hijos y familiares a las arcas oficiales para que obtengan recursos sustraídos que envidiaría Alí Babá y sus palabras mágicas de “Ábrete sésamo”.

Amparados en la impunidad, en una red de complicidades, en las propias leyes defectuosas y tribunales creados y manejados a modo, las comaladas de nuevos ricos se frotan las manos en este 2017, año preelectoral, en el cual sus intenciones son, de una parte, mantenerse en el poder omnímodo y, por la otra, favorecer a sus descendientes para que, como nuevos conquistadores, manden y gobiernen sobre los explotados de siempre.

Ya desde ahora, sin aguardar a 2018, se va practicando el famoso y mal llamado Año de Hidalgo, o sea el del saqueo metódico de los recursos públicos.

Maniobrando, acomodándose, buscando nuevos “liderazgos”, haciendo alianzas, postrándose ante quien sea necesario, los émulos de la cuadrilla moderna de Alí Babá están moviendo sus influencias y alianzas para que vuelva a quedar, en sus mismas manos partidistas y de grupo, el total de los recursos presupuestales de los mexicanos.

Acomodamientos y golpes bajos, dentro de una exhaustiva campaña propagandística en todos los medios y redes, es lo que se observa por estos días en los que hasta la naturaleza ha venido a sacudir conciencias y desenmascarar algunos falsos liderazgos.

El pueblo mexicano descansaría y respiraría feliz si apareciese, como en los relatos bíblicos, un ángel exterminador.

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