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Desesperación y Bullying Político

By on mayo 24, 2018

Editorial

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En este país del “sufragio efectivo” y “no reelección”, estos soportes de la Constitución de 1917 se han sepultado entre centenares de ajustes a tales principios rectores. Continúan escritos, pero son letra muerta en lo político y en lo sindical.

Las varias generaciones de políticos de nuestro devenir nacional del Siglo XX han puesto, a través de los años, centenares de parches a la Carta Magna, por voluntad de los grupos de poder, políticos, económicos, financieros y hasta religiosos.

Un verdadero caos ha sido el resultado, originando conflictos y dando lugar a una creciente sociedad convulsa, desatendida, peor escuchada y servida.

Las migajas que caen de la mesa de banquetes de los empoderados de todos los colores y variados orígenes es lo único que hasta ahora sirve para repartir entre los menesterosos sociales.

La novedad y diversión actuales, en estos tiempos de carácter preelectoral, es la contemplación de los debates de los aspirantes a corregir las tantas deficiencias acumuladas, que los vivales pescadores de votos aspiran a recoger en sus redes, con cerradas mallas ideológicas o anzuelos cebados con regalos asistenciales, muy usados en estos tiempos electorales.

El espectáculo de los debates, transmitidos nacionalmente para interesar votantes nuevos o afirmar a los cautivos, se presenta como el mayor escaparate para exponer a los aspirantes al mando único, o sea, renovar la presidencia de este país tercermundista.

A este show mediático llegan las versiones y visiones de los aspirantes, y uno esperaría seriedad y formalidad en las confrontaciones ideológicas y políticas. Mas no es así.

Lo que los telespectadores han presenciado en este 2018 ha sido una mezcolanza de partidos de derecha-izquierda y centro, otro de reciente factura, algunos de fachada social, otro de supuesto propósito ecológico, etc.

Las coaliciones entre ellos sorprenden. Es así que llegan con candidatos de “unidad” a lo que se ha dado llamar “debate”, cuando lo que a final de cuentas ocurre es un “de bate”, en términos beisbolísticos, al que se llega para golpear entre todos al aspirante puntero, quien desde hace algunos años dio a conocer sus propósitos de cambio para retornar a los terrenos de la democracia y la justicia social.

El bullying político en dos ocasiones ha operado no para defender ideas propias, sino para agredir al que ven como aspirante más adelantado en la contienda.

Creen en el golpeteo montonero, no en la prevalencia de ideas y principios. Confían en la bronca política, más que en la defensa de sus tesis propias. Rebuscan cómo exhibir sus argucias como ventajas sobre el candidato puntero que, por lo visto, se les antoja inalcanzable.

Cada uno de los aspirantes broncudos se viste de adalid, viéndose como monedas de oro en tanto consideran a ese adversario como moneda de cobre.

Olvidan que cada aspirante, ante los votantes, es una opción entre varias, y que en la intimidad de la casilla electoral el día primero de julio quedará cruzada su decisión ciudadana.

Los desplantes, el bullying en los escenarios televisivos exhibe a quienes incurren en él como actores deformes, desesperados, montoneros de escaso o nulo valor moral y político.

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