“De putas: Ensayo sobre la Masculinidad”, cuestiona su heterosexualidad

By on julio 5, 2018

NuriaGuell

EN EL SEXO LOS VARONES NO SIEMPRE SE COMPORTAN COMO TALES Y CAMBIAN SUS ROLES

edgar rodríguez cimé

En el universo varonil, no sólo entre jóvenes, conocida es la costumbre de “irse de putañeros”, se supone para validar su condición hegemónica de “masculinidad” entre la diversidad sexual y de género, aunque no siempre sea así. El documental De Putas: Ensayo sobre la masculinidad, de la irreverente artista Núria Güell, pone en tela de duda, “con los pelos en mano”, la heterosexualidad de esa “preferencia masculina”.

Para penetrar el cerrado universo del “putañero” (consumidor de servicios sexuales), Güell se reunió con trabajadoras sexuales de León y Cataluña, en España, para diseccionar su mente delante de una cámara: “El conocimiento de las prostitutas, en base a la experiencia, subvierte totalmente la idea de una condición heterosexual,” sostiene esta artista. Aclarando que de las nueve mujeres del documental, seis trabajan en el cuarto y tres en la carretera de su pueblo, todas ellas independientes y entienden la prostitución como “una identidad política”.

Güell (Gerona, 1981) decidió abordar la masculinidad como catarsis de una situación social, judicial, económica y personal sin precedentes: “Le di vueltas y, hablando con amigos, llegué a la conclusión de que las sexoservidoras son quienes mejor podían hablar de las demandas sexuales de la masculinidad, porque se pasan el día rodeadas de hombres.”

Entonces, las contactó a través de una página de prostitución y concertó entrevistas con las seis que laboran en su departamento. Algunas de ellas han estado con casi nueve mil varones (alguna vez anduve un tiempo con “Mayra”, sexoservidora que había “atendido”, sacando números semanales y multiplicados por la cantidad de años, a casi 15,000 hijos de Adán), y cuentan con una muestra estadística mucho mayor de la que Núria hubiese obtenido jamás.

“Con los pelos de la burra en la mano”, subraya Güell, “sus testimonios ponen en crisis la idea de una masculinidad dominante, y eso no interesa ni a la Iglesia ni a los Poderes Políticos,” asegura tajante, pues detrás de la puerta del cuarto de esas mujeres los roles se subvierten y la cama se convierte en el “diván de una consulta”, y la prostituta en “sicóloga”.

“Ellas me decían que, cuanto más poder tiene el hombre (económico y social), más busca que la prostituta lo humille, y más vulnerable se muestra en la intimidad. En cambio, un trabajador explotado quiere dominar en el espacio sexual y ejercer sobre ellas el poder que no tiene en el entorno público,” explica Núria.

Los primeros nombrados son directivos de bancos, deportistas e incluso políticos que les piden, en vez de mayor erotismo, “ser sodomizados con paraguas, pepinos, berenjenas, o que les vistan con tacones y ropa sexi de mujer”; el rol sexual se invierte y se metamorfosean en “unas verdaderas hembras”. Los segundos, los de Abajo, en cambio, “suelen ser más violentos”.

Las sexoservidoras, por su parte, que nunca muestran la cara ni dan su nombre, se muestran, al contrario de su realidad social, poderosas y conocedoras de un secreto inimaginable para la mayoría de la sociedad: “Algunos duran 10 minutos hasta el orgasmo y el resto del tiempo quieren les escuches, digas palabras bonitas, y les beses con ternura,” suelta una de ellas; por su parte, los otros “buscan un reconocimiento en el acto sexual, sentirse como actores porno y les digas que nunca te lo han hecho tan rico como ellos”.

Los primeros están tranquilos, porque saben que una puta no es como una amante peligrosa y que nunca vas a ir a una televisora a contar tus chismes”, sostiene una. “Se desinhiben y sacan una parte prohibida que solamente conocen ellos”; cuenta otra las muchas peticiones de sadomasoquismo que recibe de sus clientes varones, mayormente casados, “por eso van a un departamento y no a un burdel, donde corren el riesgo de ser descubiertos.”

De cualquier forma, las agresiones sexuales están presentes, como explica la más elocuente: “el trasfondo del hombre que viene y te trata bien, te paga y parece que te respeta, nunca es bueno. Porque socialmente, en su interior, él piensa que eres una puta, que no vales nada. La sensación más humillante para una mujer es dedicarse a la prostitución y ver que los demás la juzgan. Hasta el hombre más amable te va a mirar por encima del hombro.”

edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx

colectivo cultural “Felipa Poot Tzuc”

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